Ruben Loza Aguerrebere
Además de una biografía, este libro es un estudio fresco y original del carácter. Una minuciosa investigación académica, escrita de manera elegante y sin dejar cosas en el tintero. Me refiero a la obra "Luces y sombras de la grandeza de Winston Churchill" (Vergara). Su autor es un destacado historiador británico: Geoffrey Best, dueño de extensa obra, profesor en las universidades de Edimburgo y Sussex, así como profesor emérito de las universidades de Harvard y Chicago. La verdad es que se trata de una obra caudalosa, donde el profesor Best desarrolla un análisis de la personalidad extraordinaria del estadista, presentándonos un retrato que va más allá de las semblanzas tradicionales, a los efectos de bucear en las virtudes de un hombre de excepción, así como en los defectos del mismo. En consecuencia, el reciente libro se lee con vivo interés.
El historiador procura dar vida nuevamente (como diría André Maurois) a quien fuera, acaso, el hombre más grande del siglo XX, recordándolo sobre el mundo que le rodeaba, el universo político donde se movió como pez en el agua y, de manera especial, atendiendo su presencia en el marco de la Segunda Guerra Mundial, en el cual desarrolló, por cierto, un papel único, como inspirado líder. Ello, sin olvidar su rica obra escrita, que le hiciera merecedor del Premio Nobel de literatura, así como sus memorables discursos, donde destacan de una manera especial los pronunciados hacia 1940. Por cierto, no menos interesante es la personalidad que de sí mismo forjó, con sus cigarros, su "V" de la victoria, su afición a la pintura, la devoción por el destino inglés.
Ciertamente, había tela para mucho, sobre el gran estadista inglés, una figura idiosincrática e imprevisible. Si bien Winston Churchill no fue un alumno especialmente destacado, tampoco fue demasiado acusada su falta de calidad académica. Pero, en verdad, no era un clasicista natural. Entre otros detalles, baste recordar que sabía de memoria versos de Shakespeare, de Pope, y que todo ello confluía en la Biblia, nutriendo, así, una elocuencia tan poderosa, a la que debemos algunos de los más discursos inolvidables en la historia de la lengua inglesa.
Geoffrey Best evoca la grandeza de un ícono de la historia moderna pero tampoco oculta sus debilidades y contradicciones. Habla de su rápido ingreso en la política, de su carrera, donde llegó a serlo todo, y especialmente sus momentos de gloria debidos a su actuación en la Segunda Guerra Mundial, donde se muestra como un estadista impar, con el empuje esencial para la resistencia y la victoria. En esos días el biógrafo destaca: "Sus brillantes ideas y sus notas constituían un rasgo tan marcado de su estilo de gobierno que justifican una mención especial. A lo largo de toda su vida, tanto colegas como subordinados con una mezcla de sensaciones la fecundidad de su mente en la producción de ideas, sugerencias y preguntas relacionadas no sólo con su propio trabajo, sino también con el de ellos".
Abunda, asimismo, en detalles familiares y personales, observando los rasgos de su personalidad en la vida pública y privada, y refiriéndose a sus sentimientos mientras busca desvelar si era un romántico o un realista.
Esta biografía de Churchill, enciclopédica, es por cierto una honda mirada sobre esta personalidad sobresaliente y sobre su tiempo. Por cierto, toca a una leyenda, pero si bien el personaje muere, el héroe sigue vivo.