Pasaron 365 días. Sin embargo, el tiempo parece no haber avanzado.Las postales de ese día trágico se mantienen casi intactas en la memoria de la mayoría de los argentinos, como si se tratara de réplicas que refuerzan el abandono, la omisión, la impotencia y el dolor. Todo eso asociado a la tragedia de Once, la tercera en magnitud en la historia ferroviaria de Argentina.
LA TRAGEDIA.
El 22 de febrero de 2012, a las 8.33, la formación N° 3772 del Ferrocarril Sarmiento chocó contra el final del andén en la estación de Once. Producto del impacto, murieron 52 personas y más de 700 resultaron heridas en plena hora pico, en una formación que transportaba a 1200 pasajeros.
Un tren de la línea Sarmiento no logró frenar al llegar a la estación y chocó contra el andén.
LAS HIPÓTESIS DEL ACCIDENTE.
Casi veinte días después del accidente, el juez federal Claudio Bonadio ordenó el secreto de sumario de la causa con el fin de impedir que se filtraran resultados de las pericias.
En ese contexto, una de las pocas teorías que trascendió fue la del entonces secretario de Transporte argentino, Juan Pablo Schiavi, quien -en medio de la discusión por los subsidios y la ausencia de mejoras y obras- responsabilizó al motorman. El exfuncionario advirtió que Marcos Córdoba no pudo frenar por "algún impedimento físico o psíquico en su salud".
"Esa es la única hipótesis realmente cierta y verosímil", planteó Schiavi tras recordar que hubo "un informe médico forense que encontró indicios de posible actividad epiléptica en el maquinista".
LAS CONCLUSIONES DE LA INVESTIGACIÓN.
"Se privilegió el negocio sobre el servicio", concluyó el fiscal Federico Delgado, a cargo de la causa, cuando presentó la requisitoria de juicio 48 horas antes de que se vencieran los plazos procesales.
En esa instancia, subrayó que los empresarios retenían los subsidios en lugar de invertir en las mejoras de la línea Sarmiento, y que los funcionarios no controlaban. "Esta connivencia es lo que en derecho penal se denomina complicidad criminal", sentenció.
EL JUICIO.
Una de las sorpresas que trajo la causa fue la celeridad con la que se resolvió el pedido de juicio. Los exsecretarios de Transporte Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, y el resto de exfuncionarios y empresarios procesados fueron acusados de ser "cómplices" de la tragedia, la tercera en magnitud de la historia ferroviaria del país.
EN EL BANQUILLO.
Más de treinta personas serán juzgadas próximamente durante la etapa oral y pública, cuya fecha de inicio aún se desconoce, aunque algunos abogados, como Gregorio Dalbón que representa a 476 víctimas, confiaron al diario argentino La Nación que podría empezar en octubre.
Dos de los acusados con mayor peso que se sentarán al banquillo son los ex secretarios de Transporte Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, procesados por los delitos de abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario.
También lo harán los extitulares de la Comisión Nacional de Regulación y Transporte (CNRT) Pedro Ochoa y Antonio Sicaro, y el exsubsecretario de Transporte ferroviario, Antonio Luna, acusados de administración fraudulenta y estrago culposo. Además, brindará su testimonio Marcos Córdoba, el maquinista, acusado de estrago culposo.
FAMILIARES Y VÍCTIMAS, RECLAMOS Y ABANDONO.
TBA, así como los gobiernos nacional, provincial y porteño se pasan la pelota. A un año del accidente, todavía ningún afectado cobró una indemnización y, según los especialistas, es poco probable que esto ocurra, por lo menos hasta que la causa penal se resuelva y dé lugar al aspecto civil. Podrían pasar entre seis y ocho años.
"Como grupo nos hemos ido armando de a poquito y hoy nos encontramos muy unidos. Nos hizo bien conocernos. Somos un grupo de lucha por la Justicia, pero también de contención, esa contención que nos falta desde el Estado y que construimos con nuestros afectos y entre nosotros", dijo a La Nación Paolo Menghini, padre de Lucas Menghini Rey, el joven que fue encontrado muerto dentro del tren dos días después de la tragedia.
Paolo es uno de los referentes de los familiares y sobrevivientes que piden Justicia y que cada 22 de mes se reúnen en Once para renovar sus reclamos. "Nuestra presencia constante no sólo mantuvo viva la tragedia sino que hizo avanzar la causa judicial", cuenta.
Sin embargo, y pese a la serie de anuncios, la situación en el Sarmiento sigue siendo preocupante para él. "Hay más obras estéticas que otra cosa. Se pintan los vagones, pero la gente viaja hacinada y sin ningún tipo de seguridad. Lo central no es que haya un reloj que avise cuándo viene el próximo tren. Lo importante es que la gente llegue a destino. Que el tren no se quede varado y que el usuario viaje seguro. Nosotros no negamos que las obras se hagan, pero la realidad es que se necesitan cuestiones de fondo", reclama Menghini, y agrega: "En ocho años no hicieron nada y en un año quieren hacer pensar que van a mejorar todo. La gente tiene derecho a no creerle".
Por último, remarca la necesidad de correr el eje partidario que ronda la tragedia: "Nosotros tratamos de mantenernos ajenos a esto. Si nos quedamos en la miseria política, los que perdemos somos nosotros".
LA REAPERTURA DEL ANDÉN 2.
Como parte de un lento retorno a la normalidad, el 16 de enero pasado el gobierno puso en funcionamiento el andén número 2, que no recibía formaciones desde el día del choque, e instaló un nuevo paragolpes, que había sido destruido tras el impacto, en la zona del accidente.
La medida no tardó en provocar críticas de los familiares de las víctimas y también de los usuarios, que recibieron con escepticismo las nuevas obras. "Por más que lo arreglen no se va a olvidar lo que pasó", remarcaron algunos. "Siempre es lo mismo: cuando pasan accidentes y muere alguien, ahí empiezan a buscar los recursos para mejorar el sistema", subrayaron otros al enterarse de la novedad..
UN CRIMEN OSCURO.
Cuando todo parecía haberse encaminado, un último hito tiñó inesperadamente la causa: el asesinato del maquinista testigo, Leonardo Andrada, de 53 años, quien fue baleado el 8 de febrero pasado mientras esperaba el colectivo en Castelar. Su muerte representa todavía un verdadero misterio, que roza el "crimen mafioso". Por eso los gremios prefieren no descartar nada. Durante la investigación del choque en Once, la víctima había declarado que la formación accidentada estaba sobrecargada y lenta de frenos. Su testimonio representó una de las pruebas más contundentes para fundar el pedido de enjuiciamiento para los acusados.
LA NACIÓN | GDA