Revisando nuestros archivos, nos encontramos con un famoso folleto distribuido por la Presidencia de Italia en el año 1951. Ese cargo, lo ocupaba el famoso Profesor de Economía Luigi Einaudi, en un período difícil de posguerra. En el año 1956, en el mes de marzo, es decir, hace exactamente 50 años, nos encontramos en Roma con el viejo Profesor, con quien teníamos relaciones epistolares desde tiempo atrás en nuestra cátedra de la Facultad, y tuvo la gentileza, entonces, de obsequiarnos con ese folleto, que guardamos celosamente, firmado y dedicado.
En su época, causó sensación por sus afinados conceptos sobre los impuestos, al ser distribuido en forma profusa en su país y lograr resultados importantes en la recaudación de los mismos. Pocas veces, en sólo 15 páginas, se ha resumido en forma sencilla, comprensible y atrapante, una exhortación a los contribuyentes a pagar los impuestos que correspondían. El mismo explica por qué deben pagarse los impuestos. Con extrema claridad y sencillez de redacción, se planteaba lo que el Estado devolvía por medio de servicios públicos, y daba ejemplos de los mismos: justicia, seguridad, obras públicas, iluminación, saneamiento, higiene, instalaciones, enseñanza, tránsito, comunicaciones, paseos, artes y oficios, recreaciones, jardines, museos, espectáculos, prevención y atención en materia de higiene y salud, y muchos otros.
Por esas razones, era necesario el cobro de impuestos; exhortaba a la población de su país a no defraudar y cumplir con su deber de contribuyente, pero, al mismo tiempo, daba la tranquilidad que la difusión fuera amplia, los formularios sencillos, y las inspecciones reservadas y respetuosas. El folleto nos hizo recordar el estilo administrativo del presidente don Manuel Oribe, habiendo recibido un país con una tremenda deuda, los bienes públicos malbaratados, las rentas afectadas y comprometidas y un manejo discrecional de las finanzas públicas. Eliminó impuestos incómodos e improductivos y se preocupó por una administración firme, pero respetuosa, dando instrucciones a los recaudadores de impuestos para que cumplieran su labor "sin agredir". Inspirado en esas instrucciones, el titular de la Cartera de Hacienda en el año 1960, envió una Circular a las oficinas recaudadoras, en la cual señalaba, entre otras normas, las siguientes:
"El inspector de impuestos, debe asegurar que la obligación natural del contribuyente sea cumplida en tiempo y forma. A esos fines deberá encuadrarse dentro de las disposiciones legales que buscan primordialmente el cumplimiento por parte del contribuyente y no su persecución. En ese sentido el inspector deberá tener siempre presente: a) Que su misión no consiste sólo en la búsqueda de un infractor, sino, principalmente, en facilitar el pago correcto de la obligación tributaria. b) Los obligados al pago de la misma son los contribuyentes, quienes deben merecer la mayor consideración por constituir elemento básico en el engranaje económico nacional. c) Que la misión del inspector, en consecuencia, deber ser, fundamentalmente, de ayuda y no de mera oposición o sospecha".
Agregaba la Circular: "Con aquellos que eludan el pago por medios ilícitos, y en consecuencia, lesionen al resto de la sociedad, que ellos mismos integran, el inspector, actuando dentro de la ley, será riguroso e inflexible". Y finalizaba: "Lo expuesto anteriormente, alcanza también a todos los funcionarios que, dentro de sus competencias, intervengan en el proceso de información, fiscalización o registración de impuestos".
Y volvemos a aquellos conceptos tan precisos del Profesor Einaudi: "hacer cumplir sin agredir". Que siempre deben tener vigencia.