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La mujiquización de Orsi

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La campera de gamuza que durante muchos años abrigó a José Mujica, es la misma con la que el candidato emepepista a la Presidencia de la República, Yamandú Orsi, aparece en las imágenes de su muy fotografiada gira por el interior del país. Con ella se lo ve posando en el interior de un pintoresco hotel en Treinta y Tres, comiendo un guiso en un comité de la misma capital departamental y acodado sobre un mojón de la ruta 3, cercano a la ciudad de Paysandú.

Bueno, no es que sea exactamente la misma campera, porque aquella que abrigó al Pepe debe estar ya viejita y fuera de servicio. Como su dueño. La de Yamandú, en cambio, está nueva. Impecable. Sedosa la gamuza. Recién comprada. Pero no hay duda de que es el mismo modelo de campera, cuya elección marcó un nuevo avance en el proceso de mujiquización del intendente canario. Una transformación que el lector pudo acompañar a través de los medios y que puede estar determinada por la devoción que profesa Orsi por el exmandatario, o bien por directrices de la agencia de publicidad que maneja su campaña.

El primer y más llamativo paso de la metamorfosis de Orsi en Pepe fue aquella presentación en un comité de Maldonado, donde el líder canario exhibió su talento artístico realizando una imitación casi perfecta de Mujica. Durante el encendido discurso que ofreció a una reducida peña fernandina, no faltaron los “ta” ni los histriónicos gestos del popular exguerrillero, mediante los cuales el intérprete demostró el esfuerzo y las largas horas de ensayo invertidas para lograr semejante resultado. Tiempo que algún contra podría decir que mejor lo hubiera destinado a leer la LUC antes de salir a criticarla por televisión.

Pero, quién querría ponerse a estudiar un tedioso texto legal, cuando puede dedicarse a una actividad más apasionante como lo es el arte escénico. Así, con la camisa por afuera del pantalón y la convicción de que todos los allí presentes caerían rendidos ante la mística mujiquista, Orsi demostró un profundo conocimiento de su líder en cada movimiento de las manos, las cejas, la mirada. En cada frase descuartizada en sílabas. En cada “ese” omitida en el lugar preciso. En cada agachada en el momento exacto.

Frente a aquella performance, cualquiera que no comulgue con el arte del engaño debió haber experimentado una actividad poco común en las tripas. Ver a un candidato a Presidente empleando semejantes recursos en busca de unos votos, interpela con dureza el concepto que uno se ha creado sobre la dignidad. Y también sobre la hones-tidad.

Pero, ¿qué significa la acelerada mujiquización de Orsi?

A juicio de este columnista, quiere decir que el candidato por sí mismo no vale demasiado. Que si Orsi se viste de Orsi, se expresa como Orsi y actúa como Orsi, no va a llegar a nada. Entonces, entendido y aceptado el punto, se toma la decisión de disfrazarlo de otro que sí podría alcanzar el objetivo. Por eso hacen esta mosqueta.

Ahora, ¿qué va a pasar si al final del día la estrategia de mujiquización de-posita a Orsi en la Presidencia de la República? ¿Se sacará el disfraz y dirá: “Hola, soy Yamandú”. O peor aún ¿tendremos nuevamente un Mujica a cargo del país?

Afuera las caretas, muchachos. No le nieguen al ciudadano, de una manera tan burda, la posibilidad de saber a quién va a votar.

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