Resulta por lo menos sorprendente la indiferencia de las autoridades competentes -Ministerios de Economía y Finanzas y de Educación y Cultura- ante el ahogo de la contratación que viene provocando la singular modalidad de huelga que mantiene en el limbo a los Registros.
Los funcionarios van a su lugar de trabajo y reciben todos los documentos y todas las solicitudes de certificados -con los timbres cobrados, no faltaba más- pero no entregan nada. Con lo cual se está formando un embudo en los Registros y en la actividad civil y comercial de todo el país, reducida hoy a estado de quién sabe.
¿Cuánto deja de recaudar el Estado por los tributos que dejan de contratos no nacidos? ¿Qué justifica tamaña pasividad? ¿Dónde está la traba burocrática que explica el no hacer nada?