Desde el momento en que asumió la presidencia de los Estados Unidos. Donald Trump parece haberse deleitado en hacer declaraciones y tomar medidas de política exterior con un deliberado estilo agresivo y, diríamos, prepotente. En política exterior, su máxima prioridad es la competencia estratégica con China. Un buen ejemplo son sus declaraciones sobre el Canal de Panamá. Ahora vemos que esa preocupación se extiende al resto de la región.
La semana pasada sesionó en el Congreso el Subcomité sobre Transporte y Seguridad Marítima para examinar las inversiones estratégicas de China en el Hemisferio Occidental y sus implicaciones para la seguridad de ese país.
El presidente del subcomité describió “la creciente presencia de la República Popular China (RPC) en el Hemisferio Occidental” como una de las más apremiantes amenazas a la seguridad enfrentando a ese país.
En los años recientes, afirmó, aquella potencia había aumentado su presencia en la infraestructura marítima clave en toda América Latina y el Caribe, ganando influencia sobre las rutas marítimas y extendiendo su influencia económica, política y militar en nuestra región.
En su opinión, China, actuando a través de diferentes compañías especializadas en el suministro de servicios portuarios y de transporte marítimo, ha conseguido acceso a los puertos estratégicos más significantes en la región. Aunque, señaló uno de los informes presentados en la sesión, la presencia china es aún mayor en otras regiones. Por ejemplo, firmas chinas operan terminales en cinco puertos de los Estados Unidos (Los Ángeles, Long Beach, Seattle, Houston y Miami).
Uno de los informes presentados en la sesión explicó que desde hace mucho tiempo los puertos han sido la llave que controla los sistemas acuáticos mundial, y que el control de las rutas marítimas siempre ha sido una clave del poder global. China, entonces, estaría siguiendo un camino bien trillado, el ascenso del Reino Unido como la principal potencia global coincidió con el auge de su poder naval y marítimo y, agregó, “aun más prominentemente, lo hizo los Estados Unidos”. La red marítima que está construyendo China, concluye el estudio, sería un elemento crucial de su “estrategia de proyección como poder global”.
Los informes presentados en la reunión mencionaron puertos en siete países latinoamericanos con una fuerte influencia china, incluyendo Manzanillo y Lázaro Cárdenas en Méjico (estos puertos especializados en el manejo de contenedores ocupan el tercer y el octavo en el ranking de movimiento de contenedores en la región), los puertos de Balboa (sobre el océano Pacífico) y Cristóbal (sobre el Caribe) adyacentes al Canal de Panamá, y el nuevo puerto peruano de aguas profundas de Chancay inaugurado con la presencia del presidente chino en noviembre del año pasado, y Paranaguá. A lo que sumarían nuevos proyectos próximos a la estratégica ruta del Cabo de Hornos.
Los hechos son los hechos. Aunque, en política, lo más importante es la percepción que tiene cada potencia de esa realidad material.
La agresión rusa en Ucrania ha demostrado, una vez más, que es ingenuo pretender separar las relaciones comerciales de la esfera de la política. Ambas son caras de la misma moneda: la de la política del poder.