1 a 0 abajo

Hace apenas dos columnas, en el mes de abril, hablábamos del desarrollo del gobierno utilizando una analogía futbolera. Se llamaba “Aguantando el empate”. Pues bien, en el transcurso de estos dos meses el tanteador cambió: ya van 1 a 0 abajo.

Van perdiendo y jugando mal. No tocan una pelota, y cuando la tocan va afuera. Un desastre sin liderazgo, con jugadores que se pelean dentro y fuera de la cancha y un capitán que no manda. Y no alcanza con echarle la culpa al árbitro, al otro equipo, a la directiva o a los hinchas. Es más, sus propios hinchas son los que están más decepcionados. Y los abucheos de la hinchada los pone nerviosos. Los descoloca y empiezan a pegar. Las amarillas son inevitables y las rojas serán cuestión de tiempo.

Primero Equipo Consultores y luego Factum dejaron sobre la mesa números preocupantes. La primera dio un saldo de aprobación a la gestión de -21% y la segunda de -17%. A los días cayó Opción y terminó de rematar con un -28%. Si menos de un tercio aprueba la gestión del Presidente (29% Factum, 27 % Equipos, 20% Opción) efectivamente es para preocuparse. Pero preocuparnos todos, no solo en Torre Ejecutiva. Si para el gobierno se encienden luces amarillas, naranjas o del color que sea, poco importa. La cuestión real es que son los síntomas de algo más profundo: un país en retroceso. Vale decir que estos números previos al “Camioneta Gate”, así que habrá más novedades para este boletín.

Este gobierno no tiene agenda. Es reactivo y minúsculo. Se detiene en intrascendencias y solemniza lo obvio. Una revolución de cosas simples es una forma romántica de justificar la ausencia absoluta de grandes cosas.

Primera infancia sin respuestas, gente en situación de calle en un nivel sin precedentes, seguridad en crisis, inversión en retirada, empleo en situación crítica, riesgo de cambios en ahorros de las Afaps, naturalmente son factores sociales que influyen en el clima de frustración de quienes legítimamente esperaban respuestas. Pero después están factores internos, que deslegitiman. Si un día cometen errores gigantes y al otro día también, el efecto de acumulación naturalmente desenamora.

Me decía hace unos días un amigo con bastante ojo para el análisis político que “van a disparar para adelante”.

La cuestión es que las acciones del gobierno no atacan los temas de fondo que tienen disconformes a propios y ajenos.

Por lo tanto, nada hace suponer que vayan a mejorar (ni en resultados ni en imagen) porque están cantando errado. Reaccionando en otra frecuencia no van a enderezar el barco. Podrán decir con cara de circunstancia que entienden la disconformidad de la gente, pero realmente no la entienden. ¿Acaso alguien vió en los últimos días medidas disruptivas para los grandes problemas o reformas profundas para los asuntos que realmente preocupan? No, solo se han enterrado en una crisis ética de la que no voy a escribir, porque los hechos se describen solos y no hace falta análisis ni reflexión.

Solo diré que arrastrarán por 3 años y medio una crisis que es un monstruo de dos cabezas: crisis de autoridad y crisis de credibilidad. Crisis de autoridad porque el Presidente perdió la autoridad moral. ¿Qué podrá exigir a otros un actor con ese grado de permisividad y flexibilidad en su propio accionar? ¿Qué legitimidad tendrá?

Crisis de credibilidad porque cada una de sus acciones o dichos estarán embargados de suspicacias y dudas. ¿Es posible que mienta u oculte quien ya lo ha hecho en el pasado? Como decía Friedrich Nietzche: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que de ahora en adelante no podré confiar en ti” Moraleja: el problema no es por una camioneta ni por un descuento ni por una rifa, el problema es ético. Y de la ética no se da cátedra, se practica y listo. Estamos a las puertas de una Rendición de Cuentas. El gobierno es mano. Podrá plantear acá acciones que sirvan para dar un golpe de timón o de lo contrario seguirán naufragando.

Sus dificultades económicas son evidentes. Las promesas incumplidas emanan principalmente de allí, de la irresponsabilidad de plantear en campaña planes impracticables y medidas impagables. Si escapan por izquierda van a necesitar una plata que no tienen. Como decía Margaret Thatcher “el socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero….de los demás”.

Y si pretenden escapar a través de medidas profundas, no parecen viables desde el tono confrontativo y agresivo que ya les es propio y más aún por la crisis de legitimidad del primer mandatario por estos días.

Está difícil la mano. Porque se los nota empantanados en su propia organización interna. Con ataques políticos entre ellos, desautorizaciones permanentes al Presidente, deslegitimaciones que socavan su autoridad y una ausencia de mando que preocupa. No lo cuidan al primer mandatario ni sabe cuidarse él mismo. Opina de todo y a toda hora. Siempre con abstracción y liviandad, nunca con solvencia y jerarquía (si, ya sabemos que la crisis de los últimos días lo terminó de quebrar).

Esa imagen de choque y roces internos me hace acordar a un cuadro de Goya, llamado “Duelo a garrotazos”. Son dos hombres que se golpean sin poder escapar. No están de pie en tierra firme, están hundidos en el barro hasta las rodillas y cuanto más intentan vencer al otro, más atrapados quedan los dos. Goya pinta un enfrentamiento que es universal y atemporal: dos bandos destruyéndose mientras el suelo se los traga. Nadie parece ganar, nadie parece poder irse. Solo queda el golpe, el enfrentamiento, el cansancio y un clima de desesperanza por algo que ya ni recuerdan por qué empezó.

No se ve un Presidente libre. Se lo ve atado, condicionado desde antes de empezar por una fuerza política enfrascada en luchas internas tan viejas como profundas. Y esa libertad de la que parece carecer va atada a una falta de legitimidad (no electoral obviamente, fue electo popularmente) sino en un liderazgo circunstancial que no fue construido sino otorgado colectivamente por una fuerza política que le encomendó una función electoral más no de gobierno (esa se la reservaron a una distribución interna de poder que no estaban dispuestos a conceder)

Aguantaron el empate mientras pudieron. Hoy ya pasaron 1 a 0 abajo. Y ni siquiera ha terminado el primer tiempo…

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