BRUSELAS EL PAIS DE MADRID, EFE
Bélgica se detuvo. El país, pegado a la televisión, contuvo la respiración por media hora, después que la programación se interrumpiera a las 20.21 con una noticia urgente: "Flandes ha proclamado unilateralmente su independencia".
El país quedaba así partido en dos: por un lado, la rica región flamenca con aspiraciones independentistas y por el otro, la Valonia francófona del sur del país. La temida noticia bomba daría lugar a una cascada de reacciones en el país, entre ellas, la abdicación y huida a África del monarca belga. Alberto II habría renunciado al reinado de un país "que ha dejado de existir". El presentador del telediario conecta en directo con el Palacio Real, donde un grupo de exaltados agita banderas flamencas y con el Atomium, donde se habrían refugiado los políticos bruselenses. Anuncian que ha quedado cortado el transporte público entre las dos regiones del país, y comienzan a plantearse qué estatuto recibirá Bruselas, la ciudad que alberga las instituciones comunitarias.
Además, aparecieron imágenes del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, supuestamente estudiando las implicaciones que la división de Bélgica podría tener para las instituciones de la UE con sede en Bruselas.
La edición especial del informativo continúa hasta poco antes de las nueve de la noche. Fue ahí cuando apareció una banda en la parte inferior de la pantalla en la que se lee: "Ceci est une fiction". Era una broma.
El país respiró. Pero la cerca de media hora que duró el engaño, el pánico se adueñó del país. Los políticos, desconcertados enviaron comunicados de prensa de los partidos a las redacciones de los principales diarios belgas. Los corresponsales extranjeros llamaron a la oficina del primer ministro, Guy Verhofstadt, para saber. Los espectadores colapsaron la centralita de la televisión francófona. En la calle, hubo gente que corrió a encerrarse en sus casas, temiendo altercados. Otros, pensaban en cómo rescatar a sus familiares del "otro lado del país". Otros lloraban.
Según una encuesta del diario flamenco De Standard, el 86% de los televidentes creyeron en un principio lo que veían en la pequeña pantalla, e incluso un 6% continuó creyéndolo después de que la cadena de televisión desvelara que se trataba de una broma. Recobrado el aliento, empezaron a vislumbrarse las consecuencias del suceso. La bomba televisiva había impactado en terreno ultrasensible y destapado la caja de los truenos del conflicto latente entre las dos grandes comunidades lingüísticas del país.
El propio Verhofstadt condenó la emisión del reportaje de la cadena pública RTBF, por tratarse de "una broma fuera de lugar` y `un acto irresponsable`.
En la década de 1930, Orson Welles generó pánico, cuando interrumpió una transmisión radial para realizar una versión demasiado realista de "La guerra de los mundos.