EL PAÍS DE MADRID
Los ecos del juicio abierto esta semana en París contra el semanario Charlie Hebdo por injurias contra el islam resuenan con particular intensidad a 900 kilómetros más al norte.
Dinamarca sigue con avidez un proceso que es, después de todo, la prolongación del conflicto que enfrentó al diario Jy-llands-Posten con organizaciones islámicas locales, por la publicación de 12 dibujos de Ma-homa, y que terminó convirtiendo a ese país nórdico en el blanco de las iras del mundo musulmán.
La Fiscalía de París pidió ayer la absolución del director del semanario francés "Charlie Hebdo" por la publicación de caricaturas del profeta en febrero de 2006, mientras que las entidades musulmanas demandantes pidieron que se reconozca el delito de injurias con base religiosa, penado en Francia con hasta seis meses de cárcel y multa.
El jefe de redacción del diario danés afirmó que el medio estuvo "muy pendiente", porque el proceso se vincula directamente con ellos y se sienten muy unidos a sus colegas del semanario francés. El periodista agregó que se trata de la cuestión más importante de la actualidad: "la libertad de expresión y la lucha contra las ideas totalitarias".
En la sala del tribunal parisino se encontraba esta sema- na un testigo de excepción: Fle-mming Rose, jefe de la sección de Cultura del Jyllands y responsable de la publicación de las caricaturas, en septiembre de 2005.
La intención de Rose fue responder a la autocensura ante el islam, espoleada en Europa por el asesinato del cineasta holandés Theo Van Gogh.
Las dificultades de un escritor danés para encontrar un ilustrador para su libro infantil sobre el profeta Mahoma; la retirada, en museos de Londres o Gotemburgo, de obras que podían ofender a los musulmanes o el anonimato solicitado por los traductores de un libro de una diputada holandesa -crítico con el islam- llevaron a Rose a pedir y publicar los dibujos de Mahoma.
Más que un desafío al integrismo, la decisión era un reto a los intelectuales europeos. ¿Hasta dónde estaban dispuestos a defender la libertad de expresión?, se cuestionó Rose.
Las protestas iniciales contra las caricaturas en Copenhague cobraron una dimensión internacional tras una gira de varios imanes daneses por Oriente Próximo.
Dirigidos por el jefe de la Sociedad de la Fe Islámica, fallecido la semana pasada, los imanes difundieron informaciones sesgadas y caricaturas apócrifas que no publicó el Jyllands, y que se repartieron en la Conferencia Islámica de La Meca, en diciembre de 2005.
El resultado no se hizo esperar. Las protestas dejaron 50 muertos y varias embajadas danesas destruidas. Un año después de la crisis, la brecha sigue abierta en Dinamarca.
Los 12 caricaturistas, que tuvieron que vivir literalmente escondidos, siguen bajo protección policial. Igual que Flem-ming Rose, que regresó a su país tras varios meses de exilio, pero que sigue recibiendo amenazas de muerte.
Un portavoz de la Sociedad de la Fe Islámica sostuvo que ambas partes siguen estancadas. "Ellos insisten en su derecho a publicar (...) y nosotros insistimos en que tienen que respetar nuestra religión".
Algunos aseguran que la crisis sirvió para conectar a los musulmanes con los daneses, ya que muchos islamitas se unieron al debate. Además, reveló el peligro del islamismo militante en las sociedades abiertas.
Protesta: Publicación de las caricaturas provocó la muerte de 50 daneses en 2005.