A principios del siglo XVII, un napolitano llamado Giordano Bruno fue quemado vivo. La autoridad de Roma quiso, con ese escarmiento, reafirmar sus propias creencias: hay un solo planeta habitado, la Tierra; que es el centro del universo y está quieta. El Sol es el que gira en torno a ella.
El espectáculo ofrecido por la autoridad, además de horrendo, fue ridículo. Resolvieron, a votación, filosóficamente, cómo era la realidad del espacio.
Aquí y ahora está sucediendo lo mismo: la economía dentro del sistema mundial establecido, tiene sus reglas y en nuestro Parlamento se sigue discutiendo como si Montevideo pudiera cambiar el orden del universo.
Son enfermedades del pasado: el déficit fiscal, la inflación, la alta tributación, las profusas regulaciones, la burocracia, la ruptura con el Fondo Monetario Internacional, el reparto de ventajitas, el proteccionismo, los jubilados precoces, el horror a las privatizaciones, el gran gasto público, la ausencia de ahorro, la moratoria de la deuda externa y todos los aspectos vinculados a estos mitos de la antigüedad. La sola discusión política con relación a lo inevitable, es un signo de subdesarrollo (mental).
Después de la dolorosa curva cumplida por la izquierda (180º) Tabaré Vazquez y Jorge Batlle, Lacalle y Seregni, Sanguinetti y Astori coinciden en dos puntos:
a) el Estado debe ser pequeño y fuerte; y
b) a nuestro país le conviene obtener inversiones.
¿Queda algún tema económico de fondo por discutir, después de coincidir en eso? El resto sale a deducción.
Las reglas del capitalismo abarcan el planeta. La economía es orgánica: todo tiene que ver con todo.
La economía se venga de quienes traicionan sus reglas; se venga sin hacer nada; dejando de lado a los demorones. (Maggi, Carlos, "La reforma inevitable", Montevideo, Ediciones de la Plaza, 1994).
Ahora, el presidente Vázquez dice:
-"Al Uruguay le va hacer bien que se le dé más inversión para el sector productivo". "El liberalismo político y el liberalismo económico deben ir de la mano".
COMENTO: Perdimos 12 años para entender que el liberalismo no tiene nada que ver con la orientación política. Pero no todo está perdido. Estamos a tiempo para empezar a mejorar. Siempre se está a tiempo para empezar a mejorar.