En nota anterior nos referimos al movimiento de las lanchas que trasladaban los pasajeros y tripulantes entre los muelles del puerto y los barcos fondeados en el antepuerto, y lo mismo los lanchones que se utilizaban para trasbordar las cargas desde las embarcaciones de ultramar que fondeaban durante varios días en el antepuerto y a su vez dichos barcos recibían las cargas de exportación que mayormente eran cueros salados, lanas, tasajo cuando aún no se había construido el nuevo puerto de Montevideo, cuya inauguración tuvo lugar recién en 1909. Unas y otras, e incluso los remolcadores, constituyeron importantes flotas privadas que administraban cientos y cientos de dichas embarcaciones e incluso habían decenas de astilleros en los puertos del litoral e incluso en Montevideo para construcción y mantenimiento de tales embarcaciones. Se utilizaban los guinches a vapor de las naves que descargaban a pequeñas embarcaciones y los pequeños guinches a vapor en los muelles del puerto de madera. Pero estos hábitos continuaron incluso luego de construido el nuevo puerto de Montevideo, porque se resistían a pagar el alquiler de los muelles que era caro por arriba de las lanchas. Hasta que apareció un decreto de la autoridad portuaria que obligaba a los barcos y transatlánticos a usar los muelles del puerto. Pero incluso el uso de lanchas y lanchones continuó hasta entrados los años 50 pues no había muelles para todos los barcos terminada la II Guerra Mundial.
PASAJEROS EN LANCHAS. Vale la pena recordar para los inmigrantes y viajeros de las clases altas que la aventura no terminaba cuando el transatlántico llegaba a puerto sino que faltaba el viaje en lancha del barco al muelle con sus valijas, enseres, los hijos pequeños y hasta los bebés. Incluso los grandes transatlánticos de pasajeros no amarraban a muros seguramente por razones económicas pero también técnicas, sino que el embarque o desembarque de pasajeros se hacía en lanchas, embarcaciones especiales o remolcadores, una de cuyas importantes empresas era la de Don Antonio Lussich pero más tarde proliferaron muchísimas.
BARCOS CORREO. No olvidamos un capítulo muy importante y prestigioso para las líneas navieras que fue el transporte de correspondencia que los gobiernos de Europa concedían a algunas líneas navieras con barcos rápidos bajo una concesión de franquicias, eran los Barcos Correo. Apenas fondeaba el barco, la primera de las lanchas que amarraba a su costado era para el desembarco de las bolsas de correspondencia, carga muy privilegiada y cuidadoso manipuleo. Por aquellos años el transporte y manejo de correspondencia era una de las actividades más respetables y sagradas; los barcos autorizados a transportarla llevaban una bandera especial al tope anunciándolo así. Estas naves tenían prioridad de atraque años más tarde. Entre las compañías que cargaban con este privilegio estaban la Mala Real Inglesa, pero también Pinillos, Ybarra de España, los franceses Chargeurs Reunis que comenzaron en 1871 y los alemanes Hamburg-Sud por esa fecha.
El tamaño de los barcos fue creciendo, llegaron los verdaderos transatlánticos que eran muchos, y también los remolcadores fueron creciendo de potencia. El nuevo puerto de hormigón con sus grúas alemanas y checas (Skoda) eléctricas, multiplico la actividad. Grandes barcas o lanchones con casco de madera y de hierro, recibían la mercadería que luego sería traída a los muelles del puerto la que mayormente entraba a depósito, excepto la sal y el carbón que iban directo a sus importadores en sus propios muellecitos de la Aguada. También los frutos del país eran cargados en estas lanchas las que se amadrinaban al buque de ultramar en el antepuerto para allí trasbordar. Más aún, el uso de las lanchas se prolongó hasta entrados los años 60 cuando los frigoríficos Swift y Anglo exportaban carne para Inglaterra, Después el Anglo construyó en el muelle 11 su frigorífico y desde allí salían las medias reses frías y congeladas. Y esto fue un proceso que continuó sin pausa hasta que desaparecieron los barcos de carga general porque prácticamente casi todo se contenerizó.
Como era obvio la intensa actividad de lanchas y lanchones que en número de centenares tuvieron importante protagonismo en las operaciones portuarias del puerto de Montevideo declinó, aunque hoy día realizan un servicio acotado pero muy valioso entre el barco que fondea y el contacto con tierra. Algunas de estas excelentes lanchas son sobrevivientes de aquellos tiempos Los restos de esa histórica flota los vimos hasta los años 60, en su mayoría semihundidas en la zona de Mantaras o área del llamado Mercado de Frutos, o en el varadero de la ANP en Juan Lindolfo Cuestas y Sarandí.