Álvaro Ahunchain
Álvaro Ahunchain

Evita te ama

Recomiendo googlear la expresión "libros de lectura peronistas". Se desplegará un buen número de páginas de libros infantiles de lectura editados en Argentina durante los gobiernos de Juan Domingo Perón.

Acompañados de preciosas ilustraciones a color del líder y su esposa, aparecen textos tales como "Perón ama a los niños", "Perón y Evita nos aman", "Evita mira a la nena, el nene mira a Evita" o el siguiente diálogo:

"-Yo juego con mi pelota de goma.

"-¿Te la regaló tu papá?

"-No; es un regalo de la Fundación Eva Perón".

¡Qué sutileza!

No hay duda de que la laicidad en la enseñanza no ha sido el fuerte de los populismos latinoamericanos. Lo interesante es que esa sonrisa despectiva con que solemos mirar estas cosas los uruguayos, en el país de José Pedro Varela y José Enrique Rodó, de pronto se transforma en una mueca vergonzante cuando nos encontramos, en pleno siglo XXI, discutiendo sobre algo tan evidente como que al usar los docentes un tapaboca con un mensaje publicitario contra una ley, están infringiendo la Constitución.

Vi dos programas de televisión en canal 12 sobre el tema y no podía salir de mi asombro.

En Esta boca es mía, el Doctor en Educación Antonio Romano, en lugar de condenar de una, esta acción proselitista, la relativizó y cargó las tintas contra la razonable prohibición resuelta por el Codicen. Para Romano, el tema debió haberse dejado librado a una especie de negociación entre la dirección y los docentes de cada centro. Algunos de los participantes del programa se enfrascaron en una insólita discusión sobre libertad de expresión, incapaces de diferenciar entre esta y el mero proselitismo político partidario, claramente vedado en las aulas según la normativa vigente aquí y en cualquier país democrático. El momento más revelador fue cuando la conductora Victoria Rodríguez leyó el mensaje enviado por una espectadora, proponiendo entonces que mandaría a su nieto a la escuela con un tapaboca que dijera "soy anticomunista". El invitado quedó sin palabras y cambió de tema, mandando la respuesta al óbol.

Unos días después, el programa Séptimo Día del mismo canal invitó a otro defensor del mismo disparate, el vicepresidente de Fenapes Marcel Slamovitz.

Nelson Fernández le hizo una pregunta similar: qué pasaría si un docente ingresara al aula con un tapaboca que dijera "no al aborto", por ejemplo, y el sindicalista no dudó en aclarar que eso sí, constituiría una violación a la laicidad.

Es gracioso ver como para algunos la laicidad es buena o mala, dependiendo de qué opinión ampara.

Pero lo grave no es que haya un experto en Educación que justifique una acción proselitista en el aula, o que un sindicalista ideologizado haga lo propio. Lo verdaderamente grave es que una falta tan obvia e indiscutible sea motivo de debate en este país, justo en el país de Varela y Rodó.

Cuando uno ve esto con ojos racionales y desapasionados, termina entendiendo por qué la educación pública está como está.

No faltan buenos docentes. No faltan recursos. Lo que falta es un mínimo acuerdo de valores republicanos que nos sean comunes. Así no hay escuela vareliana que aguante.

A pesar de los grandes intelectuales que nos enseñaron a promover el espíritu crítico y amar el conocimiento, tal vez dentro de unos años el acto de enseñanza-aprendizaje se reducirá a inculcar eslóganes como "Evita te ama" o su versión actual aún más sutil: "no LUC".

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