Abuelita en apuros

Muy nerviosa porque estaba a punto de ser abuela, Elsa Hernández se resistía a abandonar Artigas y viajar a Montevideo para actuar como diputada suplente. De su voto, en sustitución del comunista Dávila, dependía que el Frente Amplio obtuviera la mayoría para aprobar la ley de Participación Público Privada. Al fin la persuadieron y esta integrante de un grupo no comunista levantó su mano y la ley se aprobó. De todos modos, su inexperiencia y las presiones le jugaron una mala pasada pues cuando pidió la palabra para fundar su voto le advirtieron que se estaba discutiendo otro tema, el seguro de paro para trabajadores de Metzen y Sena. Enfurruñada, la buena señora volvió a Artigas rezando para que las idas y vueltas del Partido Comunista no la vuelvan a poner en semejantes aprietos.

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