Las cuatro vidas del doctor Dabic

Luciano Alvarez

Salvo en su apariencia, su tercera vida no era, en el fondo, muy diferente, a la primera y en parte a la segunda: un charlatán que ahora usaba una larguísima barba blanca, el pelo recogido en la nuca y gruesos lentes; los niños del barrio le llamaban Papá Noel.

Dragan Dabic vivía en un pequeño apartamento de Nuevo Belgrado, un barrio de clase media de la capital Serbia. Era tranquilo, solitario y amable; de camino al almacén jugueteaba con los niños, saludaba educadamente y no desdeñaba conversar con los vecinos. «Hablábamos de filosofía. Una vez incluso me regaló un libro, pero casi nunca me miraba a los ojos», recordaría Milan Tomic, un profesor de física.

En las nochecitas se largaba hasta el bar Luda kuca (Casa de locos). Tomaba café, vino o aguardiente de ciruela (sljivovica) y escuchaba con gusto la poesía que se cantaba acompañada con la guzla, un instrumento musical de una sola cuerda frotada con arco. Incluso más de una vez pidió la guzla y se puso a cantar.

Dabic tenía su propia web donde se presentaba como un médico siquiatra, especializado en medicinas alternativas en India, Japón y China. Ofrecía terapias para la depresión, epilepsia, esclerosis múltiple, alcoholismo, narcomanía y problemas sexuales, entre otros. «Para todo hay solución», era su eslogan. También vendía talismanes concentradores de la «energía quántica humana».

Publicaba regularmente en la revista Vida Sana y recorría el país dando conferencias. «Somos seres energéticos. Los numerosos procesos que actúan en nuestro interior, y de los cuales dependen todas nuestras funciones vitales, se efectúan bajo la influencia de las energías de un origen superior». Con este discurso New Age seducía a sus audiencias, reconoció Goran Kojic, editor de Vida Sana y organizador de los eventos.

Sorprende que a nadie le sonara conocida esa voz. Es un misterio. También sorprende que hubiese publicado cuatro libros con su verdadera identidad. El último, una recopilación de poemas, que salió a la venta en 2005.

A comienzos del verano boreal del 2008, se disponía a pasar sus vacaciones de verano en la isla croata de Ciovo. El 21 de julio, viajaba en un ómnibus llevando consigo una laptop, al- go de ropa, dos celulares y 600 euros; leía tranquilamente una revista cuando subieron tres miembros del servicio secreto serbio y lo arrestaron. Habían pasado trece años desde que Radovan Karadžic (a) Dragan Dabic, líder serbio durante la guerra de Bosnia (1992-1995) había escapado al grito de "No me agarrarán vivo". Era el principal responsable de la matanza de Srebrenica -ocho mil varones musulmanes asesinados- y del sitio a Sarajevo que duró 43 meses, mató 12.000 personas y 50.000 fueron heridas; el 85% de las bajas fueron civiles.

El periodista Zlatko Dizdarevic recibió la noticia en un hotel de Jordania. Sonó el celular y medio dormido logró leer un mensaje de texto que decía "¡CNN ha confirmado la noticia!" Giró en la cama, quiso volver a dormir, pero ya no pudo.

Recordó cuando Karadžic llegó hasta la redacción del semanario Nedelja. Tenía pinta de punguista y no le gustó el tono de humildad y adulación que usó. Estaba creando el Partido Democrático Serbio para las primeras elecciones poscomunistas en Bosnia y quería una entrevista. Dizdarevic leyó la plataforma. "Su idea era típicamente nacionalista, pero inteligente y muy bien escrita", tuvo que reconocer. Para ilustrar la nota Karadžic le dio una foto vieja, de la época del servicio militar. "Parece un payaso arrogante", pensó.

El primer Karadžic había sido médico y poeta. A los 23 años había publicado "La lanza loca", seguida por otros poemarios, ensayos, libritos infantiles y piezas teatrales. Uno de sus poemas se titulaba "Bajemos a la ciudad, matemos a algún inútil". En 1971 se recibió en la Universidad de Sarajevo y se especializó en siquiatría, en los Estados Unidos, en Columbia (1974-1975).

Fanático del fútbol, trabajó como sicólogo en el Estrella Roja de Belgrado, hasta que en 1985 pasó once meses en la cárcel por fraude.

Con la implosión de Yugoslavia, nació el segundo Radovan Karadžic y perpetró su destino de jefe tribal, constructor de la Gran Serbia bajo el eslogan "Es Serbia allí donde hay serbios". Mezclando sicoanálisis con nacionalismo afirmó: "Los serbios son una raza de guerreros, un pueblo edípico, dispuesto al sacrificio". La "limpieza étnica" sería una mera consecuencia.

El 30 de julio de 2008, Radovan Karadžic fue trasladado hasta el aeropuerto de Rotterdam y después, en helicóptero, hasta la prisión de Scheveningen. El juicio comenzó el 26 de octubre de 2009, pero hubo de suspenderse por un boicot del acusado que alegaba necesitar más tiempo para preparar su defensa. El 1º de abril de 2010 se reanudó. Sus disertaciones, sus quejas, bien podrían haber sido plagiadas de los alegatos nazis del juicio de Nuremberg.

El cuarto Radovan Karadžic "con seguridad pasará el resto de su vida en una de las prisiones europeas […]. En realidad, una especie de castillo privado, con largos paseos por los jardines de flores" y escribiendo poemas, piensa Zlatko Dizdarevic y agrega: "La pasada guerra en Bosnia- Herzegovina era una guerra de diferentes tipos de criminales contra personas normales de diferentes nombres y apellidos. Era una guerra que no nació como resultado de una necesidad histórica, sino por malicia e insaciabilidad de unos, estupidez de otros e incapacidad de los terceros de reaccionar a tiempo convenientemente."

Pero el mal ya ha sido hecho y la brecha fabricada por los Karadžic no se cerrará por mucho tiempo, si es que se cierra. A principios de los 90, cuando el clima de guerra recién comenzaba a instalarse, alguien escribió un graffiti en el muro del Edificio Central del Correo de Sarajevo: "Esto es Serbia." Al día siguiente debajo de estas palabras alguien añadió: "Estúpido, esto es el Correo".

Menos de dos décadas más tarde aquel graffiti ya no es posible, ni siquiera comprensible, el profundo abismo que hoy separa dos maneras radicalmente opuestas de entender un pasado común no se ha cerrado.

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