¡Gracias, José!

La semana pasada falleció, a los 93 años, el doctor José Grünberg, un médico de una larga y destacadísima carrera. Hijo de inmigrantes judíos ucranianos, había nacido en Tacuarembó y obtuvo su título de médico a los 22 años. Poco tiempo después se especializó en pediatría. Simultáneamente comenzó una carrera docente en medicina infantil.

En 1963 fue becado por el gobierno de Francia, para especializarse en Nefrología infantil en el Hôpital des Enfants Malades de Paris Sus posteriores investigaciones en esta especialidad lo llevaron a obtener el Gran Premio Nacional de Medicina (1979) y a reconocimientos a nivel continental.

Más allá de sus enormes méritos profesionales, para mí el doctor Grunberg era José. Un hombre de una enorme simpatía y un gran sentido del humor del que hacía gala permanentemente. Siempre me preguntaba por mis hijos cuando eran niños y me daba consejos muy sabios para su crianza.

José, se casó con la belga Charlotte Strawczynski que, décadas más tarde, pasaría a ser reconocida por su desempeño como Directora-fundadora de la ORT Uruguay, y famosa por ser la protagonista del libro La niña que veía los trenes partir. Su autor, Ruperto Long, narra allí la historia de vida de Charlotte y su familia sobreviviendo al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

José y Charlotte, se conocieron en 1951 en un baile en el Parque Hotel, él tenía 21 años y ella 18. Charlotte había llegado por primera vez a Montevideo a visitar a unos familiares.

Años atrás, en una entrevista en el Semanario Hebreo, José recordó el episodio: (…) ” Una noche, cuando me estaba ya yendo de un baile, alguien me dijo que no me fuera, que atrás de la biblioteca había una muchacha hermosísima. Fui a la biblioteca y casi me desmayé. Me encontré con una muchacha con minifalda, con un pitillo, con vestido sin breteles de chiffon verde. Salimos a bailar y le dije “¡Qué lindo que bailás vos” y ella me contestó “Je ne parle pas l´espagnol”. Era la segunda noche que estaba en Uruguay. Y desde ahí quedamos juntos.(…) Dio trabajo amoldar Tacuarembó con Lieja, con Bélgica.”. Esto no fue obstáculo para que naciera una historia de amor que los mantuvo unidos durante setenta y tres años.

José, fue pionero en especializarse como nefrólogo infantil. En alguna oportunidad me comentó que él y su equipo tenían que hacerse muy fuertes al ver a niños graves y sus familias que no podían acceder a los tratamientos por vivir en medio del campo y morían.

Fue así que contribuyó a crear una técnica que posibilita la diálisis peritoneal en pacientes que viven lejos de centros urbanos. Sus investigaciones contribuyeron también a descubrir una enfermedad que se registra en Río Grande del Sur, el litoral argentino y Uruguay y que vincula los problemas renales con la sordera.

La última vez que estuve con José fue el año pasado. Lo visité en su apartamento de la Rambla de Punta Carretas. Charlotte hacía unos meses que había partido. Su ausencia se sentía. Se mantenía informado de todo lo que acontecía en el país. De tanto en tanto su mirada se perdía en el mar de Punta Carretas. Seguramente era consciente de que pronto soltaría amarras y partiría a encontrarse con Charlotte. Así sucedió el pasado viernes 12 de junio.

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