TRÍPOLI | EL PAÍS DE MADRID Y ANSA
Obsesionado por su seguridad, el coronel libio Muamar Gadafi ha dedicado casi 30 años de su dictadura de más de cuatro décadas a urdir una de las maniobras de evasión mejor proyectadas de la historia.
Preocupado por la creciente hostilidad de Occidente contra su régimen, el líder libio puso en marcha en el año 1984 la construcción de cientos de miles de kilómetros que oficialmente fueron descritos como "túneles de riego", pero cuya utilidad podría ir más allá de lo doméstico y servir también a intereses particulares.
En los últimos días se ha barajado la posibilidad de que el coronel se esconda bajo tierra. Y un entramado de túneles que confluyen en una serie de búnkeres diseminados por la geografía libia podrían servirle de guarida.
Los servicios de inteligencia norteamericanos han barajado largo tiempo la posibilidad del escondite subterráneo.
Guarida. Al parecer técnicos y maquinaria europea y surcoreana podrían haber hecho posible este vasto proyecto de ingeniería.
Construido a base de secciones de hormigón armado de unas 76 toneladas de peso y a una profundidad de 182 metros, los conductos subterráneos podrían posibilitar la movilidad del coronel.
La obra, cuyo coste alcanzó los 23.000 millones de dólares, recibió el nombre de "el gran río hecho por el hombre" y fue proyectada como suministro de agua procedente de los acuíferos saharianos a las grandes ciudades, como la capital Trípoli o Bengasi.
Los periodistas congregados en el hotel Rixos de Trípoli avalaron en mayo la existencia de dichos túneles tras una de las últimas comparecencias del líder libio en los bajos del edificio. Ninguno de los reporteros había visto al coronel entrar en el edificio, de modo que su presencia solo era posible a través de algún tipo de infraestructura subterránea.
Naciones Unidas podría conocer el trazado de dichos corredores subterráneos, ya que fueron construidos casi en su totalidad por compañías occidentales.
Según informa el diario británico The Telegraph, el entramado podría conectar algunas de las principales ciudades de Libia con el desierto, que se encuentra al sur del país.
El pasado mes de abril, diversos túneles de similares características se hallaron bajo el palacio de verano de Gadafi en la localidad de Al Bayda, controlada por los rebeldes.
El lujoso complejo, dotado, entre otras cosas de dormitorios, cocinas, cuartos de baño e incluso un sauna, fue descubierto a más de nueve metros de profundidad.
Una brigada de rebeldes libios ayer halló en una de las casas de Abdulá Senoussi, el jefe de inteligencia libia, numerosos pasaportes de China, Chad, Egipto, carpetas con información secreta y mapas que corresponderían a mercenarios de Gadafi.
Concluida la batalla por la conquista de la parte más simbólica del búnker de Gadafi, un grupo de soldados analiza ahora el material encontrado en algunas cajas.
La documentación es rica, aunque ciertamente solo una mínima parte de la que certifica la obsesión del régimen de Gadafi por el control de la población y un ejército de mercenarios encubiertos. Tienen esperanza de que los mapas los puedan llevar al coronel.
La cifra
182
Metros bajo tierra se esconden los conductos subterráneos que podrían facilitar la movilidad del coronel Gadafi y su familia.
EE.UU. vigila las armas químicas
Washington | El Pentágono dijo ayer que las reservas de armas químicas libias están "seguras", pero que un arsenal de miles de lanzacohetes seguían siendo motivo de preocupación.
Consultado sobre si los sitios donde se encuentran almacenadas las armas químicas, incluyendo más de 10 toneladas de gas mostaza, estaban seguros, el portavoz del Pentágono, coronel Dave Lapan, dijo: "Sí". Pero éste declinó ofrecer mayores detalles diciendo solo que "está claro que aquellos son agentes y armas peligrosos... Continuaremos vigilándolo".
Lapan dijo a los periodistas que no existían planes de enviar tropas estadounidenses para proteger los depósitos de armas químicas.
Aunque el régimen de Muamar Gadafi tenía en su poder el gas mostaza, carecía de los medios militares para lanzar un ataque.
La totalidad de las 3.563 municiones -como bombas, obuses y misiles- que podrían servir como transporte del gas mostaza en un ataque, han sido destruidas, según la Organización para la Prohibición de Armas Químicas . AFP