Los resultados del censo de la población 2023 fueron poco alentadores. Los orientales estamos más envejecidos y nacen pocos. En la década del 90 ocurrían alrededor de 60.000 nacimientos por año y ahora cerca de los 32.000. La mayor caída se produjo en la última década, sin explicaciones demasiado evidentes.
No hubo grandes flujos emigratorios y la caída de la fecundidad de las adolescentes no explica la totalidad del descenso, llamado por varios académicos nacionales “la gran caída”.
La situación se puede ver como una ocasión para que el país se centre en dar más oportunidades a los más vulnerables.
Como, por ejemplo, convertir todas las escuelas públicas a horario extendido, asegurar un mayor egreso del bachillerato o fortalecer el programa de cuidados.
También se puede ver como un drama, porque, en esta sociedad envejecida, no hay gran ilusión en formar una familia y muchas veces se ve al hijo como un error, como un “intruso” que no fue buscado.
Frente al evento de una prueba de embarazo positiva, son muy escuchadas las preguntas: ¿lo vas a tener? ¿otro más? ¿cómo vas a hacer para mantenerlo? En general, centrándose en la figura de la mujer/madre gestante, como si el papá de la criatura no existiera ni tuviera que ver con este embarazo.
¿En qué quedó lo de “dar a luz” o “tener familia”? En los contextos más desfavorecidos llaman a sus hijos “la bendi” (por bendición), expresando así un sentimiento de agradecimiento por el bien recibido o por emplear un simple término de moda. En ambos casos el mensaje es alentador.
Un apreciable sector de la sociedad considera que estos niños no deberían nacer en situaciones tan vulnerables. Con una lectura rápida también diríamos que no.
Que no deseamos niños que padezcan privaciones materiales ni afectivas. Pero, a su vez, si como sociedad no podemos asegurar la vida y el desarrollo de unos miles de niños, en realidad, somos un fracaso.
Vale la pena reafirmar: el niño nunca debe ser un medio para satisfacer deseos ni de los padres ni del Estado, que quiere mantener los trabajadores aportantes para que financien la Seguridad Social y no quiere destinar más recursos a la infancia.
Parece obvio que un ser humano siempre debe ser un fin en sí mismo.
La mujer tampoco puede ser instrumentalizada en que debe tener o no hijos o más hijos.
No es una incubadora con patas. Cada persona sabrá, según sus condiciones de vida, sus aspiraciones y su historia, qué decisión tomar.
Cabe destacar, los embarazos se pueden evitar, vivimos en el Uruguay del siglo XXI, con una cobertura de salud del 100% de la población. Ninguna mujer ni ningún hombre debería decir que no accedió a métodos anticonceptivos.
Lo que es claro es que, si el asunto de tener una familia o una más numerosa fuera un tema de dinero, ¿cómo se explica que parejas con buena y muy buena situación socioeconómica deciden no tener hijos?
¿A qué se debe el fenómeno contemporáneo de NoMo (No Mother) o Children Free (sin hijos)?
¿En qué momento se cambiaron los niños por perros o gatos?