La fiebre del arándano continúa. La alta rentabilidad, aun tirando abajo los precios internacionales, la longevidad de las plantas, que llevan a producir hasta los 20 años de vida y la necesidad de apostar a rubros frutícolas nuevos, justifican el auge de este rubro no tradicional.
"En Uruguay se está hablando de arándanos (Blueberry) desde 1997, pero el mayor auge se ha dado en los últimos dos años", admitió Jorge Moizo, director de Uruguayan Blueberry y socio fundador de la Asociación de Productores de Arándanos del Uruguay (Anpau).
Productor frutícola perteneciente a la quinta generación familiar, decidió apostar a esta baya globosa hace no más de 3 años. "La cosa venía bastante complicada con los rubros tradicionales y, con un grupo de productores de la zona, comenzamos a manejar una serie de alternativas, para no morir con los ojos abiertos".
Entonces se conformó Anpau y se comenzó a investigar, se visitaron campos arandaneros en Argentina y algunos emprendimientos que ya existían (como es el caso de la familia Neremberg, en Maldonado). En paralelo "comenzamos a analizar el mercado de Estados Unidos (principal productor mundial), enviamos un técnico que estuvo 21 días y trajo unas perspectivas muy alentadoras para los próximos 10 años", dijo Moizo.
Los productores que conforman la Anpau ya tienen plantadas 124 hectáreas. En el caso de Moizo, el año pasado hizo su primera cosecha y, aunque son plantas que tienen dos años de instaladas, levantó 800 kilos por hectárea. "El volumen no era suficiente para exportar, así que apostamos al mercado interno", colocando fruta en los supermercados y la cadena gastronómica. Ahora, la empresa se prepara para exportar.
Los arandaneros uruguayos aún tienen cerrado el mercado de Estados Unidos, pero ya están intentando acelerar las gestiones oficiales para conseguir un protocolo sanitario. Por el momento, apuntan al mercado europeo, a donde no se necesitan protocolos.