El mejor y el peor de los tiempos

Aquellos que sufrimos de astigmatismo tenemos la visión borrosa. La realidad se ve en forma de siluetas, contornos indefinidos, con dificultad para ver los detalles, tanto de cerca como de lejos.

Por estos días, intentar entender el mundo parece ser con astigmatismo. Nada es claro, todo es borroso y difuso. Estamos en un mundo con relaciones causa-efecto cada vez menos comprensibles y es difícil entender dónde va a parar. Por un lado, hay un mundo que muestra lo peor del ser humano: una sociedad angustiada, podrida, perdida, convulsa, aturdida. Y al mismo tiempo, uno que parece evolucionar, una cara de progreso y esperanza. Florecen al mismo tiempo la curiosidad y los prejuicios, la tolerancia y la xenofobia, la globalización y los nacionalismos exacerbados, el consenso y el fracaso de los ideales. La evolución del ser humano y su degradación total. Todo al mismo tiempo.

Hay infinidad de ejemplos, pero vamos por algunos que ocuparon los titulares esta semana. Por si no alcanzaba con la guerra entre Rusia y Ucrania que parece no tener fin, los ataques de Hamás a Israel en los últimos días han mostrado la peor cara de la humanidad. “El péndulo del terror en movimiento de la manera más enérgica”, en palabras de Jorge Drexler. Atrocidades incomprensibles, justificaciones sorprendentes. Y en el resto del planeta, apoyos hacia uno y otro lado, justificando, asignando culpas desde la comodidad del sillón, como si la vida y el dolor de las víctimas fueran parte de un juego de Monopoly. Un mundo borroso, incomprensible y escalofriante.

Mirando de cerca, a uno de los parlamentarios de mayor prestigio de nuestro país, apoyado y respetado por todo el sistema político, termina de caérsele la careta que sostuvo durante tantos años y se ve una realidad que nadie imaginó. Ni siquiera sus más allegados. La peor cara de la realidad, que sigue sin estar clara del todo.

Al mismo tiempo, por estos días se anuncia el Premio Nobel de Economía a una profesora de Harvard que dedicó gran parte de su vida a estudiar la desigualdad en general, pero fue reconocida por su estudio sobre el progreso de las mujeres en el mercado laboral. Su análisis, muy arraigado en la historia, es enormemente relevante en el presente: pone sobre la mesa la discusión sobre las barreras a la desigualdad que aún existen en la actualidad. El resultado es que su premio es causa y consecuencia al mismo tiempo de un maravilloso momento para la profesión económica, para la investigación en las ciencias sociales y el impacto que puede generar en la vida cotidiana de las personas.

Todo esto, mientras civiles mueren en la Franja de Gaza y salen a la luz detalles del caso de explotación sexual infantil más inverosímil de nuestra historia. Y son solo algunas de las noticias que ocuparon los titulares estos días.

Hay un mundo que está mostrando lo mejor y lo peor del ser humano al mismo tiempo, y parece complejo que todas estas fuerzas tan potentes no terminen interrelacionándose. Quién ganará la pulseada, es la incógnita.

Pero en estos momentos el mundo se muestra como una gran nube de indefiniciones y contradicciones como nunca antes, que parece no tener un lente que le dé claridad. Solo en esta semana estuvimos en el mejor de los tiempos y en el peor de los tiempos, todo al mismo tiempo.

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