Bridgers & breakers

Hace pocos días cayeron en mis manos dos libros de John Berger -crítico de arte inglés- que de alguna manera disparan reflexiones sobre las distintas formas de ver el mundo.

En “Siempre rojo”, publicado en Londres en 1979, el escritor deja patente su oposición a la cultura y a la sociedad que él califica como burguesas, haciendo hincapié en el vínculo entre arte y propiedad. Otorga su visión de quienes considera maestros del siglo veinte -enumerando a Picasso y Matisse, cómo no- en la que predominan esa vetusta mirada determinista y materialista.

El otro libro se titula “La apariencia de las cosas”, publicado en Harmondsworth en 1972, en este Berger es mucho menos pretensioso, más directo, pero se siente el rancio aroma a Gramsci. Su escora política es evidente, pero los ensayos que reúne la obra resultan mucho más interesantes.

Me llamaron la atención las líneas que dedica a Le Corbusier, a Walter Benjamin, al Che Guevara, y como analiza “La naturaleza de las manifestaciones masivas”, comenzando con una marcha de “obreros y obreras” (lo dice textualmente así, si, ya en 1972), ocurrida en Milán en 1898, desarrollando desde allí una perspectiva revolucionaria y práctica de como llevar adelante estas movilizaciones sin perder de vista su objetivo final.

Los días previos, la muerte, y las exequias de José Mujica, dispararon tanto en el ámbito internacional, como en el nacional, el análisis sobre su derrotero vital, y sobre su actividad política con diversas aristas, luces y sombras. No voy a hablar de su persona ni de su historia, fue un presidente electo democráticamente, ha muerto, y aún en el desacuerdo, merece respeto, y silencio. Por él, y por su familia.

No todo en la vida puede estar en todo momento sujeto a opinión. En algún momento hay que callar.

Pero sí voy a comentar sobre la forma en que se abordó su figura por parte del sistema político y de los medios, porque muchos de un lado y otro enganchan con la visión de Berger. Los norteamericanos entre esas cosas pintorescas que tienen poseen, según Aznar, la facultad de bautizar cosas y comportamientos.

Es así como han distinguido a las personas entre “Bridgers & Breakers”.

Creo que no necesita traducción, hay quienes naturalmente poseen inclinación a tender puentes, y quienes la tienen por romperlos.

Una nación que pretende ser la más desarrollada del cono Sur, debe tener claro que el camino es uno solo: el de tender puentes, el de dar la mano con lealtad al adversario, y nunca la espalda. Pero esto requiere un compromiso básico: los puentes se tienden con quienes valoran el sistema de respeto por la ley y las instituciones. No con quienes pretenden destruirlo. Se construyen y se mantienen. La muerte de un líder que representó a buena parte del país no admite otra actitud que la del respeto y rescate de lo mejor de su legado.

No es necesario alimentar la crispación, Uruguay está ávido de desarrollo, y para esto es fundamental el buen clima. Uno que reconozca que en los individuos y la familia está el futuro, no en el Estado. Que asimile que la sociedad no es nada sin las personas, y que el determinismo es cosa del pasado.

Berger sabía mucho de arte, pero muy poco de sociología.

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