Luego de interminables discusiones y líneas escritas sobre la autodeterminación de los pueblos, la soberanía de Venezuela, la intervención de Estados Unidos por el petróleo, el terrorismo de Hamás, el accionar bélico de Israel, la calificación de genocidio y las apariciones de nuevos expertos en Derecho internacional; el apremio por pronunciarse, denunciar y exigir que tomen posturas aquellos “tibios” que quedaron en el medio de los diferentes “bandos”, parece haber bajado por no encontrar más rédito que obtener de ellos. A semanas de que se llevaran a Nicolás Maduro, ya con años de la guerra en Gaza, yo me acuerdo de Hitler.
El líder nazi, antes de invadir Polonia, justificando las ejecuciones masivas que había encomendado, preguntó: “¿Quién se acuerda de la masacre (genocidio) de los armenios?”. Bueno, todas estas cosas que se señalan para demostrar sensibilidad y preocupación por la soberanía venezolana o la guerra en Gaza, sucedieron en un mismo lugar y poco fervor levantó. ¿Será que no es tan “pura” la sensibilidad por las personas que padecen estos sucesos?
En 2020 Azerbaiyán inició la guerra de los 44 días contra la República de Artsaj, de población de identidad armenia, la cual provocó su disolución en 2024 al quedar bajo control azerí. Durante esos años hubo ataques a hospitales, iglesias y escuelas, se denunciaron el uso de bombas de racimo y fósforo blanco contra población civil, torturas y otros crímenes de guerra.
La intención de ser una república independiente no causó tanto fervor en aquellos defensores de la autodeterminación de los pueblos. Tal vez esto solo importa cuando el Estado a fundarse tiene un potencial económico, una cercanía política o un enemigo en común. Tal vez Artsaj pecó en no tener un potencial económico a nivel global o no dar rédito político ante un posible pronunciamiento a favor de su independencia.
Para la exigencia de calificar como genocidio la guerra en Gaza se apuntó a la cantidad de muertes, la falta de comida, medicamentos, electricidad, entre otros. En 2022, Azerbaiyán bloqueó el corredor de Lachin, que unía a Artsaj con Armenia, ocasionando una crisis humanitaria por casi 10 meses, con los mismos faltantes, y no recuerdo embarcaciones con influencers mandando ayuda o posteos en redes denunciándola.
En cambio, sí recuerdo cómo, en 2020, armenios en Francia fueron heridos por turcos relacionados con los Lobos Grises (organización extremista turca). También me acuerdo que, en 2022, el entonces canciller turco, Mevlüt Çavuşoğlu, le hizo el símbolo de esta organización prohibida en diferentes países a los armenios que estaban frente a la Embajada de Turquía en Uruguay. Y recuerdo que en la Eurocopa 2024, el jugador Merih Demiral celebró un gol haciendo este símbolo, por lo que fue sancionado por dos partidos. Tal vez los más de 120.000 habitantes armenios que huyeron en masa o la infraestructura de identidad patrimonial armenia destruida en Artsaj (Nagorno Karabaj), no se vincula a una continuidad de limpieza étnica denunciable con tanto fervor.
Es interesante de ver que algunos de los que exigían en redes una postura a favor o en contra del reconocimiento de Palestina como Estado, de pronunciarse para calificar como genocidio lo que allí sucede, sin “tibiezas”, también valoran que se puede estar en contra de Maduro y de Trump al mismo tiempo, pero con un silencio estremecedor de varios años ante el accionar de la dictadura en Venezuela. Tal vez, el pronunciamiento más memorable fue el “cuasi consejo” de no pararse delante de las tanquetas.
La espuma politiquera baja fácil cuando ya se le sacó el rédito deseado y luego deja de importar realmente lo que sucedió o lo que sigue sucediendo, si es que alguna vez importó. Seguro que no estoy descubriendo la pólvora, pero demuestra cierta memoria o sensibilidad selectiva según la conveniencia ideológica propia…o de otros.
Parece que poco importa la felicidad y el renuevo de esperanza de la diáspora venezolana luego de que se llevaran a Maduro. Tampoco importa que en Venezuela no se pueda pronunciar a favor de la retención del dictador. Lo importante es que Estados Unidos no se lleve el petróleo, ese que claramente se estaba guardando para el bienestar de los ciudadanos locales y no se les entregaba a Rusia, China y Cuba.
Ciertos pronunciamientos se parecen a aquellos que señalan a otros por no dar el asiento en un ómnibus o exigen que haya algunos específicos para determinadas personas, pero que luego se hacen los dormidos si les tocara a ellos dejárselo. ¿Quién se acuerda de los armenios? Ya nadie se acuerda de Artsaj (desaparecida), nadie se acuerda del que no colabora con el avance de un discurso ideológico, pero sí se exige tomar partido por un bando (del que les conviene). Tanta sensibilidad y tanto fervor pareciera buscar un fruto electoral, por lo que deberíamos preguntarnos: ¿hasta cuándo sigue la campaña?