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Aníbal Durán Hontou

SEGUIR Anibal duran hontou Introduzca el texto aquí Prematuramente se hablan de candidaturas. Todos, sin excepción. La prensa se hace eco. Es inevitable, por más que la cantinela es “no es tiempo de hablar de esas cosas”, que NO lo es. Pero entrando en materia, me sumo a dar opinión sobre el tema. Tiempo atrás me refería con el título “mezquinos o virtuosos” a la conducta que estimaba y estimo deberían tener los precandidatos de cara a la elección nacional.
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SEGUIR ANÍBAL DURÁN Introduzca el texto aquí Entiendo que la frase del título de esta prosa pertenece a Milton Friedman. Y cuánta esencia existe en la misma. Alude a lo que nos cuesta cambiar, al espíritu conservador y anquilosado, que ve como la vida pasa frente a sus narices y la inercia le va ganando el partido. Nos da temor subir la vara para imaginar otras soluciones a los problemas cotidianos. Aguzar la imaginación, estimular respuestas creativas para problemas añejos, parecería que no están en el menú (o no lo estaban).
SEGUIR ANÍBAL DURÁN Introduzca el texto aquí El Parlamento o la vida interna de los partidos son espacios donde la política se enfrenta al conflicto, acicate medular de la democracia. Eso sí, hay que procesarlo de manera adecuada para que fortalezca las instituciones del país que sea. Por supuesto que en democracia, el acuerdo es el resultado final del diálogo, la superación final del conflicto.
SEGUIR Aníbal Durán Hontou Introduzca el texto aquí Estaba pensando sobre todo en Argentina, cuando escribí el título de esta prosa. El simple hecho que la señora de Kirchner tenga alguna chance de poder volver a ser gobierno, debería sumergirnos en un tembladeral moral donde la misma está en la penumbra más absoluta. Cuesta entender cómo además de no aquilatar la gestión pésima de gobierno de esta señora, por dos períodos (y donde en gran parte de su tarea los precios de los commodities volaban), los argentinos, ese 30% que tendría a su favor, la pueden volver a considerar cuando todo su entorno íntimo y de su difunto cónyuge está preso por chorros y ella tiene casi una decena de causas abiertas, por trapisondas multimillonarias, sin perjuicio de la firma del documento con Irán y de la muerte del fiscal Nisman. Escucho hablar al sindicalista D’Elía y a la señora de Bonafini y dan ganas de instaurar el voto calificado. Y no es porque tengan ideas que uno no comparte, sino porque trasuntan odio, rencor, venganza, no conocen del respeto hacia el otro ni valoran su opinión. Síntoma K y de tantos otros “líderes” de esta región, algunos también presos por delitos varios. Los argentinos, en un porcentaje no menor, no están dignificando la política. Les importa un comino que vuelva alguien sospechada de ser la corrupta más importante de la historia. Todo lo que presuntamente robó no fue volcado en obras sociales, o en arreglo de carreteras, o en la construcción de cloacas o en mejorar la salud y nada cuenta, más que los cánticos contagiosos de astutos líderes sindicales y también políticos, que manejan la gente a su antojo. Hemos escrito desde este espacio: la política es una carrera abierta. A diferencia de otras profesiones que exigen exámenes y diplomas, es accesible a todos. Por ello hay que honrarla y no explotarla. Por ello hay que dignificarla y no valerse de ella para hacer de la injuria, la bravuconada y la inmoralidad, una impronta sin concesiones. Y uno siente que cada vez nos alejamos más de todo lo que implique actuar con dignidad. Esta actitud de dignidad debería ser previa a cualquier posibilidad de consenso y los mismos políticos que se deben entre sí un trato vibrante pero deferente y honesto, deberían radiar a quienes buscan medrar gracias a un circunstancial puesto que ocupan. Basta de opacidad, basta de negarse a que actúen comisiones investigadoras, basta de especulaciones de todo tenor, por no conocer de primera mano y con la seriedad debida cómo son las cosas. Los políticos nos deben respeto, compromiso, franqueza y muchas veces nos toman el pelo sin pudor alguno. Es imprescindible priorizar al político animado por el sentimiento genuino del interés público, dejando de lado a los que buscan un refugio que oficie de coraza ante actos que no se condicen con las buenas costumbres. El hombre público siempre está obligado a rendir cuentas y tiene a la ciudadanía como la clientela. ¿Para qué se quiere gobernar? La política es el arte, la voluntad y la pasión de gobernar. Se debe perseguir el sano norte de mejorar la calidad de vida a la gente, sin embustes, con la mano tendida y sin aprovechar un ápice en forma indebida su condición de servidor público. No hay que bajar los brazos ni resignarse. Eso es lo que quieren los demagogos, los que suman esfuerzos para que la gente no piense y los entretienen con planes sociales cuyo único fin en definitiva, es enterrar su sentido de la dignidad a cambio de un voto teñido de impudicia. Si la política se confunde con el interés general, si el político pertenece a la sociedad, entonces yo ciudadano le exijo que esté a la altura de las circunstancias. Y no estoy aquilatando su talento, que podrá tener en mayor o menor medida. Estoy incursionando en la ética que reflexiona sobre el fenómeno moral y este alude a las reglas, normas, al contenido de la acción humana. La corrupción es un fenómeno social generalizado, que solo puede combatirse por medio de la revalorización ética y la lucha institucional y jurídico penal contra ella, pero además, con el involucramiento de la gente de manera activa, en política. No les dejemos el campo orégano para que actúen a sus anchas. La gente está hastiada de la política y hace caso omiso a todo el acontecer en torno a ella y se sumerge en sus actividades, sin salirse de su torre de Babel. Involucrarse es un deber moral que se lo debemos a nuestra descendencia, para dejarles un país que comience el camino hacia el desarrollo. Estamos muy lejos de dicha condición y no hay atisbos de reacción. Los grandes líderes se preocupan por aquellos a quienes dirigen y el privilegio de dirigirlos es a expensas del interés propio. Tiempos idos… Quiero talento y responsabilidad en quien dirija este país y su entorno, pero le exijo hombría de bien como impronta innegociable que nos lleve a decorosos derroteros…
SEGUIR Anibal Durán Introduzca el texto aquí Muy por encima de todos los logros que se puedan obtener, de nuestro bienestar económico que implica mejor calidad de vida, está lo que se llama un ideal de comportamiento humano, esto es, el fenómeno moral. ¿ Qué debo hacer? Esa es la pregunta de la moral, a quien acompaña la pregunta de la ética ¿ qué elijo hacer? Los valores de la moral están ante nosotros y elegimos una actitud respecto de ellos. Tal elección define nuestra ética. Para el corrupto vale más lo que usurpa que el bienestar o el derecho del prójimo. El embaucador valora antes la mentira que la verdad. El oportunista de cualquier rango o profesión pone por delante de la integridad a la impudicia. Y así en cada oportunidad. Cada quien tiene su ética. Pero no toda ética es moral. Vivimos en una época en que se habla de ética con total liviandad, pero estamos en un “default moral”. De todos los pelos, se cometen pequeñas o grandes trapisondas, y la ciudadanía es rehén de esa situación. Ser y parecer, eso se decía de la mujer del César. Por la importancia que tenía en la sociedad romana la mujer del Emperador, ésta no solo debía ser honrada sino parecerlo. Y aquí la parentela asesora a jerarcas, los concubinos no se quedan atrás y los hijos de ciertos ministros, son sus secretarios, entre tantas perlas. Y los políticos siguen viajando además, sin el más mínimo pudor, con viáticos, sin viáticos, a eventos en el exterior (Parlamentos internacionales), que intuyo no tienen la menor relevancia para nuestro país. Ya lo hemos escrito: al ser la política una carrera abierta, no hay que dar examen de ingreso ni se exige diploma para nada, puede ingresar cualquier ciudadano. El tema es… qué lo inspira a dicho ciudadano a ingresar. Todos hablan bonito, vaya que sí, pero luego se suceden las inconductas. Y es tan censurable, apropiarse de algo indebido, cómo poner a un pariente directo en un puesto de jerarquía, cómo viajar por el mundo con viáticos pagos a reuniones absolutamente inconducentes. Los políticos que no están animados por el sentimiento del interés público y buscan en la política un refugio haciendo de la misma un oficio cuando debería ser un deber, tienen que ser radiados. La ciudadanía debe tomar nota de ello y penalizarlos. ¿Qué ha pasado que antes existían esos valores que enaltecían la actividad política? Seguramente estamos inmersos en una sociedad donde los buenos valores languidecen, momento de decadencia moral y de relajamiento de los controles éticos y del valor de la conciencia de la propia dignidad. Y el fenómeno de la corrupción que nos acecha; fenómeno que puede combatirse con la revalorización ética y la lucha institucional y jurídico penal contra ella, pero por sobre todo, con el interés del ciudadano, involucrarse en la cosa pública y no aparecer como indiferentes ante tanto desatino. La política como arte de gobierno, es un elemento necesario del Estado. Sin política no puede haber vida social institucionalizada. De allí que debamos dignificarla y que la ejerzan quienes además de que sientan dicha vocación, posean hombría de bien. Habrá progreso moral cuando recordemos que vivimos con otros, entre otros y que nos necesitamos los unos a los otros. Mientras no entendamos esto por más confort que haya, por más que vivamos en viviendas donde la tecnología y la comodidad son un lugar común , por más que obtengamos todo el bienestar que se necesite ( y además en este país a mucha gente eso no le sucede), seguiremos inmersos en el mundo del subdesarrollo porque continuaremos sin entender nada. Estamos como estamos porque somos como somos. Nos oímos, más no nos escuchamos. Cuidamos la chacra, cuál infante se aferra a su biberón y somos defensores de causas perdidas porque predomina el Partido a la causa nacional. ¿O no dijo la señora vicepresidente que vio el título de Sendic? Una, entre tantas grageas… ¿Existe vocación de servicio? La vocación de servicio debe estar ligada a la política. Vocación que no debe ser mezquina, calculadora, no sujeta a condicionamientos y mucho menos con elementos e indignidad que socaven la moral. Parecería que eso no sucede y lamentablemente el sayo le cabe a todos los partidos. No se rasguen más las vestiduras, empezando por el gobierno y basta del dedito índice acusador. Mirada introspectiva es lo que falta. ¿Cómo no tienen el decoro, la dupla Bonomi-Vázquez de renunciar a sus cargos, aunque en apariencia nada cambie? Tiene que darse cuenta el espectro político que: a)la gente está hastiada, no es tonta y consecuentemente b) la confianza se evapora. La credibilidad comenzará a jugar su partido…
SEGUIR Anibal Durán Introduzca el texto aquí Las elecciones argentinas nos muestran una realidad incontrastable: la gente de Cambiemos, aún en el error, es confiable. Desde el Presidente Macri, pasando por la gobernadora Vidal y el entorno. Escuchar a la citada gobernadora, sin perjuicio de su carisma, es ver a una persona totalmente compenetrada con la causa de los bonaerenses, se alegra con los logros, sufre con los perjuicios, es la antítesis del populismo y la demagogia. Lentamente se le va corriendo el velo a la señora Cristina, que muestra una faceta totalmente opuesta. Sin perjuicio de aspectos reñidos con la moral, con multiplicidad de causas pendientes, ahora con pose de "cordero degollado", se palpa en ella una actitud permanentemente impostada, alejada de reflejar un sentimiento auténtico, veraz, compenetrado con los ciudadanos. Y al final tanto va el cántaro al agua… que la verdad ve la luz y la esperanza emerge en la Argentina. Estoy refiriéndome a políticos que dicen la verdad y que expresan un sentimiento genuino de preocupación y ocupación por la gente. Después nos gustarán o no las medidas que puedan tomarse, allí nunca habrá unanimidades. Pero lo previo es ser auténtico. Ya hemos reflexionado desde esta página que la política se confunde con el interés general; un hombre político es público, pertenece a todos, entonces lo mínimo que puede exigírsele (si el talento escaseara…), es que actúe con dignidad. El hombre político no ejerce una profesión, cumple un mandato, está sometido a la inspección incesante de una crítica severa. El hombre público siempre está obligado a rendir cuentas y tiene a la ciudadanía por clientela (por eso disiento con el "silencio" abrumador en torno a las negociaciones con UPM). No perdamos de vista que la política es una carrera abierta. A diferencia de profesiones y oficios que exigen diplomas y exámenes, es accesible a todos. Por ello hay que honrarla y no explotarla. En definitiva, el gran cernidor son las urnas, pero los hechos demuestran que ejerce la política gente de diversa laya. Los políticos que no están animados por el sentimiento del interés público y buscan en la política un refugio (y un salario digno), haciendo de ella un oficio cuando debería ser un deber, tienen que ser radiados. La ciudadanía debe ser estricta, tomar nota de ello y penalizarlos, no otorgándoles otro voto de confianza. Por eso, todas las comisiones investigadoras que el Frente Amplio no ha permitido, con la excusa trivial de que la oposición busca un circo mediático, va en contra de esta transparencia que pregonamos. Lamentablemente, en la medida en que la ciudadanía más se aleja de la política y generaliza la frase "son todos iguales", está favoreciendo a los inescrupulosos, a los que buscan medrar con todas las oportunidades que un cargo político depara. Y aquí soy estricto: las trapisondas se han visto en todos los partidos políticos, no hay nadie inmunizado contra este flagelo. Por eso, además, hay que lamentar lo que sucede a muchos ciudadanos que por indiferencia o egoísmo no aceptan el reto y no salen a la palestra pública, cuando mucho bien le harían a su país. El miedo a los golpes no siempre es el principio de la sabiduría; es cierto que en el interés público hay que decidirse muchas veces a darlos y resignarse a recibirlos. Entonces, así como la ciudadanía de nuestro vecino país viene captando la nueva manera de hacer política, exijamos nosotros dignificar la misma y no valerse de ella para la injuria o actitudes reñidas con la moral o la ética. Por eso no dudo un ápice en afirmar que el Sr. Intendente de Soriano, Bascou, mientras su tema se dilucida, debería haber dado un paso al costado, sin más trámite; al quedarse, expuso a su partido a divergencias intestinas. Lo mismo para el diputado Ezquerra. Incidentes irrisorios, al lado de los insucesos de Pluna y Ancap, obviamente, donde en su momento más de uno tendría que haberse autoexcluido, con un mínimo de pundonor. Es imprescindible que nos hagamos valer y pedir que nos rindan cuentas. Los hechos se van sucediendo, son tapa de diario en un par de jornadas y luego lentamente se diluyen sus efectos y vamos redimiendo tácitamente a sus autores. Decían que los tupamaros habían pergeñado varios "golpes" ya en democracia (más de un libro se ocupó de ello) y hoy Mujica (el Pepe), ante la sonrisa general, azuza a Sanguinetti para salir a la lisa electoral, evaluando si él lo hace…Cuesta creer. Qué poca rigurosidad tenemos para el análisis. Exijamos que actúen a la altura de las circunstancias. Si somos maleables, favorecemos a los inescrupulosos.
La Confederación de Cámaras Empresariales (CCE) ha irrumpido en la escena pública, esta vez con visos de organización, rumbo y ganas de perpetuarse. Hace muchos años que se reúnen los Presidentes de las gremiales, intercambiando ideas sobre la realidad del país, en una actitud que lucía defensiva ante la realidad y normativas del gobierno. Entiendo que esta vez se ha tornado en una actitud proactiva, donde se pretende ser un jugador de peso dentro del quehacer nacional. Hacía falta y en buena hora. La Confederación de Cámaras Empresariales (CCE) ha irrumpido en la escena pública, esta vez con visos de organización, rumbo y ganas de perpetuarse. Hace muchos años que se reúnen los Presidentes de las gremiales, intercambiando ideas sobre la realidad del país, en una actitud que lucía defensiva ante la realidad y normativas del gobierno. Entiendo que esta vez se ha tornado en una actitud proactiva, donde se pretende ser un jugador de peso dentro del quehacer nacional. Hacía falta y en buena hora. Es buena cosa centralizar los planteos e intentar que discurran por una vía común. Las gremiales discuten en la interna las posiciones y luego en la búsqueda del consenso se llega a una definición y a conceptos base, que la sociedad comienza a asumir. Así, hace pocos días se realizó un evento sobre competitividad donde participaron destacados profesionales de la escena nacional.
La falta de empatía, esto es, ponernos en el lugar del otro, nos lleva a protagonizar actitudes con una aureola de omnipotencia que cuesta justificar. Hay afirmaciones temerarias que digerirlas lleva mucho tiempo y la perplejidad nos invade. La falta de empatía, esto es, ponernos en el lugar del otro, nos lleva a protagonizar actitudes con una aureola de omnipotencia que cuesta justificar. Hay afirmaciones temerarias que digerirlas lleva mucho tiempo y la perplejidad nos invade. A veces se exponen argumentos que pareciera tuvieran como destinatarios a grandes tontos, la ciudadanía, que impertérrita y sumisa, asimila y asimila.
La metáfora que hace al título de la nota, la protagonizó Deng Xiaoping, reformista chino y líder del Partido Comunista chino entre 1978 y comienzos de la década del 90. La metáfora que hace al título de la nota, la protagonizó Deng Xiaoping, reformista chino y líder del Partido Comunista chino entre 1978 y comienzos de la década del 90. Decía el citado líder: “No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”.
El pasado julio 6, El Observador publicó una entrevista que le hizo Montevideo Portal a Jhon Jairo Velásquez Popeye, jefe de sicarios de Pablo Escobar, líder del Cártel de Medellín, notoria banda de narcotraficantes colombiana. El pasado julio 6, El Observador publicó una entrevista que le hizo Montevideo Portal a Jhon Jairo Velásquez Popeye, jefe de sicarios de Pablo Escobar, líder del Cártel de Medellín, notoria banda de narcotraficantes colombiana. Reproduce la citada fuente, palabras de Popeye: “tú país (obviamente referido a Uruguay) está totalmente en peligro si el gobierno no interviene las comunas, los barrios pobres” y agregó “hay que intervenirlos con dinero”. Abunda Popeye en que la educación, el deporte, las oportunidades y “el primer trabajo” para los jóvenes pueden hacer la diferencia para que no se involucren en bandas de narcotraficantes. Refiere a que la mafia abraza, da amor, logra dar sentido de pertenencia, para captar incautos jóvenes. “Las bandas de delincuentes no deben sustituir a las familias cuando están ausentes” y remata Popeye: “es delicadísimo que el gobierno uruguayo no intervenga los asentamientos”. Contundente.
La industria de la construcción desparrama su virtuosismo por distintos estamentos de la sociedad y cuando una obra está funcionando, yendo por el absurdo, hasta el almacén cercano incrementa sus ventas. La industria de la construcción desparrama su virtuosismo por distintos estamentos de la sociedad y cuando una obra está funcionando, yendo por el absurdo, hasta el almacén cercano incrementa sus ventas. Hoy la situación es de mucha mesura y se otea el panorama de cara al próximo convenio salarial. El actual vence en setiembre.

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