Publicidad

PBI

Edgardo Montevideo
Alfredo Etchegaray Montevideo
SEGUIR Hernán Bonilla Introduzca el texto aquí El ministro Astori informó que el crecimiento de la economía uruguaya será menor en el segundo trimestre que en el primero, en una entrevista en el programa Punto de Vista de Radio Uruguay. Dado que debemos suponer que el ministro se basa en información que adelanta la publicación oficial de ese dato que el Banco Central dará a conocer en setiembre corresponde tomarla con preocupación. Recordemos que la última información disponible mostró que el crecimiento del PIB interanual en el primer trimestre fue 2,2% mientras que en términos desestacionalizados frente al trimestre anterior fue 1,1%. La proyección de crecimiento oficial para 2018 es de 2,5%, mientras que la de los analistas privados es menor, como debería serlo la del gobierno si toma en cuenta los cambios en la coyuntura internacional que se sucedieron desde que presentó la rendición de cuentas. Este punto es central para el análisis ya que una de las fuentes fundamentales para lograr la trayectoria fiscal propuesta por el gobierno es el incremento del producto. Si el crecimiento de nuestra economía es menor al previsto la pauta de reducción de déficit fiscal planteada no solo no ocurrirá, lo que ya se da como un hecho, sino que corremos el riesgo incluso de que vaya en aumento. Como partimos de un déficit muy elevado, de 4% en junio por segundo mes consecutivo, y una relación deuda bruta sobre producto de 66,9% en el primer trimestre, al volverse muy probable un escenario de desaceleración más rápido del previsto por el gobierno se plantea la posibilidad cierta de que las cuentas fiscales continúen empeorando. Vale decir, ya no solo no se incumplirá la meta fiscal de 2,5%, sino que podemos tener el año próximo un déficit fiscal superior al actual y eso pondría al país en una situación compleja. En columnas anteriores criticamos la suba del gasto en la rendición de cuentas a estudio del Parlamento porque lo que debería haberse hecho es una reducción. Desde la presentación de la rendición hasta ahora el contexto es menos favorable para el país y su crecimiento será menor, por lo que, dado que difícilmente se cambie algo en la rendición, al gobierno solo le queda tomar medidas administrativas. Dos iniciativas aparecen dentro del menú con impacto fiscal. La primera, que es topear la ejecución de algunos gastos como propusimos en otras oportunidades, es una medida necesaria e impostergable. Es, asimismo, indispensable comenzar a ejecutar la anunciada medida de que ingresen 2 funcionarios públicos por cada 3 vacantes, que pese a que se afirmó que se estaba aplicando, los datos de la Oficina Nacional del Servicio Civil lo desmienten. Más aún, el ingreso debería ser aún más estricto y selectivo que la medida anunciada y no aplicada anteriormente. El gobierno no puede seguir con piloto automático hasta el fin de su mandato, falta demasiado tiempo y los desafíos son muchos y relevantes. No es admisible que, como en el caso de la reforma del sistema de seguridad social, solo se anuncie que será un tema que deberá encarar el próximo gobierno. En este punto, como en tantos otros, es mejor actuar mientras existe margen de maniobra que obligados por las circunstancias, y en ese sentido el gobierno tiene una responsabilidad que ejercer.
SEGUIR Ignacio De Posadas Introduzca el texto aquí Que los hay, los hay. Veamos: I) La carga tributaria en el Uruguay (lo que el Estado le saca a la gente) alcanza prácticamente al 28% del PBI. De cada $ 100 que producen los uruguayos, el fisco manotea $ 28. Eso, ¿es mucho o poco? Si seguimos la práctica, tan nuestra, de compararnos con quienes nos conviene, podemos estar felices de ver que en Argentina y Brasil el peso tributario es mayor (3132%). ¿Tema liquidado ? Si esos fueran los únicos dos países en el mundo aparte de nosotros, sí. Pero ampliemos un poco el foco: País Carga Tributaria como % del PIB
SEGUIR Introduzca el texto aquí Lo económico domina la escena: desde el pacto con UPM a los rastros de petróleo y la esperanza de alimentar a China, los temas del PBI menudean en los Consejos de Ministros y los desayunos de trabajo que ya atoran las agendas de fin de año. No es para extrañarse. La economía es intrínseca a lo humano. La renta nacional no le basta a nuestro Estado, obeso y fláccido. Los edificios públicos pasan el año entero pintarrajeados por reclamos.
EDITORIAL En lo que va de los tres gobiernos del Frente Amplio no se ha logrado aprobar ni un solo tratado de libre comercio y el único que se firmó, con Chile, duerme en el Parlamento debido a la oposición parapetada en ideologías del partido de gobierno. Las noticias respecto de la realidad económica de nuestro país siguen siendo mixtas. El último dato oficial conocido sobre la evolución de la economía publicado por el Banco Central la semana pasada, mostró que en el segundo trimestre del presente año el Producto Bruto Interno (PBI) cayó 0,8% en términos desestacionalizados respecto al primer trimestre del año. Este dato, si bien sorpresivo dado que la mayoría de los analistas no esperaban una caída del producto, no cambia mayormente las perspectivas para 2017 y lo más probable es que de todas formas el país termine creciendo en el entorno del 3% para la tasa anual. La evolución reciente del mercado de trabajo también es motivo de preocupación. Ya se perdieron unos 40.000 puestos de trabajo en los últimos 2 años y no hay signos de recuperación en 2017; por el contrario, todo parece indicar que se seguirán perdiendo puestos de trabajo. Otros datos que muestran que la situación de la economía es bastante más compleja que lo que muestra el dato aislado del PBI, es el número creciente de empresas que se presentan a concurso. En lo que va del año ha aumentado 55% respecto del mismo período del año pasado. Al mismo tiempo, indicadores de confianza del consumidor, como el elaborado por la consultora Equipos Consultores, muestra que el ánimo de los uruguayos se encuentra en una zona de "moderado pesimismo". Por tanto, la situación de la economía para trabajadores y empresarios dista de ser halagüeña y hay una razón fundamental —que el gobierno se ha negado obstinadamente a reconocer— y que es la brutal pérdida de competitividad que acumulamos, sumado a que los motores que pueden impulsar el crecimiento están apagados. En efecto, los datos recientes confirman una caída de la inversión, sin la cual, como es sabido, no puede existir crecimiento en el largo plazo. Adicionalmente, todos los indicadores de competitividad nos encuentran mal parados, por lo que algunos ejemplos bastarán para ilustrar el punto. Al presente acumulamos un importante atraso cambiario, del orden del 20% según las más diversas formas de estimarlo. Sin embargo, el ministro Astori afirma suelto de cuerpo que no existe atraso cambiario en nuestro país. La respuesta vino de su propio compañero de partido, Alberto Couriel, quien afirmó que "todos los colegas decimos que hay atraso cambiario menos el Ministro". Efectivamente, valga por esta vez afirmar que Couriel tiene razón. Y peor aún, mientras el gobierno no admita que existe atraso cambiario, naturalmente no se tomará ninguna medida para corregirlo. Lo mismo ocurre con otros temas que hacen que el país sea poco competitivo. Tenemos una de las cargas fiscales más altas del mundo sobre el trabajo, como demostró en su reciente libro el economista argentino José Luis Espert. Tenemos tarifas públicas que cumplen un fin de herramientas fiscales y que por lo tanto expolian a los uruguayos. La diferencia abismal de los precios de la energía eléctrica y los combustibles respecto del resto del continente es elocuente al respecto. Esta situación tampoco es admitida por el gobierno, que se contenta con que Ancap deje de perder dinero aunque siga sin saber qué hacer con las formidables inversiones que se realizaron durante la desastrosa gestión de Daniel Martínez, luego continuada con igual éxito por Raúl Sendic. Nuestra inexistente política de inserción también es un lastre para la producción exportadora: debemos pagar aranceles en casi todos los países del mundo mientras nuestros competidores no lo hacen, simplemente porque tienen gobiernos que se han ocupado del tema. Astori y Nin Novoa hablan un día sí y otro también sobre la necesidad de una mayor apertura comercial, pero la realidad muestra que no han hecho absolutamente nada. En lo que va de los tres gobiernos del Frente Amplio no se ha logrado aprobar ni un solo tratado de libre comercio, y el único que se firmó, con Chile, duerme en el Parlamento debido a la oposición parapetada en ideologías derrotadas por la historia, ostentadas por la mayoría del partido de gobierno. En definitiva, es lógico que la economía uruguaya tenga problemas para continuar creciendo porque cae la inversión y porque no es competitiva. Si no se corrigen estos temas podremos tener un crecimiento efímero impulsado por el viento de cola que volvió a soplar desde el año pasado, pero la enorme mayoría de los uruguayos no lo sentirá porque se acumulará en sectores de enclave de la economía. El gobierno debería ser consciente de esta situación, salvo que viva en un mundo paralelo.
Compitiendo por el puesto del mejor alumno, Uruguay corre a suscribir acuerdos para pasar los análisis de transparencia frente a la OCDE o frente al Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), sin importar si las exigencias impuestas por los gobiernos de los demás países son beneficiosas o no para la inversión en Uruguay. Dicho esto, no en contra de integrar los organismos, sino en contra de cumplir, no siendo miembros, con exigencias que no nos son favorables. Compitiendo por el puesto del mejor alumno, Uruguay corre a suscribir acuerdos para pasar los análisis de transparencia frente a la OCDE o frente al Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), sin importar si las exigencias impuestas por los gobiernos de los demás países son beneficiosas o no para la inversión en Uruguay. Dicho esto, no en contra de integrar los organismos, sino en contra de cumplir, no siendo miembros, con exigencias que no nos son favorables. En efecto, otras son las exigencias de tales entidades, para considerarnos aptos para ingresar a su núcleo, que afectan por ejemplo la reforma del estado y de sus empresas públicas, lo que ciertamente sería altamente beneficioso para todos, pero las medidas tocarían intereses de gremios poderosos, al igual que si comenzamos por la reforma de la educación, también requisito de la OCDE, pero parecería que tenemos oídos solo para lo que queremos oír. En otras palabras hemos usado el cuco de la OCDE para llevar a cabo una reforma que estaba en los principios fundamentalistas de ciertos sectores no liberales que desprecian la libertad y la privacidad de las personas y solo desean tener información para aplicar la garra impositiva sobre los bienes de los ciudadanos.

Publicidad