Una mujer inteligente y de gran humor

| Laura Bush, la Primera Dama de EE.UU. hace obra social y cuida su vestuario con grandes modistos

Daniel Herrera Lussich

Corresponsal permanente

Es una mujer de fuerte personalidad, su aspecto de ama de casa tranquila y ocupada en vestir elegantemente ropa de grandes modistos puede llevar a una visión equivocada sobre una Primera Dama que nada deja escapar de las tareas de gobierno de su marido, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush.

Ella lanza sin mucho miramiento y con cierta frecuencia opiniones espontáneas y muy acertadas, es una excelente oradora y pronuncia discursos oficiales hasta tres y cuatro veces por semana, se caracteriza por su gran afición a la lectura y en especial por un enorme sentido del humor, "es una persona alegre y a quien le brotan casi en cada charla chistes que demuestran inteligencia y que verdaderamente hacen reír", aclara una de las periodistas que no le pierde pisada en la Casa Blanca.

Laura Welch Bush, única hija de Harold y Jenna Welch, texana, de 57 años, con hijas gemelas, Bárbara y Jenna, de 24 años, fue maestra y profesora graduada en diferentes Estados, obtuvo la Maestría de Bibliotecología en 1973, trabajó en Dallas, Austin, Houston, "metida entre libros 12 horas por día", recuerda muy seguido con orgullo.

Su vida cambió cuando se casó con George W. Bush en noviembre de 1977, también la del actual presidente, un joven díscolo y que parecía rumbear mal, hasta que se dedicó de lleno a la política. Laura siempre que puede baja revoluciones con respecto a la relación con el dueño temporario de la Casa Blanca: "No me veo como una de las asesoras del presidente. Yo soy su esposa". Pero no le hace mucha gracia cuando la comparan, como lo ha hecho alguna prensa, con una obediente ama de casa de los años 50, maternal. Ella salta siempre sonriente: "Bien alejada de eso, soy muy "pegada" a mis hijas y a mi marido, pero tengo mi vida, leo mucho, trabajo para que la gente y en especial los niños lean y lean y cumplo una agitada vida dirigiendo todo en el funcionamiento interno de la Casa Blanca, como en las obligaciones diplomáticas y sociales, sin descuidar a los que me necesitan en el mundo". Acaba de hacer una larga gira por Africa en tareas humanitarias.

SIN DESCUIDos. La fuerza espiritual y de carácter de Laura la destaca repetidamente el mismísimo Bush, confesando: "nunca habría podido ser gobernador de Texas, ni mucho menos plantearme la posibilidad de ser presidente", en una frase que no es para cumplir, sino que todos saben encierra una gran realidad.

El País, conversando con gente allegada a la Casa Blanca, periodistas que cumplen funciones en la presidencia y hablando con alguno de sus modistos preferidos y uno de sus principales chefs, confeccionó en parte la agitada vida de la Primera Dama de Estados Unidos.

Laura Bush habla ante numeroso público internamente en EE.UU, en el exterior, en obras de beneficencia y durante las comidas a altos dignatarios extranjeros, con verdadero aplomo y sin ningún error o tropiezo en sus palabras. ¿Se le preparan los discursos o charlas públicas? "Obviamente que sí, nos respondieron; existe un equipo que trabaja para ella, a veces con intervención del elenco de asesores presidenciales, pero: ¡cuidado!, ella cambia los textos, le introduce improvisaciones acertadas en el momento de hablar en el estrado o en la mesa de banquetes".

"Tiene una gran vivacidad y el don de la ubicación y cuando dice algo que da la impresión de que es demasiado fuera de contexto, lo hace para llamar la atención a alguien, a veces hasta a su propio marido", el Presidente, nos dijo una de las periodistas que siempre está en sus proximidades.

En una semana reciente le contabilizamos oficialmente 11 discursos, unos en el propio Estados Unidos, a los Ranger Juniors, exploradores de bosques, a los que viajarían en el Discovery y autoridades de la NASA, en una recepción al gobernador de Washington, en una comida que ofrecieron al primer ministro de India, Sing y su señora Kaun, luego una conferencia de prensa para hablar de la lucha contra el sida, campaña que ha emprendido junto a Cherie Blair, la esposa del Primer Ministro británico, luego en recorridas por Rwanda y Tanzania para ayudar a los niños de Africa; dio una entrevista "muy sabrosa" a la NBC, creó el Centro del Libro en Ciudad del Cabo y una Fundación para discapacitados, entre otras miles de cosas.

Como casi a toda mujer, le gusta a Laura y a sus gemelas Bárbara y Jenna cuidar bien su vestuario. Dicen que la Primera Dama en general busca diseños de los famosos americanos, unos nacionalizados, Oscar de la Renta, Carolina Herrera y Peggy Jenning, en cambio sus hijas agregan a Badbly Mischka, Derek Law, y también Oscar de la Renta.

Laura no es una especialista en arte culinario, pero los almuerzos, té o cenas en la Casa Blanca, todo pasa por su supervisión; antes de cada reunión o fiesta, se da una recorrida por los salones o jardines y no deja escapar ningún detalle, desde las flores, el servicio y el menú. En general se ofrecen hasta tres tipos de comidas diferentes, con vinos de distintas bodegas, para la misma cena.

Cuentan que tiene magnífica habilidad para dirigir los temas de conversación durante comidas numerosas; habitualmente cambia los rumbos cuando aparece la guerra o problemas políticos en la discusión general, los lleva hacia la música, lectura, espectáculos de teatro, ciencia, televisión y hasta deportes, especialmente en su regular invitación a las tenistas Serena y Venus Williams y a gente del cine como Jane Fonda, Richard Gere y Goldie Hawn, entre otros.

En reciente cena en honor de los gobernadores de todo EE.UU., con vajilla que se conserva en forma maravillosa, de mediados del Siglo XIX, fabricada especialmente durante la presidencia de Abraham Lincoln, servida con cubiertos de oro puro, con un primer plato de ravioles de hongos, segundo, cordero con ensaladas de todo gusto y helados y chocolates a los postres. Un cocinero francés, Roland Mesnier, se encargó de dirigir toda la parte dulce; un chef magnífico, Walter Schiercks, manejó la comida con un plantel de 12 cocineros, mientras Nancy Clarks, una de las floristas más famosas, realizó los arreglos florales, con flores frescas traídas especialmente de Holanda, en cada mesa y en el salón del este, de conciertos. Allí, en una impecable e improvisada sala teatral, cerró la noche un notable show a cargo de Natalie Cole, hija nada menos que de Nat King Cole, de quien ella misma destacó: "Mi padre también cantó aquí, en la Casa Blanca, cuando la presidencia de Eisenhower".

BUEN HUMOR. Tiene sentido del humor y es una gran estratega política. Hace pocos días, luego de la renuncia de la ministra del Supremo Tribunal de Justicia, Sandra Day O’Connors, se presentaba un grave problema para George W. Bush, todos tenían su candidato, unos acusaban a los otros de ultras o demasiados liberales. De pronto, salió Laura a la opinión pública y largó la breve frase: "Me gustaría que también fuera una mujer".

Desde ese momento cortó a mucha gente con sugerencias o presiones y obligó a los medios de difusión a especular: ¿qué candidata tendrá en mente Laura? Se sabe que no tenía a nadie, largó el dicho para distender presiones sobre su marido, para dejarle tiempo para elegir con calma.

Unos sostenían, pensando siempre que el presidente seguiría los consejos de su esposa, que sería Edith Clements, una jueza conocida, tanto que su nombre estuvo en la primera plana de los diarios e informativos de TV hasta diez minutos antes de que Bush diera el nombre del candidato verdadero: John Roberts, un conocidísimo y destacado abogado.

Sin duda una hábil jugada de la Primera Dama.

Pero según cuentan los cercanos a la Casa Blanca, el mejor humor lo desplegó Laura Bush cuando la tradicional cena con los periodistas corresponsales en Washington. Normalmente es una cena distendida que sirve para que el presidente diga cosas que desea filtrar a la prensa y hacer un show de chistes buenos y bastante malos. Pero esta vez cuando empezaba con las historias, se levantó de su asiento Laura y se acercó, exclamando "¡Oh, no!, de nuevo con ese viejo chiste, ¡no!", y le tomó el micrófono a su marido: "llevo varios años asistiendo a estas cenas calladita, hoy para variar, voy a decir algunas cosas".

"Le dije el otro día a George, ‘si quieres ponerle fin a la tiranía en el mundo, tienes que tratar de estar más despierto por las noches’. Es que a las 9 el señor entusiasmo —dijo mirando a Bush— ya está bajo las sábanas, y a mí no me queda otro remedio que mirar telenovelas como Amas de Casa desesperadas (verdadero éxito en EE.UU.) —en medio de las risas de los tres mil comensales— ¡y yo soy una ama de casa desesperada!".

Luego la Primera Dama con sugestivo gesto, explicó : "No sé cómo conocí a George, yo era bibliotecaria y pasaba 12 horas por día en la biblioteca, un lugar que él nunca pisó, se imaginan". Hubo carcajadas generales, incluso la del primer mandatario.

También dirigió sus baterías humorísticas a su suegra, doña Bárbara Bush, con la que mantiene muy buena relación: "Es tan buena y afable abuela, cariñosa, no se puede decir que no sea una de esas personas que no se involucran con la vida de sus hijos, créanme que tanto se involucra, que se parece a Corleone, el Padrino".

Esta es a grandes rasgos, por versiones directas de allegados, cuentos y discursos, una visión real de la Primera Dama.

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