Blacksburg - Un sobrio semicírculo de 32 bloques de granito perpetúa la memoria de los 32 alumnos y profesores que murieron bajo las balas de un estudiante desenfrenado en el campus de Virginia Tech, donde la vida retomó pese a todo su curso, un año después de la peor matanza registrada en una universidad estadounidense.
Ningún rastro de la tragedia subsiste en las paredes del Norris Hall, el edificio en el que irrumpió Cho Seung-Hui, un estudiante surcoreano desequilibrado, para ingresar a las clases el 16 de abril de 2007 y perpetrar una masacre.
Sólo el memorial en la explanada central recuerda los nombres de los 27 estudiantes y los cinco profesores asesinados; una rosa amarilla ha sido colocada sobre cada placa de granito.
Las ceremonias con velas encendidas que se realizarán homenajearán la memoria de las víctimas en el primer aniversario de la tragedia.
El presidente George W. Bush y su esposa Laura indicaron en un comunicado que "unen sus plegarias" a las de los estadounidenses por las familias y los amigos de las víctimas.
Pero en el campus universitario, la vida continúa y esta universidad de Virginia reconocida por sus programas científicos, ha recuperado las solicitudes de ingreso, que se incrementaron en 6% este año a pesar del recuerdo de la matanza.
"Cada uno volvió a hacer lo que tenía que hacer", sostuvo Antoine Claiborne un estudiante de 21 años, al dirigirse al memorial.
Desde la masacre, la universidad implementó numerosos cambios en materia de seguridad.
Los efectivos policiales en el campus fueron reforzados en 11 personas y se colocaron cerrojos en las puertas de cada clase.
Estos cerrojos pueden ser utilizados en casos de urgencia; no obstante un estudiante narró a la AFP que desde el drama su profesora de inglés pide que la puerta se tranque cada vez que dicta clases.
Cuando perpetró su macabro plan, Cho bloqueó con cadenas las puertas del edificio principal antes de ingresar a cada sala matando a ciegas a quien se pusiera en su camino. Luego se quitó la vida.
Ahora, las identificaciones universitarias son requeridas para ingresar a cada edificio del campus y el sistema de alerta colectivo ha mejorado sensiblemente.
En efecto, una investigación del Estado de Virginia criticó la lenta reacción de las autoridades universitarias de la época.
Un correo electrónico advirtiendo a los estudiantes del peligro llegó recién dos horas después de un primer tiroteo protagonizado por Cho y mientras se iniciaba la matanza mayor.
Larry Hincker, responsable de las relaciones públicas de la universidad, indicó que fue imposible para las autoridades cerrar el campus inmediatamente por su tamaño y por el número de estudiantes: 29.000.
La facultad también mejoró su plantel de sicólogos para atender a los estudiantes. Antes de la matanza la universidad se había preocupado por la salud mental de Cho, de 23 años, y sabía que el joven había estado internado en un hospital siquiátrico dos años antes del drama.
En el marco de esta nueva política, según la dirección de la universidad, un estudiante fue expulsado hace dos semanas luego de haber amenazado a su compañero de habitación.
Para Joanna Martínez, de 18 años y estudiante de primer año, la tragedia "se siente en el aire": "se percibe todos los días, pero nadie habla. Es como un tema tabú", le dijo a la AFP.
"Hemos trabajado para realizar una ceremonia de conmemoración en homenaje (para la familia de las víctimas) y en la memoria de las vidas perdidas", indicó Hickner, representante de la Universidad.
Una placa de granito número 33 había sido colocada a la memoria de Cho, pero fue rápidamente retirada. "Sentimos mucha compasión por la familia de Cho pero por el asesino, no. Era un matador, no podemos homenajear su memoria", indicó Hickner.
AFP