RODOLFO SIENRA ROOSEN
Cuando hace años, en tiempos de dictadura, ejercí breve pero intensamente derecho penal conocí al Dr. Martín Tornaría, profesional muy respetado. Con su hijo tenemos amigos comunes. Me alcanza para acreditar su hombría de bien.
Tornaría alcanzó notoriedad con su defensa de Juan Carlos Bengoa.
Desde un principio se plantó en la inocencia de su cliente y a medida que fue pasando el tiempo empezó a pisar firme y a tomar fuerte protagonismo en un caso complejo que a su vez se multiplica en diferentes aristas.
Yo no sé si el cliente de Tornaría tiene responsabilidad penal -basada por lo que trasciende, en la ejecución de actos dispuestos por sus Superiores, los entonces Intendente y Secretaria General de Montevideo, Arq. Arana y María Julia Muñoz- y a los efectos que pretendo en esta nota, no sólo no lo sé sino que tampoco me importa.
Lo que sí me importa en cambio y quisiera destacar es la valentía de su abogado, no tanto por lo que dice, sino por lo que hace en el ejercicio de su patrocinio letrado.
Hace pocos días en un informativo de televisión apareció un personaje al que podría estarlo rozando este asunto, alguien que por sus actitudes en la secretaría de Arana adquirió alguna fama -no sabemos si justa o injustamente- de bueno, digamos de persona gravitante en decisiones comerciales importantes, y le enrostró a Tornaría errores en su defensa y la intención de hacer méritos para cursar la carrera de los honores en el Partido Nacional, éste le contestó -en lo que de contestable tenía lo que sonó a exabrupto- que "he sido, soy y seré blanco", pero que ello no le impedía cumplir con sus deberes profesionales, en el caso con un amigo y sin cobrarle honorarios.
Quizá estas dos últimas precisiones sean innecesarias. Un abogado -a diferencia de un médico que tiene la obligación de salvar una vida- tiene no siempre, pero sí a veces, cierto margen para decidir libremente si asume o no una defensa.
Pero si su conciencia le dicta que debe hacerlo, los de afuera son de palo para juzgarlo. Y lo de los honorarios es un aspecto secundario.
Para quien suscribe esta nota, estas son las reglas y las ha aplicado a rajatabla en su vida.
Defendiendo cuando entendió que debía hacerlo a delincuentes y hasta a tupamaros ante la Justicia Militar y obteniendo en este caso como invalorable recompensa un brulote de un tal señor general Silva Ledesma y el afecto de sus defendidos.
Especialmente de una casi adolescente que en su extensa prisión quiso testimoniarle su gratitud regalándole un porta-documentos de cuero, uno de sus trabajos manuales en la cárcel, que guardo como un trofeo.
Lo hice por responsabilidad profesional, sin dejar de considerar como siempre a los guerrilleros como delincuentes, en esa condición amnistiados por la ley.
Y Tornaría está procediendo así. ¿Qué tiene que ver que sea blanco si quien se lo recordó, con esa visión rastrera de la política, debió tener en cuenta que la presunta culpabilidad de Bengoa enchastra al Frente y a Astori y él trabaja para evitarlo?
Es injusto generalizar, pero es corriente ver al frenteamplista que lucha por el poder razonar y argumentar pretendiendo hacer valer la ley de la selva.
Siga adelante colega, que va por el buen camino.