ACONTECIMIENTO HISTÓRICO

“¡París liberada!”, proclamó Charles De Gaulle hace hoy 75 años

Fin de la opresión nazi; fuerzas de Estados Unidos rodearon la ciudad y entraron con las tropas francesas.

Charles de Gaulle. Foto: AFP
Charles de Gaulle. Foto: AFP

En agosto de 1944, sin esperar a que llegaran los aliados, París se subleva tras cuatro años de ocupación alemana. El 25, después de una semana de huelgas, barricadas y combates callejeros, la capital recibe al general Charles de Gaulle que proclama por fin: “París liberada”.

“París estaba preparada para un gran levantamiento”, contó más tarde Alexandre Parodi, delegado en Francia del general De Gaulle.

El 17 de agosto, los aliados liberan Chartres y Orléans. Cada vez parece más evidente que el estadounidense Dwight D. Eisenhower, que los dirige, ha decidido rodear París en lugar de reconquistarla. Los franceses le obligarán a hacerlo. Entre las dos tendencias -comunistas y gaullistas- que dividen a las Fuerzas Francesas de Interior (FFI), el reto estriba en cuál será la más rápida.

Los representantes del general De Gaulle -Jacques Chaban-Delbas y Alexandre Parodi- intentan, en un primer momento, sofocar la impaciencia de los parisinos. Pero el 18 de agosto, el coronel comunista Henri Rol-Tanguy, jefe de las FFI de Île-de-France, la región parisina, proclama la movilización general.

El 19, sin esperar una orden del gobierno provisional instalado en Argel, Parodi hace un llamado, junto a la resistencia parisina, a la insurrección: “¡Franceses, todos a luchar!”. Los ferrocarriles y los metros entran en huelga y la policía deja de trabajar. Por pequeños grupos, los efectivos de Rol-Tanguy atacan a soldados y vehículos alemanes aislados, y otros ocupan alcaldías, comisarías y oficinas de correos en manos del enemigo.

Combates.

Es el comienzo de una semana enloquecida. En el bando alemán, 16.000 hombres, 80 tanques y unos 60 cañones están, desde el 7 de agosto, bajo el mando del general Dietrich von Choltitz, instalado en el Hôtel Meurice, en la calle Rivoli.

Los combates callejeros, a veces sangrientos, se van extendiendo. Se ve a mujeres, niños y párrocos colaborando en la formación de barricadas improvisadas en las calles de la capital, construidas con vehículos incendiados, tapas de alcantarilla o incluso urinarios públicos arrancados. Desorganizados, los alemanes van siendo confinados poco a poco por las FFI en algunos puntos de la ciudad.

En la calle de Saussaies, la Gestapo, que había implantado allí su oficina central, “quema a toda prisa sus archivos, que no acaban siendo más que pequeños montones humeantes en la vereda”, escribe el corresponsal de la AFP.

Incansable, el cónsul general de Suecia, Raoul Nordling, convence al general Von Choltitz para que acepte un alto el fuego de tres cuartos de hora el 19 de agosto por la noche, reinstaurado un día después. Esta tregua permitirá a la resistencia organizarse y apoderarse del Ayuntamiento de la capital.

Festejo.

El 22 de agosto, Eisenhower cede y el general Philippe Leclerc, que comanda la 2ª División Blindada, recibe por fin la orden de marchar por París. El 23, la 2ª División Blindada va rumbo a Chartres y Rambouillet (al suroeste de París), respaldada por la 4ª División de Infantería estadounidense.

Al día siguiente por la noche, una multitud rebosante de alegría recibe en el Ayuntamiento de París a un destacamento blindado comandado por el capitán Raymond Dronne. Los tanques llevan escritos topónimos de ciudades españolas y van pilotados por republicanos antifranquistas de la 9ª Compañía, la “Nueve”. Llegados para participar en la liberación de Francia, los españoles de la Nueve, muchos de ellos anarquistas, eran 146 cuando desembarcaron en Normandía pero menos de veinte al final de la guerra.

El viernes 25 de agosto por la mañana, los tanques Sherman de Leclerc entran en París en tres columnas por el sur y el oeste, acompañados de las FFI. “¡Llegan los franceses! ¡Aquí están! Bajan por el bulevar de los Inválidos”, gritan los parisinos citados por la AFP.

Rendición alemana: asombro e insultos

A mediodía del 25 de agosto, la bandera de Francia ondea en la Torre Eiffel, donde durante más de 1.500 días hubo una cruz gamada. Los alemanes azorados, aterrorizados, salen de todas partes, con las manos sobre la cabeza, y se encaminan entre insultos, escupitajos y golpes, hacia el cautiverio. En el Hôtel Meurice, Von Choltitz, que había rechazado la orden de Hitler de transformar París en “un campo de ruinas”, se rinde poco después de las 14:30. Una hora más tarde, firma con Leclerc la capitulación.

El general De Gaulle, llegado desde Rambouillet, se dirige hasta el Ayuntamiento, donde rechaza, frente al Consejo Nacional de Resistencia, proclamar una República que, para él, “nunca ha dejado de existir”. Rinde homenaje a “¡París ultrajada! ¡París destrozada! ¡París martirizada! ¡Pero París liberada!”, antes de saludar a la multitud en la plaza.

En total, la “batalla de París” le costó la vida a casi 1.000 miembros de las FFI, 130 soldados de la 2ª División Blindada y unos 600 civiles, así como a más de 3.000 soldados alemanes.

La AFP nace en operación comando
Agencia France Press. Foto: Wikimedia

El 20 de agosto de 1944, cinco días antes de la liberación de París, un grupo de ocho resistentes ocupa la Oficina Francesa de Información (OFI), creada por el régimen de Vichy, y lanza la AFP (Agence France Presse) en el número 13 de la Plaza de la Bolsa, decrépito edificio de la antigua Agencia Havas. “Se había convertido en una agencia de propaganda alemana”, recordará más tarde Gilles Martinet,

El grupo está integrado por antiguos redactores de Havas: Martial Bourgeon, Pierre Courtade, Max Olivier, Jean Lagrange, Vincent Latève, Basile Tesselin, a los que se une Claude Roussel.

Hace un calor agobiante, las calles están vacías. Se oyen disparos. El pequeño comando, acompañado de dos guardianes de la paz -los únicos que están armados- enviados por el Comité parisino de la Liberación, llega hasta la escalera del edificio y, desde ahí, a la sala de redacción. Diez cabezas se giran hacia ellos, atónitas.

“Que nadie se mueva, que nadie salga... A partir de ahora, ustedes trabajarán para Francia, en lugar de para los alemanes”, exclama Martial Bourgeon. Llevan al censor alemán al sótano y lo encierran. Se reparten responsabilidades: Bourgeon toma las riendas y Martinet se convierte en su redactor jefe. Contactan con los equipos de los diarios clandestinos: “Combat”, “Défense de la France”, “Le Parisien Libéré”, “L’Humanité”.

A las 11:30, se publica la primera nota: “Los primeros diarios libres aparecerán. La Agencia francesa de prensa les envía su primer servicio...”. Hasta el fin de los combates, los despachos se realizan con unas duplicadoras rudimentarias y son distribuidos por ciclistas entre los diarios y los centros de mando de la Resistencia. Reciben apoyo de periodistas franceses en el exterior.

El equipo de la plaza de la Bolsa gana volumen. Duermen allí mismo, recurriendo para alimentarse a las reservas del Caneton, un restaurante cercano que había servido de comedor para los oficiales alemanes.

Los reporteros recorren en bici los alrededores de París, para encontrarse con las tropas aliadas y de la 2ª División Blindada. En la prefectura, Basile Tesselin ordena instalar un teléfono directo en el cuarto de baño del apartamento del prefecto. Será él el primero que anuncie, el 25, la entrada en París del general Leclerc.

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