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El diálogo

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juan martín posadas
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El diálogo, en cuanto concepto y como disposición personal para enfrentar controversias es valorado por todo el mundo. En el Uruguay tiene buena prensa pero generalmente se tiene de él una visión irénica. Conviene examinarlo cuidadosamente.

En política nadie dialoga por bueno, generoso o desinteresado. El diálogo en política solo es consistente, solo es diálogo de verdad, cuando las partes enfrentadas perciben que les sirve a ambas. Basta que una de las partes estime lo contrario para que no haya diálogo: habrá simulacros, estrategias de engaño o cualquier otra versión de hipocresía.

Quienes siguen más o menos de cerca la política de la Argentina están al corriente que la grieta (el no diálogo como sistema) es allí el estado natural y que el kirchnerismo y los contrarios solo buscan, ante cualquier tema, marcar su enfrentamiento y subrayar la distancia radical que los separa. Habrán oído también de E. Laclau, filósofo-politólogo argentino radicado y profesor en Inglaterra, referente intelectual del kirchnerismo, quien sostiene que la sociedad funciona mejor en el antagonismo y agudización de las diferencias. En una palabra, sostiene lo opuesto a lo que decía John F. Kennedy quien afirmaba que la política es the art of compromise.

El Frente Amplio se ha volcado hacia una postura kirchnerista: interpreta como una necesidad interna o una responsabilidad inexcusable definirse -y comportarse- como lo opuesto a la coalición de gobierno y ve como un riesgo que lo vean con disposición a acercarse. Perciben al diálogo como un desdibujarse políticamente.

Un ejemplo reciente: en el conflicto del puerto -que es claramente un tironeo entre intereses de dos poderosas empresas multinacionales- el Presidente del Frente Amplio sentenció: el gobierno no sabe manejar el puerto; es más: no saben manejar el gobierno. Dicho esto, que inhabilita cualquier diálogo, el Frente se ha puesto del lado de una de las multinacionales y en contra de la otra en vez de ayudar a un arreglo entre ellas para bien del puerto. El Frente kirchnerizado ve ventajas para sí en la prolongación del conflicto del puerto.

Este diario el 21-XII-2019 recogió las siguientes palabras de E. Valenti: “El problema está en que no emergen intelectuales frentamplistas capaces de generar un debate. Los debates son la identidad intelectual, ideológica, política y cultural que se pone a circular en una determinada fuerza política. ¿Quién puede hacer esto en el actual elenco dirigente del Frente Amplio? No se sabe dónde están: agazapados esperando que le vaya mal a este gobierno”. Me dirán que Valenti cambió cuando aceptó dirigir la publicidad del Frente contra la LUC. Pero ¿cuándo veía claro Valenti: antes o después?

Hasta que la dirigencia del Frente no se convenza que le conviene política y hasta electoralmente convertirse en una fuerza política razonable y negociadora no se avendrá a ningún diálogo en serio. Y lo mismo vale para la otra parte: hasta tanto no vean y admitan que el Frente Amplio es el partido político más numeroso del país y no el demonio y que si no hay comunicación con él están perdiendo contacto con un tercio del país, no habrá ningún diálogo que merezca el nombre.

Una última reflexión: el diálogo entre las palomas es más fácil pero no lleva a ninguna parte: sólo es eficaz el diálogo entre los halcones.

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