Néstor Kirchner, un peronista progresista de 53 años, instó ayer a los argentinos a soñar con la justicia social, reconstruir políticas de Estado, luchar contra la corrupción y no pagar la deuda a costa del hambre del pueblo, al asumir la presidencia de un país que emerge de su peor crisis.
"Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad y la justicia, el de volver a tener una Argentina con todos y para todos", sentenció ante la Asamblea Legislativa tras recibir los atributos del mando del saliente Eduardo Duhalde, otro peronista y su padrino en la carrera hacia el poder.
Kirchner, ex gobernador de la despoblada y remota provincia patagónica de Santa Cruz, asumió el cargo a las 14:55 locales con mandato hasta 2007, durante una ceremonia ante la Asamblea Legislativa en el Congreso, en presencia de 13 jefes de Estado latinoamericanos, entre ellos el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, el venezolano Hugo Chávez y el cubano Fidel Castro.
"No somos el proyecto del default (moratoria). Pero tampoco podemos pagar a costa de postergar la educación y la salud de los hijos de los argentinos. Creciendo nuestra economía, crecerá nuestra capacidad de pago de la deuda", de 121.000 millones de dólares, casi la mitad de la cual está en mora, indicó.
Ovacionado varias veces durante su discurso, Kirchner defendió el equilibrio fiscal, reafirmó la demanda de soberanía sobre las Islas Malvinas en poder de Gran Bretaña, reivindicó la alianza estratégica del Mercosur y rechazó los liderazgos mesiánicos.
El ex gobernador de Santa Cruz (sur) anticipó una "una relación seria, amplia y madura con Estados Unidos y con la Unión Europea (UE)" y defendió la obra pública como motor de la economía, con la promesa de recuperar el papel central del Estado al contrario del liberalismo hegemónico en el país en los años 90.
Después de asumir, el nuevo jefe de Estado cumplió el tradicional recorrido de 1,5 kilómetro en automóvil hasta la Casa Rosada (gobierno), acompañado por su esposa, la senadora Cristina de Kirchner, 50 años, y sus hijos Florencia (13) y Máximo (26).
El mandatario sufrió un leve accidente cuando bajó del vehículo y se dirigió hacia sus partidarios que se agolpaban detrás de las vallas metálicas, rompiendo el protocolo.
Tras ser abrazado y besado, Kirchner emergió de la multitud con una herida sangrante en la frente, que se secaba con un pañuelo, y el ojo derecho entrecerrado.
El mandatario tomó después el juramento al Gabinete en el lujoso Salón Blanco, mientras se concentraban en la histórica Plaza de Mayo millares de manifestantes, en una fría y soleada jornada del otoño austral.
Kirchner, su mujer, su hija y el vicepresidente Daniel Scioli saludaron con los brazos en alto a la multitud desde el histórico balcón de la Casa Rosada, a la manera que popularizaron el mítico fundador del justicialismo, el extinto ex presidente Juan Perón y su esposa Evita.
Sobresalen en el elenco de colaboradores, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien estabilizó indicadores fundamentales en el último año, y el canciller, Rafael Bielsa, un constitucionalista de centroizquierda que luchó contra la corrupción en la Justicia.
"Habrá traje a rayas (de presidiario) para los evasores fiscales", declaró en su discurso de posesión el flamante mandatario que asumió con la promesa de enfrentar una pesada herencia de pobreza que castiga a 20 de los 36 millones de argentinos.
El saliente Duhalde, que gobernó una transición desde el 1 de enero de 2002, le entregó los atributos del mando, el bastón, que Kirchner blandió en gesto triunfal, y la banda presidencial color celeste y blanca, como la bandera del país.