El 31 de diciembre de 2025 se realizó una Misa abierta en Playa Verde, lo que provocó distintas, e incluso violentas, reacciones de algunas personas.
El evento, que contó con un gran número de feligreses presentes, se desarrolló, según informan asistentes, sin inconvenientes, con la tranquilidad y respeto habitual en este tipo de celebraciones.
Si la reunión hubiera sido de recientes egresados de un centro educativo o de un grupo de familias, con niños, bebes, heladeritas y sombrillas, nada hubiera llamado la atención, sin embargo algunos vecinos con una cierta carga emocional contra la Iglesia Católica alegaron que las playas no debían ser escenarios de proselitismo político o religioso.
Los argumentos del proselitismo, para oponerse a la Misa, parecían no ser suficientes, así que se agregaron otros, que a entender de algunos vecinos, eran de mayor peso, tales como que la playa es muy pequeña y que se están protegiendo los médanos y esta aglomeración podía provocar un daño ambiental.
Todo lo cual se reafirmó con la alerta de la necesidad de solicitar permiso para el evento. Desconozco si éste es uno más de esos permisos que no debieran existir.
El popurrí de argumentos, por cierto tan débiles como teñidos de falta de tolerancia y buena vecindad, muestran a las claras lo que en este país es muy habitual, confundir la laicidad con la intolerancia hacia determinadas religiones.
Cosa que es muy evidente en centros de estudios públicos, en los que sin dudarlo, se incluyen en los textos aspectos que contrarían la laicidad y la libertad de pensamiento y aprendizaje de los menores.
Es importante tener claro que la laicidad implica justamente libertad, la posibilidad de que todos y cada uno de nosotros podamos expresar nuestra fe o la ausencia de ella, sin limitaciones ni del Estado ni de nuestros conciudadanos.
Me pregunto si estos vecinos tan molestos contra la Misa Católica coadyuvan los reclamos de quienes quieren acudir a la playa el 2 de febrero de cada año o incluso el día siguiente, en que todas las ofrendas a Iemanjá quedan extendidas por toda la playa especialmente en las zonas de Buceo y Pocitos, en Montevideo.
La causa de su enojo es realmente porque durante una hora, un conjunto de personas invadieron su pequeña y por cierto pública playa, a riesgo de impedir la nueva conformación de dunas o realmente se fastidiaron al ver tan numerosa asamblea de la fe Católica en público?
La actitud claramente intolerante fue respondida por el sacerdote Juan Andrés “Gordo” Verde con altura, deseando “paz y bien” a los vecinos de Playa Verde y un buen comienzo de año para todos, expresando que lo ocurrido refleja en el fondo un severo problema de convivencia.
Y que la tolerancia no nace de pensar igual, sino de reconocer que el otro vale, incluso cuando piensa distinto a mi.
Cabe agregar que este sacerdote es fundador de la Asociación Civil Cireneos que busca brindar apoyo integral a familias que viven en situación de vulnerabilidad mediante los pilares de vivienda digna, educación y fe.
Mis respetos al “Gordo Verde” por su gran obra.