Así lo conocieron las generaciones que pudieron apreciar sus grandes valores durante su trayectoria terrenal. Don Aureliano Rodríguez Larreta constituyó un pilar en los afanes por las libertades públicas, con una actitud principista que supo mantener y defender en la guerra, en el Parlamento y en su vida diaria de abogado y hombre de consulta.
Había nacido el 31 de octubre de 1843 en el hogar de don Francisco Antonio Rodríguez, natural de Montevideo, y de doña Manuela de Larreta y Torres, natural de Lima, donde también nacieron otros nueve hermanos, a saber, Manuel Osvaldo, Carlos Agustín, Francisco, Guillermo, Manuela, Tomás y Francisca fallecidos ambos cuando niños, Teresa Carolina y Luis, que extendieron los apellidos de sus progenitores en una numerosa descendencia como la que tuvo, a su vez, el propio Don Aureliano.
Recibido de abogado en 1872, luego de actuar un breve período como secretario de la Legación uruguaya ante el gobierno de Brasil, retornó al país y casi de inmediato, cuando se realizaban elecciones el 10 de enero de 1875 sufriendo graves ataques la libertad de sufragio, Don Aureliano, "de pie, sereno, estoico, revólver en mano" enfrentó, sobre las gradas de la Catedral a los sicarios de la época, mientras a pocos metros yacía el cuerpo inanimado del mártir de la Democracia y de la Libertad, el joven abogado y brillante periodista Francisco Lavandeira.
Pero esa muerte injusta no detuvo a quienes sostenían el poder. En cinco días, Don Aureliano y catorce ilustres ciudadanos más fueron apresados y deportados en la tristemente célebre barca "Puig", para una odisea a través del Atlántico, hasta llegar a La Habana y luego de allí, a Estados Unidos, de donde regresaron todos hacia Buenos Aires, para prepararse allí resueltos a la defensa de las instituciones democráticas.
La época que le tocó vivir en el siglo XIX y principios del XX fue de enormes convulsiones. La Revolución Tricolor contó con su apoyo y acción. En Perseverano cayó herido de un balazo cuando estaba al frente de la tropa que capitaneaba.
Su afán por encontrar soluciones a las cruentas luchas y abismales diferencias, le hizo integrar el Partido Constitucionalista pero años más tarde, en la década del 90, se reintegró al Partido Nacional en el que había militado en su juventud.
El Quebracho supo también de su presencia y en 1886, formó parte, con José Pedro Ramírez y Juan Carlos Blanco del llamado Ministerio de Conciliación, teniendo a su cargo la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública. El Ministerio de la Conciliación llevó a que el general Santos abandonara la presidencia, entrándose en la finalización de la época militarista.
En 1897 Don Aureliano fue secretario del Comité Provisorio del Partido y en 1904 presidió la Junta de Guerra. En el 97 su participación en las gestiones de paz será principalísima en el armisticio de Aceguá que en dos meses más dará lugar al Pacto de La Cruz.
Terminadas las revoluciones, desarrolló una acción civilista ejemplar. Reconocido ampliamente, integró diecisiete H. Directorios del Partido, habiendo presidido dos de ellos. Como parlamentario fue electo diputado en ocho legislaturas y en una como Senador. Compartió con su hijo Eduardo, en Diputados.
Sus pares de la Cámara de Diputados lo eligieron el 15 de febrero de 1923 como Presidente del cuerpo y en el desempeño de tan alto y honroso cargo, al que prestigió con la galanura de su caballerosidad, su don de gentes y su natural distinción, con ochenta años de edad y en plena vigencia intelectual, le sorprendió la muerte el 28 de agosto de ese mismo año.
Hace 82 años que con él se perdió un formidable político, un luchador incansable de grandes causas, pero quedó grabada a fuego su actuación como patriota y como blanco.