Después de más de un siglo con las puertas abiertas en el centro de Minas, Confitería Irisarri dio un paso que durante décadas parecía impensado. La empresa cruzó las fronteras del departamento al inaugurar esta temporada su primer local en Punta del Este, bautizado Casa Irisarri, donde encontró una respuesta del público que sorprendió al equipo desde los primeros días.
Florencia Irisarri, directora de la firma, explicó que la decisión implicó revisar un lema histórico. “Durante años se sostuvo la idea de ‘quien quiera Irisarri, que venga a Minas’, porque eso impulsaba el turismo minuano. Pero el mundo cambió y el consumidor también”, afirmó.
Hoy, señaló, muchos visitantes ya no pasan por el centro de la ciudad o se mueven directamente hacia otros puntos del departamento. “Nos dimos cuenta de que teníamos que ir a llevar nuestro producto a la gente que aún nos recuerda, pero que ya no llega hasta nosotros”.
En ese análisis, Punta del Este apareció como el lugar ideal para empezar. “Reúne a un público exigente, que valora el buen producto y el buen servicio, y además concentra mucho extranjero. Para nosotros es una forma de presentarnos al mundo”, expresó.
Identidad minuana
El desempeño del nuevo local confirmó la apuesta. Según la directora, la respuesta del público fue inmediata: “Nos sentimos muy bienvenidos. Nos sorprendió la demanda de la cafetería y tuvimos que adaptar rápidamente la forma de trabajo y sumar personas al equipo”.
Al local llegaron tanto clientes que ya conocían la marca como nuevos consumidores, además de muchos minuanos residentes en Maldonado. “Fue hermoso recibirlos con esa alegría de vernos abrir acá”, contó la directora.
La propuesta busca trasladar la identidad histórica de la casa a un entorno más turístico y distendido. Para eso, incorporaron guiños a su trayectoria: paredes que narran la historia de la empresa, referencias a la casa central en el mapa y hasta maquinaria antigua en exhibición. También se destaca una pared dedicada a las especialidades tradicionales, serranitos, yemas, alfajores Verdún, damasquitos y espumitas, con pequeñas historias que explican su origen.
A las tradicionales pastas frescas de la casa sumaron opciones de vinos y picadas, y apostaron por una línea gourmet de petit four y postres para completar una comida de tres pasos en casa.
Al mismo tiempo, el concepto se adaptó al nuevo público. El local priorizó el verde y un ambiente relajado, ya que “la idea es que uno pueda venir, sentarse y disfrutar la tarde”, como señaló Irisarri.
Para quienes no conocen la marca, la estrategia es simple e invita a probar y conocer. “Nuestras especialidades son sabores muy particulares. De a poco, el cliente los va descubriendo”, agregó.
Profesionalizar para crecer
La apertura forma parte de un plan más amplio de transformación. Irisarri sostuvo que el crecimiento exigió revisar no solo los puntos de venta, sino también la gestión interna.
“Estamos viviendo un gran proceso de profesionalización del negocio”, explicó. La familia avanzó en un protocolo que diferencia roles entre accionistas, consejo familiar, directorio y operación, y conformó una terna gerencial en Operaciones, Comercial y Administración y Finanzas para liderar la nueva etapa.
En paralelo, la empresa está invirtiendo en modernizar su producción. Muchas máquinas, comentó, tienen casi 100 años. “Si queríamos aumentar la escala sin perder calidad, era necesario actualizarlas”. Sin embargo, aclaró que incorporar tecnología no implica perder el carácter artesanal. “Buscamos delegar tareas repetitivas a las máquinas para mejorar la calidad de vida del equipo; lo esencial sigue estando en las personas”, reflexionó.
Raíces y proyección
A pesar del desembarco en la costa esteña, Minas continúa siendo el corazón del proyecto. “Es nuestro origen y nuestra visión es que siga siendo así”, enfatizó Irisarri.
El plan a diez años incluye la instalación de una fábrica modelo que concentre y haga más eficiente la producción. La intención es desarrollarla en la ciudad para generar empleo y formación local. De hecho, en el último año el equipo creció casi 50 %, en su mayoría con incorporaciones minuanas.
Hacia adelante, la empresa proyecta consolidar la presencia de la marca en distintos puntos de la costa uruguaya, fortalecer la distribución a nivel nacional y, más adelante, abrir locales en Buenos Aires y San Pablo, además de explorar otros mercados.
“Es una transformación grande, pero necesaria para asegurar la continuidad de la empresa y seguir compartiendo lo que somos”, resumió la directora.
El local de Confitería Irisarri en Punta del Este se ubica en la esquina de Pedragosa Sierra y San Ciro. Abierto todos los días, de 8 a 21 horas, y durante todo el año, combina mesas interiores y un área exterior tipo parque. Allí trabajan siete personas y conviven la cafetería de especialidad con la venta de pastas frescas, vinos, picadas, petit four, chocolates y las tradicionales especialidades de la casa, tanto para disfrutar en el lugar como para llevar.