El 92 por ciento de la oposición venezolana tuvo claro a quien quería de candidata y dio su voto a María Corina Machado. Fueron cerca de un millón y medio de votos pero, por decisión de la dictadura, Machado está inhabilitada para ser candidata.
Para colmo, la Asamblea Nacional dominada por los chavistas, anunció que invalidará esa elección interna.
Si así empiezan las cosas, las negociaciones entre oposición y régimen para realizar elecciones el año que viene arrancaron mal. Bloquear la candidatura de una líder que tuvo un abrumador respaldo, indica que la dictadura sigue siendo dictadura y cuando negocia, lo hace de mala fe. La oposición tuvo claro quién debía conducirla en esta instancia y lo hizo saber.
En Argentina, el mensaje no fue tan claro y el desenlace promete ser complicado. Al perder caudal de votos y quedar en tercer lugar, la coalición Juntos por el Cambio que presentó a Patricia Bullrich como candidata, perdió la oportunidad de volver al gobierno y redujo a la nada el inmenso respaldo que tuvo hace dos años cuando las elecciones para la renovación parcial en el Congreso.
Irán a la segunda vuelta dos candidatos que expresan lo peor de Argentina. El populismo peronista y kirchnerista en manos de Sergio Massa y otro populismo, también autoritario y patotero que se define como libertario, bajo el liderazgo de Javier Milei.
Todo el proceso electoral mostró un país que carece de figuras sólidas que saben hacer política, dirigentes que generan respeto entre los votantes. Lo que se vio fue incompetencia y mediocridad.
Ahora los argentinos deberán enfrentar una elección en la que un tercio de sus votantes no tiene la menor idea qué hacer y hubiera preferido nunca llegar a esta disyuntiva. No es que hay que optar por el mal menor. Los dos son el mal absoluto y por lo tanto ninguno es preferible.
Disyuntivas distintas: el drama argentino es que habiendo dos candidatos, a mucha gente no le sirve ninguno. El drama venezolano es que habiendo una candidata con el fervoroso favor de mucha gente, es el régimen quien la descarta.
Ni Venezuela logra salir de un populismo dictatorial de mano dura, ni lo hace Argentina aunque su populismo no llegue a tanto. Lo absurdo y a la vez dramático, es que cuando se abría la posibilidad de dejar atrás al kirchnerismo y su estilo prepotente y mentiroso de gobernar, surge como alternativa un populismo de signo opuesto, pero con similar desprecio al Estado de Derecho.
Se especula que gane quien gane, el kirchnerismo irá perdiendo peso en la medida que Cristina se va marginando de a poco. Es una posibilidad que no debe descartarse, más si se tiene en cuenta la retórica y el estilo de Massa. Pero seguirá habiendo peronismo, que es la fuente en la que sus líderes se nutrieron de ese estilo abusivo y autoritario que arrancó en el 45 con Juan Domingo Perón. Cambian sus referentes, cambian sus sonrisas, ajustan su discursos, pero siguen no creyendo en las bondades de la democracia liberal: Perón, Menem, los Kirchner, ¿y ahora Massa?
América Latina intenta dejar atrás las autocracias de la década pasada, pero con suerte diversa.
Es bueno que la candidata designada por Rafael Correa haya perdido la elección en Ecuador. Quizás sea la señal de que para Correa, prófugo en Bélgica, su tiempo terminó. Gana, en segunda vuelta, Daniel Noboa un político y empresario de 35 años. Enfatizo lo de la segunda vuelta porque con excepción de la elección de 2019 en Uruguay, donde desde antes cinco partidos coordinaron no solo cómo ganar sino cómo gobernar, en las demás elecciones quien gana en esa segunda instancia no siempre cuenta con un apoyo claro de otros partidos. Eso genera inestabilidad.
Ocurrió con Guillermo Lasso, el presidente saliente de Ecuador. También Gabriel Boric en Chile descubre que pese a ganar el balotaje, cuenta con un menguado apoyo. Sabe que con su minoría no puede radicalizar aún más su gestión, pero tampoco se anima a una genuina moderación para ampliar el respaldo que necesita.
No tiene sentido hablar de Nicaragua, con un Daniel Ortega que se cierra más cada día. Sigue encarcelando y desterrando curas, y clausuró casi todas las universidades privadas del país.
Dudo que la gente se haga ilusiones con el acuerdo en Venezuela para realizar elecciones. Maduro no es de cumplir promesas si siente que su poder está en peligro. Elecciones con la proscripción de la más popular candidata, no son elecciones. Maduro siempre se las ingenia para endurecer aún más su régimen.
En tres semanas se aclarará lo de Argentina. O quizás no, en la medida que tanta gente siente que da lo mismo por ser una elección que no ofrece alternativas.
Por eso no debería sorprender si el fin de semana del 19 de noviembre aparecen por estas playas más argentinos que lo habitual (aun pese a que les es caro). Se trataría de los que decidieron no sumarse a una disyuntiva que desprecian y los espanta.