Los riesgos del "casamiento"

Lacalle se niega y Sanguinetti posterga. Sólo Vázquez quiere casarse con Lula.

La política exterior del Uruguay puede apuntar a la independencia chilena o puede aspirar a tener un diputado en cien, perdido en el Parlamento del Mercosur. Reaparece con otro traje, el viejo adagio: "Si el patrimonio es un conjunto de bienes, el matrimonio es un conjunto de males".

Sobre el peligro conyugal escribe Mariano Grondona con gracia y aciertos:

—"Las «relaciones carnales» que Menem pretendió establecer con los Estados Unidos no fueron incorrectas sólo porque su «cónyuge» fuera EEUU, sino porque, dado que las naciones no se guían por amores y odios sino por intereses, toda relación carnal, así sea con los EEUU o con cualquier otro país, es excesiva.

Menem supuso que el «amor» con los EEUU nos traería abundantes beneficios. ¿Cuáles fueron? Cuando necesitamos el apoyo de nuestro supuesto «enamorado» en 2002, en medio de nuestra más honda crisis, los Estados Unidos de Bush y O’Neill nos dieron la espalda. EEUU tiene, al igual que Brasil, una política exterior de Estado cuyo interés central es controlar el mundo. Cuando la Argentina de las naves en el Golfo coincidía con esa ambición, fue aliada. Cuando Argentina se convirtió en una molestia, en un «mal ejemplo» por el incumplimiento de sus obligaciones financieras, se la castigó para que tronara el escarmiento. Los pueblos tienen sentimientos de amor o de odio. Los países sólo tienen razones de Estado.

Aquí irrumpe el ejemplo de una nación que, pese a ser pequeña, tiene una política exterior de Estado. Chile no sigue la política exterior «de Lagos», sino una línea planteada y continuada por varios presidentes anteriores a él. ¿Cómo definirla? Chile no se casa con nadie. Carece de «relaciones carnales». Convertida en una nación que exporta casi el treinta por ciento de lo que produce, su estrategia permanente es vender donde pueda. Está cerca del Mercosur, pero no se ha casado con él. Tiene decenas de tratados comerciales preferenciales en todas las direcciones. El último acaba de firmarlo con los Estados Unidos.

Esto no significa que haya celebrado matrimonio con el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que impulsan los Estados Unidos. Para demostrar que es una nación independiente, no acompañó a los Estados Unidos en la guerra contra Irak. Para mostrar que es una nación pragmática, ha celebrado con ellos un tratado de libre comercio que le permitirá colocar el 83 por ciento de sus productos sin barreras aduaneras en el inmenso mercado norteamericano. Seguirá comerciando intensamente, mientras tanto, con América Latina, Asia y Europa. Los fuertes pueden formar bloques porque los controlan. Los débiles, si forman bloques, deben cuidarse de no quedar atrapados.

Si la Argentina de Kirchner sigue ahora una estrategia de «relaciones carnales» con Brasil, algún día también nos desilusionaremos, cuando nuestros intereses choquen, como ocurrió con la devastadora devaluación brasileña de 1999; y surgirá un nuevo encono, esta vez contra un Brasil infiel. Pero Brasil no será infiel, porque nunca nos prometió fidelidad eterna; sólo sigue la estrategia enteramente racional de un país que es nuestro aliado pero no nuestro amante.

Si Kirchner, zigzagueando como le corresponde a los países medianos, encuentra la manera de estar simultáneamente en el ALCA, en el Mercosur y en decenas de otras direcciones, «a la chilena», fundará lo que todavía no tenemos: una política exterior de Estado. No seremos un país casado sino un país soltero. Eso sí: con una novia en cada puerto".

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