ANÁLISIS

Retirada de EE.UU. de Siria sería fatal

La semana pasada, Donald Trump anunció en un discurso que pronto ordenará a las tropas de EE. UU. retirarse de Siria.

El presidente pareció justificar ese paso sobre la base de que el Estado Islámico o ISIS ya ha sido derrotado. Sin embargo, asesores políticos y militares del presidente negaron que ISIS haya perdido relevancia militar o que no resurja.

Aun así, el problema de retirar las tropas de Siria no radica únicamente en la lucha contra el Estado Islámico. Retirarse de Siria tendrá serias consecuencias geopolíticas que van más allá de ISIS. Nada demuestra este punto mejor que el letal y genocida ataque con armas químicas perpetrado por el régimen sirio de Bashar Al Assad contra zonas controladas por rebeldes sirios en un suburbio de Damasco. Este monstruoso ataque que gaseó a numerosas familias enteras y asesinó a casi 80 personas, es el resultado de un problema geo-político muy serio.

El ataque químico del régimen sirio fue precedido días antes por un bombardeo ruso en Ghouta oriental que mató más de 1.600 personas y forzó a 120.000 personas a huir de sus hogares. Estos ataques incluyeron bombas napalm que incineraron a decenas de civiles obligando al Ejército Libre Sirio a replegarse.

Ahora los rebeldes controlan muy pocos territorios. Es cuestión de tiempo antes de que el régimen de Assad tome el control total del país. Además de Rusia, estos desarrollos también abrirían la puerta a la expansión de Irán. Esto podría envalentonarlo para continuar sus actividades subversivas en Irak, Yemen y otros lugares de la región. A eso se suma que Turquía, un muy poco confiable miembro de la OTAN, también ha entrado en alianza con Rusia e Irán. Turquía incurrió en la zona de Afrin, para aniquilar militarmente a los kurdos, ya que su presidente Recep Tayip Erdogan teme una insurrección kurda en territorio turco. Pero los kurdos también constituyen la principal fuerza que combate al Estado Islámico. Al verse forzados a resistir a la agresión turca, los combatientes kurdos han dividido su atención y así disminuido la intensidad de la lucha contra ISIS. Si se abandona a la minoría kurda significaría que voluntariamente EE.UU. estaría renunciando a un aliado no solo contra ISIS sino también contra la creciente expansión de la alianza rusa-iraní-siria y turca. De hecho, el 4 de abril pasado, tuvo lugar una cumbre entre Rusia, Irán y Turquía para decidir el futuro de Siria. En otras palabras, los carniceros del pueblo sirio también se reunieron a decidir su destino.

Justamente en enero pasado, EE.UU. anunció una política hacia Siria que incluía la expansión de la lucha contra ISIS, contención de la expansión iraní y un plan de estabilización que proporcionaría asistencia humanitaria, económica y política a las zonas que se encuentran bajo control de los rebeldes. Del mismo modo, otro de los objetivos de esta política era deponer a Assad del poder mediante el apoyo a las fuerzas de oposición y eventualmente llevar a cabo elecciones. Esta política tiene mucho sentido porque reduciría el poder iraní, ruso y turco, y al mismo tiempo, propondría una alternativa más libre y democrática para el pueblo sirio.

Si EE.UU. se retracta de esta estrategia y se retira de Siria, mostraría una total falta de firmeza además de insensibilidad frente al sufrimiento humano. Más aun, sería retratado como un socio poco confiable. En resumen, se exhibiría un EE.UU. débil que pone en peligro a sus propios aliados. Por todas estas razones mencionadas, una retirada de Siria sería totalmente inconcebible. Trump debe recapacitar y posponer su decisión por tiempo indeterminado. (*) Alto asesor del Center for Security Policy en Washington DC y profesor adjunto de Sociología y Ciencia Política en Barry University.

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