SANTIAGO | AFP
Desde la misma Catedral de Santiago donde el sacerdote italiano Faustino Gazziero oficiaba misa cuando fue degollado en presunto cumplimiento de un rito satánico, partió ayer el cortejo que acompañó sus restos mortales hacia el Cementerio Católico de la capital chilena.
"Un golpe seco despertó nuestro sufrimiento. Un hermano sacerdote gime. Herido de muerte ha caído al suelo, víctima de un ataque sorpresivo cuando terminaba de celebrar la santa misa", recordó en su homilía el cardenal arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, al describir el asesinato, cometido ante cientos de asombrados testigos la tarde del sábado.
El presidente chileno Ricardo Lagos y el alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, concurrieron a la ceremonia fúnebre.
"Todos estamos tremendamente impactados con lo que ocurrió, tremendamente impresionados de que estos hechos puedan ocurrir en Chile y tremendamente impactados que exista este tipo de sectas", dijo el presidente Lagos.
La presunción de un rito satánico se basa en los antecedentes del asesino, Rodrigo Orias, que atacó al sacerdote con una daga cuando descendía del púlpito de la Catedral.
"¡Por Satán!" exclamó el asesino al momento de enterrar la daga en el cuello del religioso.
Orias, de 25 años, pertenecía a la secta satánica "Hombres de Negro", una de las 80 que operan en el país.
Tras el asesinato en la Catedral, una llamada telefónica anunció a la policía de Coyhaique de nuevos ataques a sacerdotes y al párroco de la ciudad, Aldo Bernardi, informaron fuentes policiales.
HERIDO. De cabellos largos, vestido de negro y con su cuerpo marcado por múltiples tatuajes, Rodrigo Orias se recupera de las heridas que se infirió después de cometer el crimen.
Los médicos ordenaron que permaneciera firmemente atado a su cama y bajo fuertes sedantes, para evitar que vuelva a intentar un suicidio.
El sacerdote Alfredo Soyza-Piñeiro, director del Departamento de Ecumenismo del Arzobispado de Santiago, tomó en sus manos una investigación interna sobre las proyecciones satánicas del asesinato.
El religioso descartó que el crimen sea parte de un rito o una posesión demoníaca, porque las sectas no actúan en público.