Existen en torno de 200 estrechos internacionales. Estos cuellos de botella estratégicos incluyen el Bósforo y los Dardanelos (conectan el Mar Negro con el Mediterráneo); el estrecho de Gibraltar; el Paso de Calais (el punto más estrecho del Canal de la Mancha que vincula el Mar del Norte y el Atlántico); el estrecho de Taiwán; el estrecho de Magallanes; el estrecho de Bab-el-Mandeb (entre el Mar Rojo y el golfo de Adén); y el de Ormuz.
Hoy la atención mundial se concentra en el estrecho de Ormuz, que comunica el golfo Pérsico (o Arábigo) con el golfo de Omán y el océano Índico. El estrecho tiene 29 millas náuticas (54 km) de ancho en su punto crítico, pero hasta el comienzo de las hostilidades, la navegación comercial se concentraba en dos canales de navegación de dos millas de ancho (3,7 km). Por ese ajustado cinturón salía en torno del 37 % de las exportaciones mundiales de petróleo crudo; el 19 % del gas natural; una proporción importante de derivados del petróleo; y el 30 % de las exportaciones de fertilizantes. La mayor parte del crudo se exportaba a China, India, Japón, Corea del Sur y Singapur.
La navegación por esos estrechos involucra a los países ribereños y también al resto de la comunidad internacional. De diferentes formas. No solamente son vías comerciales sino también parte del escenario estratégico donde se proyecta el poder naval de las grandes potencias. Y de las no tan grandes.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar cristalizó en 1982 un consenso internacional sobre el régimen jurídico de los estrechos que generalmente ha sido aceptado por los países. Estableció un régimen de paso en tránsito definido como “la libertad de navegación y sobrevuelo exclusivamente para los fines de tránsito rápido e ininterrumpido”. Los buques que los atraviesan deben cumplir con determinadas reglas incluyendo la obligación de abstenerse de toda amenaza contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia de los Estados ribereños.
Además del régimen general, en determinados estrechos los países han acordado convenciones multilaterales que establecen un régimen específico para el pasaje. El ejemplo clásico es el Convenio de Montreux, que regula el tráfico marítimo a través de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. Este tratado tiene una enrome importancia estratégica en la actual guerra entre Rusia y Ucrania.
Una de las consecuencias de la guerra emprendida por los Estados Unidos e Israel contra Irán ha sido el colapso del movimiento de buques y cargas por Ormuz. Frente a la superioridad militar de sus enemigos, Irán aplica una estrategia de guerra asimétrica que incluyó prácticamente cerrar el estrecho de Ormuz a la navegación internacional. Por su parte, los Estados Unidos comenzó a aplicar su propio bloqueo de los buques salidos de puertos iraníes a partir del 13 de abril. Es un empate que solamente podrá resolverse mediante negociaciones sensatas.
El cierre del estrecho de Ormuz tiene consecuencias sobre la economía global. Incluyendo en nuestro país. También es necesario tener presente que el desenlace de la crisis podría impulsar cambios en el régimen jurídico de los demás estrechos. Algo que, otra vez, tendrá impactos políticos y económicos. No solo para los países ribereños sino para toda la comunidad internacional.