ELECCIONES EN ARGENTINA

Argentina: la economía, ¿impulso o mochila pesada para el gobierno ante las elecciones?

Las elecciones legislativas en Argentina, marcarán el rumbo del gobierno de Alberto Fernández. La economía, ¿jugará como impulso para el oficialismo con las medidas pro-consumo o será mochila pesada?

Alberto Fernández habla en un acto político en Argentina. Foto: EFE
Alberto Fernández habla en un acto político en Argentina. Foto: EFE

Este contenido es exclusivo para nuestros suscriptores.

El gobierno de Alberto Fernández enfrentará su primer test electoral con una economía que aún está lejos de haberse recuperado del derrumbe provocado por la pandemia. Si bien los argentinos acudirán a las elecciones primarias del domingo 12 de septiembre en medio de un rebote impulsado por la reapertura de actividades tras el fin de la cuarentena, esa mejora aún está lejos de reflejarse en los bolsillos ante una inflación que no cede.

“La economía va a llegar a las elecciones un poco mejor que como estaba hace tres meses, pero el problema es que venimos de tres años de fuerte caída. Si se pasa del tercer al segundo subsuelo, eso no cambia mucho la valoración de la gente. En ese marco, la mejora no creo que alcance para impulsar al oficialismo en las elecciones”, dijo a El País el economista Lorenzo Sigaut Gravina, director de la consultora Equilibra, en Buenos Aires.

Con el endurecimiento del cepo cambiario, el gobierno de Alberto Fernández logró mantener sin sobresaltos la cotización del dólar oficial, el objetivo prioritario que se había planteado para los meses previos a las primarias, elecciones de las que surgirán los candidatos para las parlamentarias de medio término a realizarse el 14 de noviembre.

De hecho, desde mayo el Banco Central viene convalidando una devaluación en torno al 1% mensual, muy por debajo de la inflación promedio del 3% registrada en ese período. Sin embargo, utilizar el tipo de cambio como ancla inflacionaria viene provocando una creciente pérdida de reservas.

Si se suman las intervenciones en el mercado oficial y las ventas de bonos del Banco Central para contener las cotizaciones de los dólares alternativos –aquellos que se obtienen mediante la compra-venta de títulos-, solo en la última semana la entidad monetaria perdió unos US$ 500 millones de las reservas.

Como sea, a partir de esa frágil tregua cambiaria, el gobierno ha venido lanzando en los últimos meses una serie de medidas dirigidas a reavivar el consumo. Luego de que quedara descartada la pauta del 29% de inflación establecida en el Presupuesto –en los primeros siete meses del año ya acumuló un alza del 29,1%-, el gobierno dio vía libre a la reapertura de las negociaciones paritarias para llevar los incrementos salariales de este año a niveles superiores al 40%.

A eso se sumó el otorgamiento de bonos extra para los beneficiarios de planes sociales y de las jubilaciones mínimas con el objetivo de, al menos, acercar esos ingresos a una inflación que ronda el 50% interanual. Además, también se otorgaron beneficios para la clase media asalariada: tras modificaciones en el Impuesto a las Ganancias, los empleados con salarios brutos mensuales de hasta 150.000 pesos argentinos (unos US$ 1.500 al tipo de cambio oficial) dejaron de pagar ese tributo desde junio pasado.

El incremento nominal de los ingresos para parte de la población se complementó con un semi-congelamiento de las tarifas de los servicios públicos. Luego de una dura puja con el ministro de Economía, Martín Guzmán, el kirchnerismo duro impuso su criterio al interior del gobierno y finalmente los aumentos de las tarifas de electricidad y gas no superarán este año el 10%.

Martín Guzmán: el presidente argentino Alberto Fernández le dio más poder para enfrentar la crisis a su ministro de Economía. Foto: AFP
Martín Guzmán: perdió la pulseada con el kirchnerismo duro. Foto: AFP

Cambio, pero leve

Esa batería de medidas provocó un tenue cambio de tendencia en el consumo masivo a partir de julio, pero ese giro aún está lejos de compensar la caída de los meses previos. Según datos de la consultora Scentia, el acumulado del consumo de alimentos, bebidas, productos de limpieza e higiene en los siete primeros meses del año registra una caída interanual del 6,2%.

En el mismo período, el consumo per cápita de carne vacuna descendió 5,6% frente al año anterior, de acuerdo al último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA).

En esa línea, el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Torcuato Di Tella –un indicador que se ha correlacionado históricamente en Argentina con los comportamientos electorales de los gobiernos de turno- registró en agosto el nivel más bajo para un mes pre-eleccionario desde las legislativas de 2009.

El empleo tampoco da signos de recuperación. Según las últimas cifras oficiales del Ministerio de Trabajo, entre abril y mayo se registró una pérdida de 38.750 puestos asalariados privados en el sector formal. Si la comparación se hace con febrero de 2020 –antes de que empezara la cuarentena dura-, la caída del número de trabajadores privados en el sector formal asciende a 162.411.

El impacto fue aún mayor entre los trabajadores informales y cuentapropistas. “En otro momento de Argentina, un gobierno que va a las elecciones con estos indicadores económicos hubiera tenido grandes probabilidades de sufrir una derrota categórica. Pero ahora eso no está tan claro. Si bien la economía va a ser más carga que impulso para el gobierno en estas elecciones, no sé sabe si eso será suficiente para que cambie mucho la orientación del voto dado que la población aún tiene fresco el fracaso económico del gobierno de (Mauricio) Macri”, dijo a El País el economista Miguel Kiguel, director ejecutivo de la consultora EconViews, en Buenos Aires.

En los dos meses que irán desde las primarias a las elecciones generales todo indica que el gobierno intentará profundizar el plan electoral en marcha.

El presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Kirchner y el gobernador Axel Kicillof, en primer plano. Foto: Prensa CFK
El presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Kirchner y el gobernador Axel Kicillof, en primer plano. Foto: Prensa CFK

Además de seguir utilizando el tipo de cambio oficial y las tarifas como ancla inflacionaria, el plan del gobierno hacia las elecciones legislativas de noviembre, podría implicar sumar nuevos bonos para las jubilaciones mínimas y beneficiarios de planes sociales, y otro ajuste en el mínimo no imponible de Ganancias para extender el beneficio a una mayor cantidad de asalariados formales.

Esa hoja de ruta, que podría permitir alguna mejora adicional de corto plazo en los bolsillos, también implica que seguirán acumulándose distorsiones para después de las elecciones.

Con una brecha entre el dólar oficial y los alternativos que ronda el 75%, la decisión de dejar correr el tipo de cambio muy por detrás de la inflación alimenta las expectativas de devaluación.

Más aún si se tiene en cuenta que el gobierno no podrá demorar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) más allá de marzo, mes en el que vencerá una cuota de capital con el organismo por US$ 4.800 millones.
Entre las tradicionales exigencias del FMI a la hora de cerrar un acuerdo figuran el sinceramiento de los distintos tipos de cambios, la reducción de las brechas cambiarias y la disminución de las restricciones al movimiento de capitales.

“Ya es un clásico en Argentina que el ciclo político condicione al ciclo económico. En los últimos cinco años impares –salvo en 2019- hubo crecimiento y en los últimos cinco años pares hubo recesión. La razón es que los años impares son electorales y los oficialismos empujan a la economía con políticas expansivas. En los pares, estas medidas pasan factura y los gobiernos tienen que corregir estos desequilibrios. El 2022 no será una excepción a esta dinámica”, dijo Sigaut Gravina.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados