Robos y mercado negro: la dura posguerra de la banca

| "Aquí todo el mundo hace lo que le da la gana: no hay ley, no hay tasa de cambio; la mitad de los billetes son falsos"

BAGDAD | AFP

Protegidos por pequeños ejércitos de guardias privados, los bancos de Bagdad intentan recuperar el ritmo de trabajo previo a la guerra, pese a la inseguridad reinante, el gigantesco y creciente mercado negro y la revolución que se avecina con la adopción de una nueva moneda iraquí en octubre.

Saqueado, incendiado y prácticamente reducido a toneladas de escombros en los días posteriores a la guerra, el Banco Central de Bagdad ha reanudado sus actividades en instalaciones contiguas y se ha convertido en una pequeña fortaleza custodiada por soldados estadounidenses, guardaespaldas particulares, policías iraquíes y centenares de guardias privados.

Las ruinas del edificio, donde el pasado abril centenares de niños buscaban "dinares" (pesos iraquíes) tras el paso de los ladrones y las llamas, siguen ahí, pero son invisibles: la calle está cerrada al público por el ejército y los trabajadores y directivos de la institución, iraquíes y estadounidenses, usan otra entrada.

SEGURIDAD. "Tras la guerra, los empleados volvieron poco a poco, conforme se fue garantizando la seguridad y las oficinas estuvieron mínimamente acondicionadas", explican responsables de la oficina de relaciones públicas del banco.

Un ex general del ejército del antiguo régimen fue el elegido por los responsables estadounidenses para formar al cuerpo de guardias privados que custodian esta institución y otros 100 centros bancarios en toda la ciudad.

Mientras tanto, en la calle Alkifah, a poca distancia del Banco Central, armas, dinero y numerosos hombres se mezclan en las aceras. El lugar es uno de los menos recomendables de la ciudad, sobre todo a la hora en que los cambistas ambulantes de dinero se retiran, cuando los robos se multiplican.

En un recorrido de diez metros, el precio del dinar iraquí con la cara sonriente de Saddam Hussein sube y baja. Los 1.700 dinares por dólar se transforman en 2.200 por billete verde si la cantidad cambiada es grande o el vendedor está desesperado.

El domingo, la policía detuvo en esta zona a varios ciudadanos que imprimían falsos dinares, según la prensa local, gracias a una de las máquinas robadas en el Banco Central tras la guerra.

ANARQUIA. "En esta ciudad todo el mundo hace lo que le da la gana: no hay ley, no hay tasa de cambio. Nuestro banco ha decidido no cambiar dinares por esta razón y porque los actuales billetes son fácilmente falsificables. Le apuesto que la mitad del dinero que lleva en el bolso no es válido", asegura Munib Al Sikuti, responsable del Banco de Bagdad, una de las pocas instituciones privadas de la ciudad.

La realidad es otra para el director de una sucursal del banco Rafidain, Taaleb Kaaden Abbas, quien asegura que tras el fin de la guerra, la actividad del banco cayó en picada. Los 34 empleados de esta oficina, desvalijada tras la guerra, no saben cómo ocupar sus jornadas.

"Es verdad que la economía negra paralela es más fuerte. No hay datos, pero basta salir a la calle para ver quién fija el precio del dinero en Bagdad. Estamos todos esperando la nueva moneda para ver si la situación de los bancos se estabiliza", explicó.

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