Pensar en los tiempos por llegar siempre es una incógnita. La imparable fuerza de la evolución y el cambio confunde y preocupa a todos. El futuro no puede predecirse ni para las personas ni para las instituciones, por lo mismo asusta y, a veces, paraliza.
El mundo que vivimos no es el mismo de ayer ni siquiera el de hace algunos años. Es más, mientras se lee este artículo algo está cambiando o se está descubriendo o se ha modificado. Pero ¿qué cambia?, porque el mundo, entendiendo por tal aquello que nos rodea, sólo está compuesto por dos tipos de elementos: los tangibles, como las personas y las cosas; y, los intangibles, como los conceptos.
En el campo de lo tangible las cosas día a día van siendo distintas, concebidas de otra forma, aplicadas a otros usos, en el fondo reinventadas para obtener el máximo de ellas. Pensemos por ejemplo en la comunicación, cuánto evolucionó el viejo telégrafo hasta la actual internet. ¿Y las personas?, claro que cambian. Desde luego, se adaptan a la variación que van experimentando las cosas y a cada instante deben dominarlas para que cumplan su función y sea el individuo quien saque provecho de las nuevas herramientas; si no hay beneficio, sólo quedan dos opciones o el cambio experimentado por las cosas no tiene utilidad o la persona no sabe cómo extraerla.
evolucion. ¿Y en lo relativo a lo intangible? Desde luego cuando me refiero a "lo intangible", hablo de aquello que no teniendo consistencia física existe e importa mucho más que lo que se puede tocar o apreciar con los sentidos ¿O acaso no existen la Libertad, la Lealtad, la Honestidad, por ejemplo? Si existen y han estado presentes como anhelo o como realidad desde que el hombre pisa este planeta. Y la pregunta es la misma ¿también esos conceptos cambiaron con la evolución del mundo? En mi opinión, para nada. Ni lo harán jamás; lo que sí cambiará será la forma en que se expresen, se amplifiquen y se "sientan" por las personas.
Este pensar en la evolución de lo intangible - de los conceptos - nos conducen a las instituciones y a cómo éstas y las personas que las integran han cambiado o cambiarán.
ideas y conceptos. Pensemos, por ejemplo, en "la Justicia". ¿Es la de hoy distinta a la de ayer? ¿Y mañana que pasará con ella? Ayer, en la viejísima Roma pre-imperial había un hombre que en su calidad de Juez cumplía la función de "dictar justicia". Hoy, luego de milenios, otro hombre sigue haciendo lo mismo; y, en el futuro, con herramientas y medios que ni siquiera soñó el viejo romano o el magistrado actual, continuará haciendo exactamente lo mismo. Lo que cambia es el entorno de la justicia, de forma que la modernidad la haga más eficiente y el fin que persigue se cumpla cada vez con mayor eficacia. Para confirmar esta afirmación basta revisar lo mucho que han evolucionado las herramientas, métodos, procedimientos y técnicas judiciales, en gran medida ligado al avance tecnológico, pero esta modernidad de la justicia no sólo se nutre de la tecnología también de ideas y conceptos, tan antiguas como el Derecho mismo, pero a los cuales —al igual que las cosas— se les descubre nuevas aplicaciones. Sino fuera por el Notario, Escribano, Fedatario o como se le denomine ¿podría un Juez actual tener el tiempo, la capacidad o la eficiencia para involucrarse e incluso hacer y otorgar "fe pública" de cuanto documento requieran las personas? No podría y por ello el viejísimo concepto del "Ministerio de Fe", al que se le encuentran nuevas formas de uso lo ayuda y con él se contribuye a que exista documentos fidedignos que sean útiles y efectivos cuando se produzca el conflicto jurídico y el Juez deba hacer justicia.
asuntos. Así es en el ámbito del Derecho. ¿Y en el mundo Aduanero sucederá lo mismo? La Aduana es una de las instituciones más antiguas en la historia de la humanidad, que nació con la función de "fiscalizar" y "controlar" todo aquello que el Estado —en representación de toda la comunidad— le encargó a lo largo de los tiempos que fiscalizara y controlara, casi siempre asuntos económicos: aquello que debía pagarse para ingresar al territorio, pero también lo no económico, como asuntos de salud y seguridad, por mencionar algunos ¿Cambió la Aduana? ¿Será distinta la función aduanera del futuro de aquella de los años de San Mateo, uno de los primeros aduaneros de los que se tiene registro? No, la Aduana, así como el Juez, si no dicta justicia no es Juez, ésta si no fiscaliza y controla no es Aduana.
Cierto es que hubo un momento en que al caer muchas de las barreras del comercio internacional las Aduanas parecieron obsoletas u objetos arqueológicos, pero bastó hace unos años el 11-S, y hace poco el 11-M para que rápidamente se recobrara la racionalidad y con ello el equilibrio que permanentemente debe existir entre facilitar y controlar; y al hablar de control o de fiscalización y de cómo y cuándo hacerlo o con quiénes se hace, la única posible respuesta fue: la Aduana. Luego "El Enigma" de la Aduana del futuro no es tal, ella va hacer lo mismo que ha hecho desde que existe; sólo debe hacerlo cada vez con mayor eficiencia, por los intereses del país, por la seguridad y tranquilidad de sus habitantes y por el comercio internacional.
desafios. ¿Puede sola la Aduana cumplir su función? Difícilmente, ni siquiera con todos los recursos de que disponen las economías del primer mundo. Y, así como en el ámbito judicial, se busca y existen terceros, que son privados y que no constituyen cargo para el gasto público, en lo aduanero se repite el escenario. Las Aduanas actuales y también las del futuro "delegarán funciones", en personas nombradas por ellas para que les ayuden a fiscalizar y controlar sin dejar de facilitar.
Luego "El Enigma" del futuro tengámoslo respecto de un teléfono o un automóvil, pero respecto de conceptos y de las instituciones que nacen para hacerlos efectivos no hay misterio en el futuro. Esas instituciones harán lo de siempre, sólo que cada vez de mejor forma.
Alvaro Pinedo A.
Abogado.
Profesor Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Universidad Marítima de Chile.
Secretario General Asociación Internacional de Profesionales Aduaneros de América Latina, España y Portugal.