Aun hoy, a varios años de terminada la Guerra Fría, no es aventurado presumir que si un Presidente de Estados Unidos visitara un país de las Américas, acompañado de una flota y se organizaran maniobras conjuntas en aguas jurisdiccionales, casi todos los sectores de la izquierda tradicional levantarían su voz de protesta y organizarían más de una manifestación por 18 de Julio alegando que se violaba el principio de la no intervención.
Hoy, un Presidente ruso visita Venezuela con el mismo séquito, lleva a cabo maniobras militares conjuntas en el Caribe y ningún vocero de esa izquierda solidaria reclama por el hecho, emitiendo por lo menos una modesta declaración, haciéndose los desentendidos.
Cuando les conviene, juegan por una no intervención al revés.