Dilma calma mercado con equipo ortodoxo

Brasil. Prometen responsabilidad fiscal

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RIO DE JANEIRO / BRASILIA | AFP Y EL PAÍS DE MADRID

El gabinete de transición de Dilma Rousseff confirmó ayer los nombramientos claves de su nuevo equipo económico que, según los analistas, tiene "la cara de Lula" y "el corazón de ella". Esto llevó tranquilidad al mercado de que se mantiene la política.

Se trata del actual ministro de Economía, Guido Mantega, que fue elegido por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva durante su segundo Gobierno y mantendrá el cargo en el próximo Ejecutivo; de Alexandre Antonio Tombini, un técnico bancario que también ha trabajado con el presidente saliente y que sustituirá a Henrique Meirelles como presidente del Banco Central; y de Miriam Belchiore, actual responsable por la gestión de las obras públicas que ocupará a partir del próximo 1° de enero el Ministerio de Planificación.

Se podría decir que se ha tratado de un compromiso entre Rousseff y Lula al escoger el motor de la economía de los próximos cuatro años. Los tres nuevos ministros provienen del ámbito del actual Gobierno Lula, aunque no se ha tratado de los nombres que él hubiese preferido.

Por ejemplo, Lula insistió hasta el último momento para conservar al ortodoxo Henrique Meirelles. Dilma lo rechazó. Ella tiene corazón más técnico que político y quiso interrumpir la tradición de los últimos Gobiernos de tener al frente del Banco Central a un experto internacional de política monetaria más que a un técnico.

Por contra, Mantega y Belchiore no eran las opciones preferidas de Dilma. Ganó en esto la batalla Lula, quien quiso mandar un mensaje de continuidad de la actual política macroeconómica conservadora.

De todas maneras, Tombini -funcionario de carrera y actual director del Banco Central- es considerado un garante de la continuidad de la política de ortodoxia monetaria por parte de los mercados. Ayer la Bolsa de San Pablo subió 2,47% en un contexto de alzas en otras plazas (ver nota aparte).

En rueda de prensa del nuevo equipo, Mantega dio el mensaje que esperaba el mercado al confirmar las aspiraciones de crecimiento económico y social en Brasil y de reducción de la deuda, con responsabilidad fiscal y monetaria, control del gasto público y de la inflación.

Pero además, afirmó que el próximo gobierno continuará defendiendo al real, que consideró todavía muy valorizado.

"La misión que nos es atribuida por la presidenta Dilma" es alcanzar tasas de crecimiento de 5% al año en los próximos cuatro años, dijo Mantega.

"Ahora que la economía ya está estabilizada, tenemos que reducir los gastos (del gobierno), abriendo espacio para más inversión privada", agregó, y anunció para 2011 una contención de gastos para aumentar el ahorro público y la inversión.

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