Washington y Seúl se enteraron por los diarios

La muerte de Kim Jong-Il sorprendió a altos funcionarios

Kim Jong-Il, el enigmático lí- der norcoreano, murió a bordo de un tren a las 8.30 hora local del sábado. Cuarenta y ocho horas más tarde, los funcionarios surcoreanos todavía no sabían nada, y menos aun en Washington, donde el Departamento de Estado tuvo que reconocer que "se enteró por la prensa" de su muerte, después de que lo anunciaran los medios estatales norcoreanos.

Si los servicios de inteligencia de Corea del Sur y de Estados Unidos no lograron descubrir ninguna pista de ese momento trascendente -llamadas desesperadas entre funcionarios del gobierno norcoreano o movimientos de los soldados agolpados alrededor del tren de Kim- se debe al hermetismo de Corea del Norte, un país enemistado con la mayor parte del mundo y también blindado de tal modo que desafía a espías o satélites.

Los servicios secretos asiáticos y norteamericanos ya se habían perdido antes otro hecho significativo en Corea del Norte. El gobierno de Pyongyang construyó una extensa planta de enriquecimiento de uranio que no fue detectada durante un año y medio, hasta que los funcionarios norcoreanos se la exhibieron a un científico nuclear norteamericano el año pasado. Ahora, Estados Unidos y sus aliados serán testigos de una peligrosa transición de mando en un país con armas nucleares, cuyo hermetismo complicará las predicciones. tHE NEW YORK TIMES

Fracaso de la inteligencia

Un exespía de la CIA, que habló bajo condición de anonimato por tratarse de información clasificada, afirmó que "lo peor de la inteligencia [norteamericana] es que ha fracasado en interiorizarse profundamente del gobierno existente en Corea del Norte".

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