En los callejones del distrito Omonia de Atenas, donde los letreros de los establecimientos comerciales están escritos en las lenguas árabe y urdu, los mu-sulmanes temen que un ataque terrorista sobre los Juegos Olímpicos podría volver sus vidas aquí casi inso- portables.
Los musulmanes en Atenas, quienes en su mayor parte son inmigrantes provenientes de países árabes, Pakistán y Bangladesh con algunos griegos nativos en la mezcla, afirman que ya se sienten marginados; despreciados por otros y con un deficiente trato en el trabajo.
Si los terroristas atacan, los griegos, al buscar chivos expiatorios, pudieran tratar de expulsar a los que se estima en 100.000 musulmanes, según Mohamad Zean, musulmán de 24 años de edad originario de la Cachemira. Ese, cuando menos, es el temor.
Zean habló en una sala de rezos localizada en el tercer piso, luego de subir por una oscura escalera de caracol. La sala está desnuda salvo por una alfombra, algunas fotografías de la Meca sobre el muro y un librero que contiene unos cuantos libros religiosos.
"Nosotros venimos al apartamento, pero lo conocemos como una mezquita", notó Mohamed Nazir, de 42 años, quien trabaja como empleado de la construcción y viene de Pakistán. "El gobierno griego no está al tanto de esta situación".
Atenas fue gobernada por los turcos, quienes eran musulmanes, durante casi 400 años, de 1456 a 1821. En ese entonces, había mezquitas en Atenas. Una de ellas en la sección de Plaka, en el centro de la ciudad, es un monumento histórico al cual no hay acceso.
Por un tiempo, incluso el Partenón, el antiguo templo dedicado a la diosa griega Atenea desde el cual se domina la vista de la ciudad, fue usado como mezquita.
No obstante, hoy día no existe un solo edificio funcional que esté dedicado a la fe islámica en ningún lugar de Atenas. Más bien, los musulmanes se reúnen para rezar en apartamentos como el presente, haciendo colectas para cubrir el alquiler, la electricidad y los servicios del imán.
¿Acaso debería existir una mezquita orgullosa y pública?
"No solamente una mezquita, porque nosotros somos muchos", destacó Jalid Binnury, originario de Bangladesh quien es el imán en una mezquita improvisada en un sótano de Kato Patisia, otro barrio ateniense. Aquí, todos los viernes, aproximadamente 200 personas vienen a rezar.
El gobierno de Grecia ya propuso que se permita una mezquita y un centro islámico a varios kilómetros del centro de la ciudad.
Sin embargo, en parte debido a la influencia de la poderosa Iglesia Ortodoxa de Grecia, no se ha dado la aprobación a ningún plan enfocado a la construcción de una mezquita en el centro de la ciudad.
Funcionarios eclesiásticos afirman que su oposición no va dirigida en contra de una mezquita, sino en contra de un centro islámico que sería asociado con ella, ya que podría convertirse en un imán para radicales.
Binnury insiste en que ningún verdadero musulmán llegaría a matar alguna vez. Además, ciertamente él no tiene problemas con la Olimpiada. En lo personal, la disfruta en el apartamento de un amigo.
Diari Ahmed Ali, de 24 años de edad, llegó a Atenas proveniente de Irak hace cuatro años. Huyó porque, en 1991, fuerzas leales a Saddam Hussein mataron a su hermano.
"Para mí es desagradable estar aquí, en Atenas, y no tener el derecho a orar", destacó. "Sin embargo, voy a permanecer aquí porque, en esta ciudad, nosotros tenemos paz".
Distribuido por The New York Times News Service