El valor de la atención

No sé ustedes, pero desde hace bastante tiempo tengo la sensación de que mi capacidad de prestar atención se va desmoronando. Fue así que di con el último trabajo de Johann Hari, un joven periodista inglés que en su reciente libro “El valor de la atención” recopila experiencias personales y una infinidad de entrevistas a científicos que se han dedicado a estudiar este fenómeno.

A grandes rasgos, lo que plantea es que se están sumando factores de toda clase que reducen la capacidad de atención de las personas y esto tiene graves consecuencias.

El problema es que si uno está concentrado en algo y lo interrumpen, de media tardará 23 minutos en volver al mismo estado de concentración que tenía. Como resultado, la mayoría de los oficinistas en EEUU en un día normal no consigue contar con una hora entera de trabajo ininterrumpido.

Pero no es solo un tema de productividad. En 2013 un tema se mantenía entre los 50 más comentados en twitter durante 17,5 horas. En 2016 ya había bajado a 11,9 horas. Y así podríamos seguir con la tasa de renovación de los temas que se buscan en Google, cuánto tiempo sigue yendo al cine la gente a ver una película después de que se convierte en un éxito… todos los datos apuntan a lo mismo. Nos concentramos cada vez menos en cualquier tema concreto. Es más rápido alcanzar un pico de popularidad, pero después se da una caída rápida.

El gran problema es que si queremos hacer algo importante en cualquier ámbito, debemos ser capaces de prestar atención. Cuando la atención se destruye, perdemos la capacidad de resolver problemas y cuanta más información incorporamos, menos tiempo tenemos para concentrarnos. En 1986 si sumabas toda la información que se lanzaba sobre un ser humano medio (televisión, radio, lectura) equivalía a 40 periódicos de información al día. En 2007 equivalía a 174, y no quiero ni imaginar al día de hoy. Esto nos da la falsa sensación de creer que estamos conectados con el mundo, pero la realidad es que lo que sacrificamos es profundidad. La profundidad requiere tiempo, reflexión, energía, atención. Y estamos yendo cada vez más a la superficie, lo que lleva a un agotamiento cada vez más rápido de la atención.

La gente que no es capaz de concentrarse es más proclive a sentirse atraída por soluciones simplistas y es menos probable que se percate de que no funcionan. En este contexto, no es raro que haya una crisis de la democracia. Si haces leer rápido a la gente, es mucho menos probable que asimilen cuestiones complejas o difíciles y empiezan a preferir afirmaciones más simplistas.

Se requiere espacio mental y energía para convertir las experiencias en recuerdos y si dedicamos nuestra energía a alternar muy rápido entre una tarea y otra, recordamos y aprendemos menos, cometemos más errores y nuestra creatividad es menor.

Ejercitar la concentración en el mundo de la inteligencia artificial y de la automatización de procesos es crucial. La mayoría de los trabajos de valor van a consistir en pensar algo que es distinto de lo que piensan los demás, pero en un entorno donde todos comparten la misma información. Y es justamente ahí donde la capacidad de concentración se vuelve más importante y donde aquellos que logren preservarla, harán la diferencia.

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