La encrucijada del pueblo judío

Nadie puede cuestionar el derecho del pueblo de Israel a defenderse del ataque terrorista sufrido por parte de Hamas. Es su derecho protegerse lo que necesariamente supone eliminar a los terroristas, sus infraestructuras bélicas y a los aliados militares y financistas del odio, como Irán o Hizbolá y otros tantos que no se atreven a dar la cara, pues solo así podrán vivir en paz.

El ataque a Israel, planificado de forma perfecta y premeditada, para asesinar bebés, niños y ancianos indefensos, deja en evidencia que no se trata de un problema territorial por la franja de Gaza, sino más bien, del designio criminal de exterminar definitivamente al pueblo judío, por su sola condición nacional y religiosa. Nada puedo agregar en esta columna sobre el horror del ataque terrorista, cuando ellos mismos se encargaron de filmar y difundir las imágenes del cobarde atentado. Solo el personaje psicópata de una película de terror, puede filmarse a cara descubierta asesinando bebes y niños indefensos, para que el mundo entero pueda apreciar su sadismo y brutalidad. Y es precisamente ese hecho, el que debe llevar al pueblo de Israel a pensar dos veces, a que enemigos se enfrenta hoy: ¿Es solamente Hamas o una coalición de naciones antisemitas?

La inteligencia de Israel ya fue sorprendida una vez y murieron más de 1400 personas. El enemigo al que se enfrenta tiene tal desprecio por la vida, que de forma deliberada utiliza a su propio pueblo como escudo humano. Por otra parte, Hamas viene planificando este ataque desde hace tiempo, con socios que están tan enfermos por el odio como ellos.

Entonces nos preguntamos: ¿Que pierde el pueblo de Israel si hace una pausa y apuesta unos días por una salida negociada a nivel internacional, que evite un conflicto regional a gran escala? ¿Cuál es la apuesta de futuro, el proyecto, que está detrás de la respuesta aniquiladora actual? Es entendible que la reacción natural de un país que tiene uno de los mejores ejércitos del mundo, cuya población civil fue atacada de forma brutal e injustificada, sea exterminar a todos los terroristas eliminando definitivamente la amenaza constante de Hamas y sus aliados.

¿Pero hoy, este objetivo es posible? Y si el plan de Hamas es lograr que por cada terrorista eliminado, mueran una decena de niños palestinos que serán utilizados como escudos humanos, para involucrar de esta forma a los restantes países de la región en una interminable guerra religiosa? Hay un nivel en el que parecería que todo esto que está sucediendo es música para los oidos del extremismo de Hamas; miles de familias palestinas sangrantes, enterrando niños, como germinardor del odio contra Israel, que brotará y florecerá en los miles de muertes y venganzas futuras. En el mundo de hoy, la gente se limita a mirar las imágenes de la guerra sin detenerse en analizar las causas de la misma. Uno tiende a pensar que los palestinos deberían estar furiosos con los terroristas de Hamas, que iniciaron sin consultarlos una guerra absurda, para luego ocultarse en los túneles o huir al extranjero, dejando desamparados a quienes soportarán la peor parte del conflicto.

Por esa razón y a riesgo de opinar sobre una realidad militar y geopolítica sumamente compleja, y lejana desde nuestro país, me pregunto si no habrá un espacio para que el dolor permita pensar, fría y planificadamente, en la conveniencia de apostar un par de semanas para intentar una paz negociada. Quizás ese pueda ser el camino que cueste menos vidas al pueblo de Israel y a la mayoría pacifica del pueblo Palestino, en tanto ambos son víctimas y rehenes inocentes del odio de Hamas.

Pido disculpas al pueblo israelí por opinar de una cuestión extremadamente compleja, contando tan solo con la información publicada en la prensa. Seguramente el pueblo de Israel se sienta más seguro en su tierra, luego de una acción militar ejemplarizante, pero en la reacción nace – otra vez – el riesgo de un conflicto religioso que involucre a otros países de la región. Nadie sabe cuándo y como termina una guerra y menos aún, cuando se enfrenta a fanáticos religiosos, que no respetan los derechos humanos de su propio pueblo, al punto tal que aun hoy lapidan a las mujeres que cometen adulterio y matan a las niñas y jóvenes que pretenden estudiar.

Luego de la segunda guerra mundial, el pueblo judío – tanto los que viven en Israel como en otras partes del mundo- han dado ejemplo de pacifismo, humanismo y solidaridad como ningún otro pueblo lo ha hecho. No existe otra nación, que, siendo perseguida, desterrada - dispersa por el mundo- y sometida a las más diversas calamidades, haya logrado mantenerse unida, conservando su cultura, educación y religión y al mismo tiempo, prosperando cultural y económicamente como nadie. Además, por algo, es la única nación democrática de la región. El pueblo judío ha demostrado con creces, que una nación unida puede soportar las peores adversidades y sobrevivir al más cruel de los enemigos – como fue el nazismo – con una simple receta: trabajo, cultura, estudio, tolerancia, respeto a los derechos humanos, solidaridad y fe. Estas cualidades son causa de admiración por parte de muchos y al mismo tiempo generan la envidia y resentimiento de mediocres y antisemitas. Dios quiera, que una vez más el pueblo de Israel encuentre la paz, con la misma receta que utilizó durante años.

Como Dijo Gandhi: “No hay camino hacia la paz, la paz es el camino”

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