Isla virtual

No es demasiado exagerado sostener que nuestro país es una isla. Quizás podríamos considerarlo como una verdadera "isla virtual". Su territorio está delimitado en su mayoría por cursos de agua fluviales (incluyendo los ríos Cuareim, Uruguay y de la Plata), lacustres (Laguna Merín), y por espacios marítimos (el océano Atlántico). La mayor parte de su población reside en la franja costera. Las tres cuartas partes de su comercio exterior se realiza por vía marítima. Varias de sus principales industrias están asociadas al río o el mar (incluyendo a los servicios portuarios, el turismo y la pesca). Una proporción sustancial de los espacios sujetos a la soberanía, derechos de soberanía o jurisdicción de nuestro país son acuáticos. El peso relativo de estos espacios aumentará luego que el Uruguay extienda el límite exterior de su plataforma continental de acuerdo a lo estipulado en el artículo 76 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (lo que agrega un argumento más al razonamiento: la única frontera donde podemos ganar territorio se encuentra en el mar, un cambio interesante para un país que, durante siglos, ha perdido territorio).

La historia respalda esa vocación marítima y fluvial. El sistema fluvial vertebrado por los ríos Paraná y Uruguay fue durante siglos la vía natural de comunicación del vasto hinterland de la Cuenca del Plata con el océano Atlántico y, a través de este con los mercados mundiales. La realidad de la geografía le dio a Montevideo, por lo menos desde las grandes reformas económicas del Rey Carlos III, a fines del siglo XVIII, una posición estratégica en el umbral de aquel sistema. El río también fue el punto de entrada de miles de inmigrantes que se establecieron en estas tierras, la civilizaron y la integraron al sistema económico global.

Suele decirse que el Uruguay vive de espaldas al mar (y al río, agregaríamos). Pero ¿es esto tan así? En el pasado cercano podemos encontrar momentos (y personas) en que se dedicaron grandes esfuerzos a los temas vinculados a aquellos espacios. Un ejemplo, es el período entre 1960 y 1982. En el curso de esas dos décadas se suscribieron con la República Argentina la Declaración sobre el Límite Exterior del Río de la Plata (1961), el Tratado de Límites en el Río Uruguay (1965), el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo (1973), y el Estatuto del Río Uruguay (1975). Además, nuestro país tuvo una distinguida actuación en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (1973-1982) y aprobó la Ley de Pesca (1969) que sirvió de base para el desarrollo del sector pesquero.

Más recientemente, tenemos la Ley de Puertos (1992), que comienza estableciendo que la "prestación de servicios portuarios eficientes y competitivos constituye un objetivo prioritario para el desarrollo del país" y el dragado del sistema de canales de Martín García (inaugurado en 1996). Otro desarrollo importante, aunque no ha producido el impacto esperado, fue el Acuerdo de Transporte Fluvial por la Hidrovía Paraná - Paraguay (Puerto Cáceres - Nueva Palmira). La inclusión del puerto uruguayo en el proyecto regional apunta, nuevamente, a la ubicación geográfica de nuestro país como uno de los dos pilares que sostienen el umbral de la Cuenca del Plata. El notable desarrollo del movimiento de los puertos uruguayos y la instalación de puertos privados reafirman la vocación marítima y fluvial.

Otro factor importante es la investigación científica sobre los espacios acuáticos, incluyendo la realizada por el SOHMA, perteneciente a la Armada Nacional, sobre canales de navegación segura y para respaldar la propuesta de extensión del límite exterior de la Plataforma Continental.

En determinados temas y momentos, hemos sido capaces de comprender, valorar y aprovechar, con una visión de largo plazo, las oportunidades que nos brinda nuestra posición de "isla virtual". Sin embargo, en este panorama existen áreas donde todavía queda mucho por hacer.

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