Hebert Gatto
Es común escuchar que en las elecciones internas interesa mucho más el perfil de los candidatos, sus características como individuos, que las ideas políticas que defienden. Y ello porque no se trata de escoger entre programas o divisas, sino entre hombres que las ejecuten.
Las anteriores consideraciones son menos concluyentes cuando refieren a coaliciones. Valga como ejemplo local el Encuentro Progresista, un caso típico de coalición permanente con partidos autoproclamados de izquierda pero aun así, con claras diferencias ideológicas entre sus integrantes. Es en este marco, donde las ideologías no deben desestimarse, en el que cabe situar a Mujica, una figura que de acuerdo a las últimas mediciones asoma como la triunfadora dentro de su coalición. Ello no evita que se argumente que son sus especiales características como figura política las que explicarían su éxito electoral. Un fenómeno que con otro encuadre ideológico solía invocarse en su tiempo para justificar la empatía con Benito Nardone, un político igualmente atípico con muchos puntos de contacto con Mujica.
La presunción resulta, no obstante, discutible. Nadie du-da de las particularidades de este hombre ni de su extraño carisma. El punto, sin embargo, es que su pensamiento y el de su grupo, es muy concreto y está precisamente formulado: así resulta del documento del 19-2-2006 del que Mujica es coautor, adoptado como guía estratégica por el MPP en su Congreso del mismo año. Salvo que se piense que las resoluciones de dicho Congre- so son pura ficción, es a su orientación, coordinada con el Programa del Encuentro, al que este grupo y su principal conductor, deberán ajustar sus actos.
El actual MPP, sostiene su Congreso, es heredero del momento augural en que figuras como Vivián Trías, Rodney Arismendi, Gerardo Gatti y Héctor Rodríguez, teniendo como meta la socialización de los medios de producción, fundaron los Frentes de Liberación. Estos son el instrumento para "tomar en sus manos no sólo los resortes del Gobierno sino los del Poder" sin el cual ningún cambio es definitivo. Una nueva sociedad advendrá como consecuencia de la revolución socialista en el mundo desarrollado. En el ínterin el Frente deberá desarrollar una política antioligárquica y antiimperialista. Profundizarla, será tarea de una gran Asamblea Nacional.
Lo electoral es importante, sigue diciendo el MPP, pero episódico, sólo un paso "en la larga marcha hacia objetivos superiores". Nada debe impedir que se resuelva "la contradicción fundamental de nuestro tiempo", la que opone el socialismo al capitalismo. De aquí, la ya propuesta estatización de la banca, la eliminación de las Afaps, o la anunciada Asamblea para reformar la Constitución.
Éste, aunque no se lo recuerde, es el pensamiento de Mujica y su partido: una apelación a la ideología tradicional de la izquierda sesentista, difiriendo la eclosión revolucionaria. A ella, incluyendo la reivindicación del pasado guerrillero, es a la que grandes sectores de frentistas adhieren, de allí que si no fuera Mujica, algún otro la expresaría. Ignoro si en lo estrictamente electoral su figura, suma o resta. Ambas tesis son defendibles. Sí sé que quienes adhieren a su candidatura, aplaudan o no sus farfullos, encuentran en él lo que buscan.