El abuso de las cifras

Los gobernantes acostumbran a difundir valores macroeconómicos sobre el producto bruto, la inflación, el desempleo, el comercio exterior, la balanza de pagos, las reservas de divisas, etc., etc. También lo hacen los organismos internacionales y regionales, muchas veces con herramientas y criterios distintos. La gente se acostumbra a estos empedrados de números, se confunde, se desorienta y no encuentra claro su futuro entre todas esas cifras presentadas con una exquisita y artificial sencillez, que es solo aparente. Así, se olvida que la Economía es una ciencia social, humana, por lo tanto relativa, sin afirmaciones absolutas, con un hondo contenido psíquico, ético, pragmático y que es fronteriza, además con la política.

Las pretendidas representaciones numéricas de la actividad económica, si bien constituyen herramientas que, bien manejadas, son de indudable utilidad, contienen frecuentes errores de base, problemas derivados de fuentes dudosas y complejos procesos matemáticos. Peor aún. Se nos escapan una cantidad de factores y conceptos no cuantificables.

Por ejemplo, ¿cómo mide el PBI la calidad de vida, la alfabetización, las proteínas consumidas, el consumo de agua potable, la calidad y la eficiencia de la atención de la salud, la prevención de enfermedades, la vida en familia, el ambiente, una justicia ágil y competente, la pureza del aire, el balance de alimentos, la libertad, el respeto, la tolerancia, la relación derechos y deberes, la vivienda decorosa, la amistad, la cultura, y tantos otros valores esenciales que no son posibles de traducir en frías cifras matemáticas?

Existen muchos ejemplos de estas dificultades de la expresión en cifras. Veremos sólo algunas. El país que mejor tiene organizados sus censos de población es EE.UU. Pero se da el caso, en varios censos decenales, en que se omitieron por diversas razones, varias ciudades de 10.000 habitantes y más de una decena menores de 5.000. En 1990, no coincidieron el total de esposos que viven con sus esposas ni el total de esposas que viven con sus esposos. El inventario de oro de Fort Knox arroja una cifra contable; pero al ser pesado, siempre existen diferencias.

El balance de pagos en cualquier país nunca conduce a una cifra exacta; por ello la diferencia se lleva a una cuenta de "Errores y Omisiones" (contrabando, falsas declaraciones, transferencias no registradas, compras de turistas, etc.). Otro caso opinable: cuando se dan las cifras de desempleados. Se consideran tales las amas de casa, los estudiantes y los que buscan trabajo por primera vez.

Los ejemplos pueden ser muchos más, pero la gente piensa que el Estado sólo se expresa con cifras áridas alejadas de la realidad y por ello no entiende su significado, formándose una idea confusa que desorienta y desanima. Si se dan cifras o porcentajes que refieren a lo que se gasta en educación o en salud, por ejemplo, ningún criterio es capaz de medir la eficacia y calidad del servicio.

La polémica que inició Hicks hace más de treinta años sobre la rigidez de las mediciones económicas, sigue hoy, a pesar de los índices compuestos agregados, pero no integrados al PBI, elaborados por Samuelson, Tobin, el Banco Mundial, las Naciones Unidas y tantos otros organismos, como la esperanza de vida, la mortalidad infantil, la alfabetización, el desempleo, los inscriptos en escuelas, las calorías por habitante, etc.

Es decir que las mediciones, con todos sus componentes de errores posibles, poco significan. Vaz Ferreira decía que "hay cosas que se sienten". San Agustín, en su famosa perplejidad llegó a decir: "Señor, es cierto que mido, pero lo que mido, no sé". Como punto final recordemos a Adam Smith que no usó en su libro una sola cifra. Y nos dejó los elementos básicos de la Economía.

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