Educación, educación y educación

Carlos Maggi

La historia es mansa y discreta, procede sigilosamente como las mujeres y las panteras. Una noticia sale en los diarios, las radios y la TV, sube un día hasta los titulares y se apaga; y si se trata de una buena noticia, la cosa no queda así. La marejada suele llevarla y traerla, la sacude hasta dejarla convertida (diría Discépolo), en un riquiescat in pace, de lo más fané y descangallada.

Así amagó suceder con el 24 de enero pasado.

Ese día bajó la concordia sobre Montevideo y hubo un acuerdo que se llama "acuerdo interpartidario sobre la enseñanza pública", que corresponde agradecer.

Dejar a los niños fuera de la guerra política es un alivio... los niños no son responsables de los líos políticos porque no votan; pero los políticos deben ser el escudo de los niños, porque ellos no tienen sindicato. Se juntaron pues, todos los partidos y quedó estampada una convicción general.

No faltará quien me diga:

"En el Palacio Legislativo hay muchas leyes que salen por unanimidad". Y es cierto.

Pero esto que estoy tratando de mostrar en todo su alcance es diferente. No es un mero ponerse de acuerdo. Es superar una inhibición, un miedo que fue redoblándose cada año en una cuestión de máxima primera necesidad: la formación de los ciudadanos. Hubo miedo a un encontronazo con los gremios; y se dejó correr. Así se postergó la confrontación madre de nuestro tiempo. Y sucede ahora que se vislumbra la posibilidad de tener una solución sin vencidos: y esta noticia sí que nunca se dio.

Si una democracia se desentiende de valorar a sus ciudadanos; si las familias se despreocupan de la educación de sus hijos; si la enseñanza pública abandona a los más pobres; ah!... entonces habrá que despedirse de tener libertad y de convivir pacíficamente. Y eso es, de modo muy exacto, lo que está buscando salida aquí y ahora. Las cosas van cada vez mejor y la gente va cada vez peor.

Repito esta frase amarga (que escribí muchas veces en los últimos años) ahora, cuando hay motivos para pensar que tocamos fondo. Ahora, que es la hora de empezar a resurgir.

Esta nota mostrará las razones de mi esperanza. Yo sé: la alegría nacional fuera del fútbol está mal vista en el Uruguay. Se dice: un bobo alegre; y nadie dice: un sabio alegre.

Que se junten todos los partidos y logren un acuerdo formal para dejar en claro que la autonomía de los entes de la enseñanza refiere a la técnica del oficio docente y no a la voluntad del Estado soberano que es quien manda, es un hecho histórico que cambió, sustancialmente, la situación. Es un hito. Es el inicio de una derrota para ánimo derrotista.

La situación anterior llevaba a pensar llorosamente, que los agudos problemas de la enseñanza pública no tenían remedio. Sucesivos gobiernos habían fracasado en su intento de reformar el Estado.

Ahora, en el punto más crítico, justamente en la enseñanza, crecen los signos de una apertura inesperada.

Uno de los políticos más inteligentes y sabios, el vicepresidente Danilo Astori, declaró cuando el acuerdo estaba cocinado, cinco días antes de ser servido (19/1/12): Este año es la "oportunidad histórica" para hacer los cambios, luego de doce meses de debate sin demasiados "avances".

Habrá que cambiar el modo de entender la "autonomía" de la educación con respecto al Poder Ejecutivo.

Los docentes deben dejar de ser el centro del sistema de enseñanza. Hasta el momento son los docentes y no los alumnos quienes ocupan el centro del proceso educativo; y eso hay que modificarlo. Pero al mismo tiempo, que quede claro como dijo Germán Rama: "No hay educación sin educadores". (Hasta aquí Astori).

La buena elaboración del acuerdo le permite a Astori, hacer estas certeras anticipaciones. Hubo en el encuentro de gobierno y oposición, calidad por partida doble; supieron superar las diferencias partidarias y los intereses de sector y trabajaron para conciliar y ahí quedó un contrato nunca visto, en más de medio siglo.

Con todo, cuando Mujica anunció que iba a hablar con los interesados no participantes en el convenio político (profesores y estudiantes), la fe pegó un respingo y se oyeron las exigencias del cumplimiento inmediato y otras muchas vociferaciones destempladas. ¡Como si en esta materia se pudiera soplar y hacer botellas!

Aunque también es cierto que, en buena medida, la historia justificaba esa prevención. Lo esperable en una reunión con los sindicalistas, era un Presidente presionado y humillado; y un borrón con el codo para desdibujar el acuerdo convenido. Brovetto había adelantado en la prensa: el Frente Amplio (del cual es presidente), no acepta las soluciones acordadas por todos los partidos.

El 31 de enero se llevó a cabo la reunión proyectada por el Presidente de la República y contra todo lo supuesto, el convenio entre Mujica y la oposición no fue resistido por el Pit-Cnt, ni por los sindicatos de profesores; por el contrario se "comprobó" que algunas de las medidas pactadas, eran viejas iniciativas sindicales.

El doble voto del presidente de los organismos de la enseñanza (que se necesita para que el gobierno tenga mayoría y pueda gobernar) se encaró como un detalle sin importancia, puesto que los delegados gremiales habían actuado siempre ¡en favor del interés general! Jamás se habían opuesto a ningún cambio útil. Era un modo de aceptar de plano el acuerdo interpartidario.

En cuanto al presupuesto para la educación, se reconoció que "el crecimiento fue muy importante entre 2008 y 2011", pero se hizo notar que "un maestro o un profesor con 20 horas de labor (semanales) gana $ 14.000".

Sobre la sustitución de los jerarcas que estuvieron de acuerdo con los sindicatos y en contra de los cambios resueltos por el Presidente Mujica, no hubo comentarios; y posteriormente fueron sustituidos sin problemas.

¿Cómo se entiende este cambio, a mi entender muy favorable para el país? Los representantes de los profesores y los representantes del Pit-Cnt, acertaron al consolidar el acuerdo interpartidario y tienen razón cuando dicen que un nuevo Presupuesto debe solventar la reforma.

Por todo lo conversado y convenido, el esquema indica: flexibilidad para que cada liceo pueda adecuarse a su realidad (hay liceos grandes y liceos chicos, los hay complicados por el lugar donde funcionan o por las omisiones y los errores cometidos y hay liceos que funcionan bien y hasta muy bien).

Habrá que mejorar los programas en función de los estudiantes.

Habrá que ir corrigiendo el sistema administrativo y esa corrección sólo se puede hacer estimulando a los buenos profesores y recuperando a quienes fracasan.

Como bien dice Antonio Machado, habrá que hacer camino al andar.

Lo que importa es reconocer los puntos de mejoría ya logrados; sentir que hay una intención general de no dejar las cosas como venían.

Conversé no hace mucho con el autor de un libro valioso, el doctor Julio Decaro quien escribió "La clave no es entender… es darse cuenta". Me hizo notar que en la reforma educativa de Brasil que promoviera con mucho éxito Fernando Henrique Cardoso, el fenómeno decisivo fue la opinión pública que no intervino en nada, pero que mantuvo la atención en el tema. Por primera vez la gente se preocupó, masivamente, por la educación.

-Si todos hablan de algo y se interesan, esté seguro que algo va a cambiar. Los dirigentes gremiales mostraron que no quieren guerra, que aceptan una reforma que sea buena para los estudiantes y digna para ellos. Se diría que la opinión pública no necesita "hacer", gravita; es un fenómeno astral. Eso y un Presidente conciliador. No es poca cosa.

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